"Necesitamos un proyecto de mínimo 4 años", por Mario Fernández

Una mirada al futuro del equipo de Pablo Bengoechea luego de sus pobres partidos amistosos frente a Chile y Guatemala  

"Necesitamos un proyecto de mínimo 4 años", por Mario Fernández

(Foto: El Comercio)

MARIO FERNÁNDEZ

Los problemas del fútbol peruano son varios. El primero es la escasa base de los clubes, su total precariedad. No invierten, no forman, no generan. En la FPF, Manuel Burga carece de liderazgo para exigir instituciones antes que clubcitos y cada 4 años les da mayor vida a los informales en el sistema: su junta directiva se completa con dirigentes poco preparados, sin capacidad de gestión. A Burga le sirven porque le dan su voto, pero al circuito formal poco o nada.

La selección es el resultado de toda esa incapacidad dirigencial. Terminado el ciclo Markarián, no se ha elegido a un entrenador de mayor cartel que Sergio, sino a un ex asistente. ¿Un Bengoechea con contrato de 15 meses y sin propósito real de renovar las posiciones de Vargas y Cruzado es lo que realmente necesitamos? ¿No es más lógico ir a la Copa América 2015 con el técnico que finalmente nos entrenará en las Eliminatorias? Llamar ‘continuidad' al ciclo Bengoechea es resignarse al método informal de Burga. Es como decir “en lugar de un entrenador ya testeado tengamos a cualquier referencia que nos recuerde a Markarián”. No importa si es su asistente o su preparador de arqueros. No importa si es un principiante. Que Pinto esté en Lima acentúa el contraste. Podrían criticarse ciertas ganas excesivas de tomar el buzo o el sentido de oportunidad de sus declaraciones, pero de ningún modo su currículo. Jorge Luis está más cerca de calificar como entrenador de una selección que Pablo. El colombiano tiene otras contras que serán motivo de alguna columna posterior, pero se trata de un profesional bastante mejor posicionado que el uruguayo.

Como sea, antes que un nombre propio, la selección requiere un proyecto de mínimo 4 años –no de 15 meses- y un perfil con experiencia para encarar partidos de alto riesgo como unas Eliminatorias. También necesita de una gerencia que lo apoye en el control total de las selecciones nacionales y unos plazos mucho más lógicos que los que Bengoechea, por necesidad de agradar, ha terminado aceptando. Como escribió Francisco Sanz hace unos días, el problema principal no es el técnico, pero es el problema más a mano que podemos solucionar. El otro, el gigante, el de los clubes informales avalados por Burga tiene, fatalmente, para rato.