Ángel Comizzo, el arquero rebelde que encabezó la revuelta de la 'U' campeón

La filosofía del técnico del Universitario campeón 2013 se hizo patente desde el primer momento. Si logró algo, es porque fue capaz de soñarlo

Ángel Comizzo, el arquero rebelde que encabezó la revuelta de la 'U' campeón

ÁNGEL HUGO PILARES @angelhugo

Ángel Comizzo recuerda cuando tenía el pelo largo. Los entrecomillados de esta nota proceden de una entrevista vieja. Muchos años antes de que siquiera pensara en que viviría en Perú. Pero parece que fueran de hoy. O de ayer, tras levantar la copa. “¿Vos contratarías un arquero de 40 años para que regrese a River?”, le pregunta él a la reportera. “No”, responde ella. “Siempre fui un rebelde”, replica el golero que llegó al equipo millonario con cuatro décadas encima por un llamado del ‘Pelado’ Díaz. El técnico campeón del fútbol peruano siempre quiso que su ‘U’ fuera como él.

Los jugadores de la ‘U’ han actuado con la misma rebeldía. La revuelta de la crema en el campeonato ha sido parte de su identidad. Ayer, en la final, antes de que los abrazos acabaran con la angustia, cuando las piernas se deshacían por el cansancio, el equipo decidió seguir jugando al fútbol aun al borde del infarto.

Es la misma terquedad que hizo que se quede cuando los críticos andaban cuestionando su nombre. Que no ha tenido grandes experiencias en el banquillo. Que nunca ha sido campeón como entrenador. Que fue el tercer arquero de Argentina en un Mundial al que originalmente fueron dos. Ese fue el mismo impulso que hizo que encarara a la Trinchera Norte cuando esta fue al Monumental para “hablar con el equipo”, ese eufemismo que utilizan los barristas para decir que van a tomar del cuello a los jugadores y a exigirles un triunfo.

Eso ocurrió justo después de caer goleados ante Cristal. Los hinchas responsabilizaban del resultado a dos jugadores: Christofer Gonzales y Alexi Gómez habían sido suspendidos por el DT a causa de una indisciplina y su ausencia se sintió. Aunque no hay detalles del todo claros, las voces del vestuario dicen que ese día Comizzo defendió a sus dirigidos, incluso a uno de esos hijos pródigos con los que ganó el título.

En esa entrevista vieja a la que apenas llegamos por YouTube, se hace patente la filosofía Comizzo:

1. “Me gustan los arqueros que están vivos”. Comizzo se refiere a los que gritan, a los que se visten raro. A los que son dueños de la cancha (no solo del área). Eso último fue lo que le enseñó a José Carvallo, genio y figura del ‘play off’ en Huancayo. Héroe de una campaña en la que fue el que siempre jugó puntos arriba que el resto.

2. Comizzo se arriesga, como cuando era arquero de River e intentó sombrearle un balón a un rival. “Le quedó en el pecho y casi fue gol”. O como cuando casi le saca la cabeza a otro jugador atajando en México (que fue un exceso por el que tuvo que pagar). Como ayer, en Huancayo, cuando fue a reclamarle a Gambetta y terminó expulsado.

3. Pero al final levanta la copa, llora junto a un niño discapacitado, abraza a su hijo, se toma una foto en la que aparecen sus jugadores como si fueran su sangre. Total, él ya lo había dicho en esa vieja entrevista, muchos años antes de que siquiera pensara en llegar a Perú para convertirse en el técnico del equipo campeón en el centenario de Lolo. “Lo logré porque fui capaz de soñarlo”.