Jack Greenwell: El inglés que ganó todo con Perú

Jack Greenwell, el inglés que dirigió a la selección peruana y con la que ganó su primera Copa América en 1939

Jack Greenwell: El inglés que ganó todo con Perú

Jack Greenwell: El inglés que ganó todo con la selección peruana. (Foto: El Comercio)

Hay quien cree que el título de mejor entrenador de la historia del fútbol peruano se disputa entre Didí y Marcos Calderón. Es posible si tomamos en cuenta los últimos 50 años. Sin embargo, si se revisa un período mayor, un inglés es capaz de convertir ese duelo en terna. Un reciente libro del periodista británico Rory Smith, “Mister”, da luces sobre quién tiene la foja de servicios más impresionante con la blanquirroja: Jack Greenwell.

Es probable que el apellido Greenwell no le suene a nada a los hinchas peruanos. El tiempo ha tenido que ver. ¿Quién es capaz de recordar a los entrenadores de la década del 30? El rol mismo del entrenador, en ciertos rincones de Sudamérica –con la excepción del Río de la Plata–, era un tanto incierto, y se le tenía como una suerte de administrador de temperamentos, un preparador con cierta ascendencia en lo que hoy se llama ‘micromanagement’: manejar la interna, elegir titulares, etc. En Inglaterra, donde el fútbol tenía ya 80 años de evolución, el rol era bastante más claro y se acercaba a lo que hoy se entiende por director técnico. Como dice Jonathan Wilson al inicio de “La pirámide invertida”: “No fue hasta los últimos años de 1920 que las tácticas en un sentido moderno empezaron a ser reconocidas y analizadas, pero en una fecha tan temprana como la década de 1870 ya existía una conciencia de que la disposición de los jugadores en la cancha hacía una diferencia significativa en la forma en la que se jugaba el fútbol”.

Lo cierto es que en esa época, hace casi un siglo, una generación de entrenadores británicos dejó las islas para expandir la prédica a todos los confines del orbe. Muchos de ellos son nombres olvidados o de biografía oscura, pero su legado les ha sobrevivido. Los más notables son tres: William Garbutt, quien antes de la Primera Guerra Mundial dirigió al Génova y creó el fútbol italiano moderno; Jimmy Hogan, uno de los responsables del ‘fútbol total’ como concepto y de la poderosa Hungría de los años 50 (los ‘Mágicos Magiares’); y Jack Greenwell, entrenador del Barcelona en dos ocasiones (la primera de ellas por siete temporadas consecutivas), quien luego de pasar por el Español y al Valencia aterrizó en Sudamérica, donde se convirtió en el técnico más exitoso de nuestra historia.

Al mando de Perú, Greenwell logró ganar los dos torneos en los que compitió: los Juegos Bolivarianos de 1938 y el Campeonato Sudamericano –que luego se llamaría Copa América– de 1939. Lo hizo, además, con un récord irrepetible: ganó todos los partidos, 8 triunfos en 8 cotejos. En el primer torneo, celebrado en Bogotá, superó a Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela; mientras que en el segundo certamen, disputado en Lima, doblegó a Ecuador, Chile, Paraguay y a la potencia mundial del momento: Uruguay. ¿Es posible que un equipo peruano vaya a estar siquiera cerca de repetir esta seguidilla de victorias?

Rory Smith, en su esbozo biográfico (“Mister”, 2016), añade un dato que ayuda a reavivar el debate en torno a la selección peruana de fútbol durante los Juegos Olímpicos de Berlín 36. De acuerdo con el testimonio de la hija de Jack Greenwell, Carmen, su padre fue el asesor táctico de ese conjunto durante los Juegos, aunque esta participación no figure en los registros oficiales del Comité Olímpico Internacional ni su aporte esté reseñado por la prensa peruana. Smith tiene algunas dudas sobre el itinerario que pudo seguir en una época que empezaba a oscurecerse por la neblina de la guerra; de hecho, ante la pregunta formal el periodista inglés contesta que no está 100% seguro de que Greenwell haya asesorado a Alberto Denegri, el técnico oficial. Carmen, sin embargo, asegura tener una foto de su padre con la delegación peruana y recuerda, además, su cólera por el pedido de repetición del partido ante Austria cuando regresó a Inglaterra. Si esto fuera cierto, explicaría dos cosas: por qué fue contratado por Perú dos años después y, a su vez, el extraordinario desempeño de la blanquirroja en los años en los que él participó, en 1936, 1938 y 1939, mas no en 1935, 1937 y 1941, cuando Perú fue dirigido por otros entrenadores.

— Esto último resulta extraño —

Perú organiza el Sudamericano de 1935 para celebrar los 400 años de la fundación de Lima, pero solo puede vencer a Chile en el viejo Estadio Nacional. Esta copa clasificaba a Berlín 36, pero Uruguay y Argentina, por ser equipos integrados por jugadores profesionales, son dejados de lado a pesar de obtener los dos primeros puestos, lo que permite que Lolo Fernández y Alejandro Villanueva viajen a Alemania. En 1937, Perú quedó colero en el Sudamericano de Buenos Aires con tres derrotas, un empate y un solo triunfo. Los malos resultados se repetirían en 1941, cuando el Sudamericano se disputó en Santiago de Chile y Perú sumó tres derrotas y una sola victoria. En el fútbol no existen causas únicas y los factores que explican un hecho son múltiples. Sin embargo, es difícil entender que la generación dorada de cracks locales tuviera un rendimiento tan disparejo cuando fueron entrenados por Telmo Carbajo, Alberto Denegri y el español Domingo Arrillaga y, en cambio, fuera un combinado invicto y bicampeón cuando estuvo en las manos de Greenwell.

En “Mister”, Carmen ofrece un comentario adicional que explica por qué el británico decidió viajar a Colombia en vez de quedarse en el Perú, país donde además había sacado campeón, en paralelo, a la ‘U’. Según ella, “su padre se veía forzado a hacer redadas en los bares de Lima y Callao en busca de sus jugadores, y les trataba de urgir a que vayan a casa y tengan algún descanso antes de los partidos”. El comentario es de Smith: “Para un entrenador que veía en la aptitud física una parte crucial del juego y que demandaba un ritmo intenso de sus equipos, la negativa de mantenerse en la mejor condición posible fue una fuente constante de frustraciones”. Como se ve, muchos de los vicios de los futbolistas actuales tienen origen en la tradición.

Greenwell falleció en Bogotá por culpa de un ataque al corazón. En el camino dejaría una vitrina llena de trofeos, entre los que destacan 3 Copas del Rey en España y 6 campeonatos de Cataluña. Su triunfo más importante, sin embargo, se mantiene como un hito hasta hoy y es resaltado, de manera simbólica, por una placa conmemorativa en una pared de Crook, su ciudad natal: es el único entrenador europeo en ganar la Copa América y, por si fuera poco, lo hizo con Perú.

Gracias, míster.

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