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"Farfán y una convocatoria a la nostalgia", por Mario Fernández

Una mirada crítica al llamado de Jefferson Farfán a la selección peruana y todo lo que representa para el proceso de Ricardo Gareca

Jefferson Farfán y un llamado a la nostalgia

"Jefferson Farfán se ganó su vuelta a la selección peruana porque en algunos existe la esperanza de que sea el mismo fue antes de su lesión", dice Mario Fernández.

"Jefferson Farfán se ganó su vuelta a la selección peruana porque en algunos existe la esperanza de que sea el mismo que fue antes de su lesión", dice Mario Fernández.

El Comercio

Lo llamaron por lo que fue, no por lo que es. Jefferson Farfán se ganó su vuelta a la citación porque en algunos existe la esperanza de que sea el mismo que fue antes de su lesión, aquel del golazo a Chile en Lima en 2013. La realidad, sin embargo, aún no tiene evidencias de que hoy juegue a ese nivel. En Rusia ha alternado regulares y malas, y la inactividad le está pasando factura. No tiene la potencia de antes, tampoco el gol de sus mejores tiempos y mucho menos la continuidad que un citado a la selección peruana debería mostrar.

¿Por qué lo llaman, entonces? La verdad, por cábala, por pálpito, por cierto culto a la nostalgia. Farfán vuelve porque, ante la ausencia de Paolo y el estrés de la recta final, desde el comando técnico se han autoconvencido de la idea de que “el talento no muere” y su clase “pesará en la hora decisiva” (sic). Demás está decir que Gareca está apostando a la suerte y no a la ciencia. También que Ricardo está recurriendo al método Autuori/Markarián, es decir, antepone la supuesta jerarquía que dan los años al presente deportivo, bajo promesa de un éxito deportivo que no necesariamente llegará.

Además, llamándolo ha tirado por tierra la idea de la disciplina. El regreso de Farfán es la vuelta de un tipo de jugador que no querían en Videna y que habían exterminado con la salida de Zambrano y Vargas en mayo del año pasado. Decían que deseaban compromiso y buena letra. No sé cómo un jugador con tanta carga farandulera podría encarnar hoy tales cosas.

Deseo estar en un error, pero el comando técnico de Gareca –lo digo así porque él acuerda todo con Bonillo y Santín – está corriendo un doble riesgo: primero por no privilegiar rendimiento y, segundo, por no privilegiar compromiso.

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