En el mar habitan 230 mil especies distintas, según el mayor censo en los océanos hecho hasta ahora

Entre los hallazgos hay un pulpo de tiempos primitivos, caracoles marinos que parecen hadas, enormes organismos unicelulares y caracoles especialmente resistentes al calor

En ningún otro lugar viven tantos animales marinos como alrededor de Japón y Australia. En las dos zonas marítimas, respectivamente, aparecen alrededor de 33.000 especies distintas, informaron investigadores del hasta ahora mayor censo en los mares, el censo de Marine Life.

El censo alcanzará su punto máximo a principios de octubre, aunque ya se pueden leer gran parte de los resultados en la revista científica PloS One.

Entre los hallazgos hay hasta ahora un pulpo de tiempos primitivos, caracoles marinos que parecen hadas, enormes organismos unicelulares y caracoles especialmente resistentes al calor. En el censo participan alrededor de 2.000 investigadores de unos 80 países.

Nunca antes fue contestada la pregunta “¿Qué vive en el mar?” de forma tan exhaustiva. Y nunca antes hubo tantos motivos para la preocupación, ya que los humanos están poniendo cada vez más en riesgo esta diversidad.

El mar alrededor de China, el Golfo de México contaminado hace poco por la fuga de petróleo y el mar Mediterráneo también forman parte de los “top 5” de la lista de especies, según informaron los equipos.

ESPECIES MÁS COMUNES
Los peces son los seres vivientes más conocidos de los mares, pero no los más frecuentes. Este papel recae en los crustáceos: gambas, langostas, camarones, krill, bellotas de mar y otros animales de este tipo representan el 19% de las especies.

Moluscos como sepias, almejas y caracoles representan el 17%, y solo después se encuentran los peces, con un 12%. Les siguen los organismos unicelulares, algas, anélidos y otros organismos.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos y el trabajo de ya diez años, el censo está apenas en sus inicios: “Las investigaciones modificarán completamente, sin dudas, las existencias (conocidas)”, explicó el principal autor de la síntesis del censo, Mark Costello, quien trabaja en el laboratorio Leigh Marine de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda.

A principios de octubre, el catálogo de las especies conocidas por los científicos tendrá 230.000 entradas, desde organismos unicelulares hasta la ballena azul. El número de especies de peces probablemente quede en 21.800, según los científicos. Esto, de todas formas, está formulado de forma bastante cauta: por cada especie conocida en el mar, podrían existir otras cuatro.

Esto rige más que para las ballenas o los tiburones, que son especies bastante bien investigadas, para la cantidad apenas abarcable de pequeños caracoles, gusanos, moluscos u organismos unicelulares. Algas, bacterias o virus son directamente inabarcables.

En los océanos viven presumiblemente alrededor de diez millones de distintas especies, según dijo hace poco el profesor Pedro Martínez, director del Instituto de Investigación Senckenberg am Meer, en la ciudad alemana de Wilhelmshaven. Este número es una estimación, pero se cree que sobre todo en las aguas más profundas hay gran diversidad de especies. Incluso a siete kilómetros de profundidad, en aguas bajo cuya presión muchos submarinos terminarían aplastados como latas de Coca-Cola, hay peces.

En el Mediterráneo se pueden ver especialmente muchos peces, moluscos y otros animales que migraron hacia allí. Allí viven más de 600 recién llegados, más del cuatro por ciento de todas las especies en este territorio. Su origen es usualmente el mar Rojo y su puerta de entrada el Canal de Suez.

“El mar está en problemas”, dijo Nancy Hilton del Instituto Smithsonian en Washington, directora del grupo de trabajo sobre los arrecifes. “Sus habitantes no tienen voz ni voto en ningún organismo nacional o internacional, pero sufren y deben ser escuchados”, afirmó.

AMENAZAS A LA VIDA MARINA
La mayor amenaza es la sobrepesca en los mares, conocida en detalle desde hace algunos años y acompañada de advertencias, en general sin consecuencias. La pérdida de hábitats, las especies migrantes, la contaminación, la sobrefertilización, la merma de oxígeno, la basura y la acidación de los mares son otros de los problemas.

La sobrepesca no solo aleja a los peces del sistema, sino que lo modifica. Si se pescan durante décadas enormes cardúmenes de peces, las algas se multiplican. Esto, a la vez, ayuda a las medusas a multiplicarse de forma explosiva y devorarse a todos los demás organismos marinos.

De esta forma, se destruye una convivencia de las especies originalmente estable y variada. A las personas, a la vez, no les quedan para pescar más que medusas, que no tienen ningún valor nutricional.

Los investigadores publicarán los primeros resultados en la revista “PLoS One”. El lunes 4 de octubre se presentarán todas las conclusiones en Londres.