Roberto Baggio: “Admiraba a Barbadillo pero Uribe era fantástico”

Los vio jugar en Italia cuando él se iniciaba, pero admite que la dureza de la liga italiana “los perjudicó”

MIGUEL VILLEGAS

Había nacido en Italia pero era un sudamericano más. Se llama Roberto Baggio, y fue el último gran volante-delantero del fútbol de ese país. Ni siquiera tuvo que ganar un Mundial para que le dijeran ‘Il Divino’. Ese hombre ahora habla de Vargas y de Farfán, recuerda a Uribe y Barbadillo y define claramente a Messi: “Es el Baggio de hoy”.

Era Maradona al revés. Si Diego era un hombre de izquierda, él apostaba por otro tipo de política. Todo lo que hizo el argentino con la zurda, lo hizo Roberto Baggio con el otro perfil. Ni siquiera necesitó ganar un Mundial para que le dijeran, en otras palabras, dios. Para los italianos, Roberto Baggio fue siempre ‘Il Divino’. Fue un talentoso hombre que prefería jugar al fútbol antes que destruirlo. Un sudamericano con pasaporte equivocado. “Sí, puede ser”, dice él. Tres mundiales, un Balón de Oro, 453 partidos de Liga y 205 goles después, el último ‘10’ italiano está en Lima y acepta conversar con El Comercio.

Hay una falta de cortesía evidente en quienes lo rodeamos aquí, en el local miraflorino de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): nadie lo ve a los ojos, todos le miramos los pies. Baggio sonríe porque entiende. El hombre por el que Madonna compuso “Causing a commotion” (“Causando una conmoción”) está acostumbrado a los honores.

Ya habló del peruano Vargas, el crack del equipo del que es hincha, pero dirá más. Ya estuvo en Cusco y se puso la camiseta del Cienciano. Ya recordó que alguna vez le dijo que no al Barcelona. Ya está pensando, seguramente, por esa pregunta que le hacen siempre: ¿Se puede vivir después de fallar un penal en una final de Copa del Mundo, sobre todo si eres especialista en patearlos? Baggio ha cumplido 44 años en febrero; entonces, se puede. Aunque él no va a decirlo, esa tarde de 1994 en Los Ángeles algo salió mal. Pero no fue él, crack de cracks. Alguien le entregó el botín equivocado, alguien le hizo mal la pedicure.

Nunca vino al Perú como futbolista, para nosotros era un jugador del cable. Pero lo han tratado como un crack de toda la vida. ¿Con qué idea se va del Perú mañana?
Pues, sí, me ha sorprendido. He venido para una labor mucho más importante que el fútbol, por lo menos ahora, que es la lucha contra la pobreza. Soy representante de la FAO y de la Comunidad Europea, estoy viendo los proyectos en el Cusco y tratando de impulsarlos. Ese es mi trabajo. Mi tiempo se va ahí y casi no he tenido tiempo de almorzar, je.

Vi un video en el que probó comida típica peruana, que hoy es un ‘boom’. ¿Le gustó?
Comí cuy… Es una gran experiencia… de vida. Las personas te hacen conocer sus valores con sus sabores. Me sentí muy contento en el Cusco.

¿Volvería a probarlo?
Mmmm… preferiría otra cosa, je.

Cuando usted empezaba a jugar al fútbol, en los ochenta, la selección peruana tenía dos figuras en el fútbol italiano: Barbadillo y Uribe. ¿Los conoció?
Yo los vi jugar en Italia a los dos cuando me iniciaba, sí. Era el tiempo en que llegaban los primeros extranjeros a Italia. Barbadillo jugaba en Avellino, luego en Udinese. Yo guardaba gran admiración por él. Y Uribe… fue un jugador fantástico. Tenía un talento increíble que no pudo brindar al 100%. Creo que el fútbol italiano es muy duro, muy físico. Eso los perjudicó.

¿Juan Manuel Vargas tiene cosas de Maldini o es una exageración de los peruanos y de algunos medios?
No, para nada. No es una exageración por lo que he visto en los últimos años. Él ha demostrado grandes cualidades cuando está bien. Sé que tuvo problemas de lesiones y en Italia, cuando no estás al 100% es muy difícil. No juega en cualquier equipo Juan Manuel Vargas, juega en Fiorentina, que es mi equipo, je.

Vargas ha dicho que cuando era niño y se jugaba el Mundial 94, quería pegarle como Baggio a los tiros libres.
Bueno, muchas gracias. Ahora yo estoy viejo y me toca admirarlo a él. Vargas es un grandísimo jugador.

Jefferson Farfán es otro de los jugadores peruanos que destaca en Europa. ¿Le parece que podría triunfar en la Juventus o el Milán, clubes que usted conoce?
No lo sé. Yo cuando salí de Italia no lo escuché. El italiano es un campeonato distinto al holandés, al alemán, al inglés. Pero de que tiene todas las condiciones, las tiene.

El budismo es muy importante en su vida. ¿Le parece que es mejor persona después de conocerlo, de practicarlo?
Sí. Es una parte fundamental para mí, muy profunda, parte de toda mi vida. Como persona ahora me conozco mejor y eso me permite conocer mejor a las personas. O mejor, ahora sí puedo ayudarlas más.

Ahora que se conoce mejor, ¿ya sabe en qué lugar de la historia del fútbol está Roberto Baggio?
Nooo. Eso no es importante, je. Y la verdad es que no lo sé. Creo que no es todo el fútbol; fue mi profesión, claro, pero no es todo. Más importantes son los valores, los principios. Además, el fútbol no es para siempre, mírame, je. No sé si estoy en el ránking de los mejores jugadores, no lo sé.

¿La religión lo ayudó a dormir mejor después del penal fallado en Estados Unidos 94?
No, eso no me va a pasar nunca y no lo voy a superar. Sufrí, pero la vida tiene que seguir adelante. Los comerciales de TV que grabé (para Johnnie Walker) me ayudaron, digamos, a superarlo. La vida sigue. No acaba con el fútbol.

Usted fue un revolucionario, un hombre que rompió el molde del ‘catenaccio’, que privilegia la rudeza al talento. ¿Quién le parece que es el Roberto Baggio de hoy?
Hay muchos jugadores talentosos. El primero que se me viene a la mente es Messi. Y eso significa que hoy ha vuelto a imponerse la táctica. Cuando yo era jugador, primaba mucho la estrategia; hoy, ya no. Y eso me alegra mucho.

Es la corriente del Barcelona de Guardiola, ¿no? ¿Le sorprende lo que ha generado Pep, su amigo?
No es una sorpresa para mí. Siempre fue un líder [N. de R.: Ambos compartieron vestuario en el Brescia, hasta el retiro de Il Codino]. Cuando jugaba era muy estudioso del fútbol, llevaba cursos de entrenador. Lo que puede ser más sorprendente es que logró hacer todo esto, construir este Barcelona, muy joven, nada más. Lo único. Guardiola no duerme pensando en cómo su equipo puede hacer más goles. Yo lo conozco.