"La bendición de no caer", por Gonzalo Carranza

Se espera un nuevo recorte de proyecciones para finales de este mes, cuando el MEF publique su marco macroeconómico

"La bendición de no caer", por Gonzalo Carranza

La rapidez con que se reconstruya la infraestructura dañada será clave para determinar el comportamiento del PBI este año. (Foto: El Comercio)

Gonzalo Carranza

"Es meritorio que sigamos creciendo. Hemos tenido choque tras choque”, le dijo la semana pasada a El Comercio el economista jefe de Apoyo Consultoría, Hugo Santa María. La firma recortó su proyección de crecimiento del PBI de este año a entre 2% y 2,5%.


Seguramente tendremos otro recorte de proyecciones pronto, cuando a finales de este mes el Ministerio de Economía y Finanzas publique su marco macroeconómico multianual 2018-2020. La proyección oficial era de 4,8%, pero cuando el Gobierno lanzó el plan de estímulo económico ya se hablaba de un 3,8% “si no hacemos nada”. Queda por ver cuán importante será el ajuste y cuáles son las expectativas sobre el estímulo y la reconstrucción. 

Es sabiduría convencional desdeñar un crecimiento del PBI por debajo del 4%. En una economía como la peruana, cualquier cifra inferior sirve de poco para absorber la nueva fuerza laboral y mantener el impulso de la reducción de la pobreza. Sin embargo, siguiendo la lógica de Santa María, después de haber sufrido una brutal caída de los términos de intercambio, un presidente poco afín a la inversión privada como Ollanta Humala, un tormentoso proceso electoral y ahora un desastre natural, es un mérito seguir con cifras positivas.

En dos investigaciones publicadas en el 2016 y reseñadas la semana pasada por “The Economist”, los economistas Stephen Broadberry de Oxford y John Wallis de la Universidad de Maryland argumentan que lo importante en los episodios de gran crecimiento de largo plazo de los países, no es tanto incrementar la tasa de subida de períodos puntuales, sino reducir la frecuencia y la magnitud de las caídas. Le asignan al orden institucional un rol prominente en ese logro. 

Algo de ese camino hemos recorrido en el Perú. Gracias a la institucionalidad del BCR y al MEF, la política económica ya no exacerba las crisis e, incluso, intenta ser contracíclica. Pero así como malos arreglos institucionales condujeron a guerras y revoluciones que hundieron a tantos países en recesiones largas e intensas, en el Perú la corrupción y la búsqueda de rentas podrían ser lastres permanentes, y no solo choques ocasionados por casos puntuales. Ataquemos ese frente mientras sigamos en la bendita situación de no caer.


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