James Valenzuela: Resemin ya está en los cinco continentes

La compañía peruana Resemin, especialista en maquinaria para minas bajo tierra, entró a Rusia y Kazajstán hace unas semanas

James Valenzuela: Resemin ya está en los cinco continentes

“Es un reconocimiento a la ingeniería peruana, a que en el Perú se pueden fabricar máquinas complejas que se suponía solo se podían hacer en países desarrollados”, dice Valenzuela sobre el premio LEC. (Foto: El Comercio)

James Valenzuela pasó su infancia en el campamento minero de Toquepala-Tacna. Por las noches, el ahora empresario y gran ganador de los Premios LEC 2017 se pasaba horas mirando el cielo y preguntándose sobre el origen del universo. Su constante inquietud por este tipo de temas lo hacía, sin duda, distinto a los demás niños. En aquella época, el líder de Resemin –empresa especializada en el diseño, fabricación y comercialización de equipos de perforación para minería subterránea– devoraba las enciclopedias que su padre, empleado de contabilidad de una minera, le regalaba.

 

Para él, leer era la manera de descubrir el mundo y mirar más allá de la villa donde vivía. Por ello, desarrolló un especial interés en distintos ámbitos como historia, geografía, física, astronomía, pintura, literatura y música clásica. Llegado el momento de ingresar a la universidad, su temprano acercamiento al sector lo llevó a estudiar Ingeniería de Minas en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Su ambición por conocer el mundo lo hizo convertirse en empresario.

—¿Cuáles han sido sus espacios de aprendizaje?
El primer espacio, sin duda, fue en casa. Mi padre se enfocó en mi educación, alentando mi interés por aprender, y yo disfruté de ello. También le debo a mi padre la afición y el gusto por la música clásica. De mi madre siempre admiré su tenacidad por el trabajo.

—¿Y en cuanto a educación formal?
Cuando estaba en cuarto año de primaria presioné a mis padres para salir de Toquepala. Creía que estudiar la secundaria en Arequipa era un paso adelante. Así llegué al colegio San José. La formación jesuita también me marcó, sobre todo por la fuerte carga espiritual del sacrificio y el valor de la integridad por encima de todo. Aprendí aquí el valor de tener el coraje de decir siempre la verdad. 

—¿Qué le aportó la universidad?
En la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) estudié Ingeniería de Minas, lo que me llevó a conocer lo duro del trabajo en este sector. Para mí fue un ‘shock’ que podría desanimar a cualquier persona. Afortunadamente no fue mi caso. Por otro lado, la maestría que hice en ESAN a finales de los 80 fue crucial en mi formación. Entendí cómo funcionan las fuerzas del mercado y la economía. Fue un quiebre con las ideas prejuiciadas que tenía hasta entonces. Creo en la economía del mercado con poca pero importante intervención estatal para evitar abusos. 
 
—Dirige seis empresas ubicadas en el Perú, Argentina, México, Zambia, República del Congo e India. ¿Qué características identifica en sus trabajadores de cada continente?
Hay muchas condiciones en este tipo de trabajo que son muy similares en cualquier continente, sobre todo en las operaciones de una mina. Pero existen diferencias entre los trabajadores de cada país. Por ejemplo, en nuestra planilla en Zambia tenemos alrededor de 810 locales y 35 expatriados entre peruanos y sudafricanos. En India, la proporción es de 154 a 68. El nivel de responsabilidad de los trabajadores es diferente en cada país, producto de su historia y costumbres. Nosotros capacitamos a todos y sin distinción, lo que ha hecho que nuestro negocio sea sostenible.

—¿Qué tan importante es estar en contacto directo con sus competidores y colaboradores?
Mi posición me ha llevado a conocer personalmente a los capitanes de la industria de este mercado. Aunque somos competidores, siempre el respeto mutuo es el estándar de estas relaciones. Para mí es absolutamente importante mantener estos lazos en buenos términos. Con respecto a mis colaboradores, han sido parte esencial en este desempeño y me apoyo en su calidad y lealtad, por lo que es vital mantenerme en contacto con ellos continuamente. Son ellos los que desarrollan todas las ideas que llevo a cada viaje y responden con soluciones a las necesidades de nuestros clientes.

—Con respecto a sus clientes, ¿qué tanta confianza se necesita para hacer negocios con alguien? 
Lo primero es la persona, la química. Por decirlo de algún modo, a uno no le imponen a sus amigos o a su pareja. Yo tomé la decisión en ambos casos. Es igual para los negocios. Yasser Arafat decía: “Con mis enemigos hago la paz, con mis amigos hago negocios”. 

—¿Qué aspectos le dan una señal negativa sobre alguien?
Que sea una persona que se ufana de lo que es y de lo que ha hecho. No confío en las personas que mienten, que no tienen compromiso con lo que hacen y que hayan sido desleales. 

—Hablaba de sus viajes. ¿Cuánto tiempo pasa fuera?
Estoy de viaje un promedio de 120 días al año. Además de visitar los países que mencionabas, debo visitar también a nuestros principales proveedores en Europa y Estados Unidos. Ellos son nuestros socios porque cooperamos para mejorar e innovar su tecnología, que al final incorporamos en nuestras máquinas jumbo. También debo viajar para abrir nuevos mercados y presentar distribuidores. Hace pocos días ingresamos a Rusia y Kazajistán con la venta de nuestras máquinas. El mercado para nuestros jumbos es global. Me parece increíble, pero es la verdad: ya estamos en todos los continentes.

—¿Cómo encuentra el balance con su vida personal si pasa tantos días fuera del país?
Afortunadamente la mayoría de mis viajes los hago con mi esposa Jhuliana, así la experiencia se hace llevadera. Tengo una hija y un hijo, y procuramos viajar juntos por lo menos dos veces al año. Mi familia es mi combustible.

—¿Cómo califica la cultura empresarial de Resemin?
Combato y lidio con la incultura todos los días. Estamos iniciando toda una revisión y optimización de nuestra cultura empresarial, de los valores, de nuestras obligaciones cívicas con la sociedad. Odio la lacra de la corrupción, de la deshonestidad. Son el resultado de la incultura y la falta de educación. Espero que estos valores, principalmente la integridad, permanezcan en la empresa después de mi retiro. 

—Los premios LEC reconocen a las empresas que aportan a la sociedad desde su actividad. ¿Cómo confluyen en su caso el interés empresarial y el interés por el bien común?
Es de gran satisfacción para un empresario cuando ve que ofrece trabajo digno, bien remunerado y bajo un clima laboral óptimo a una gran cantidad de personas. Para mantener ese perfil, la empresa debe ser competitiva y apostar por renovarse continuamente, pues solo así podrá garantizar el empleo de sus trabajadores. Ese es el momento en que el interés de la empresa se fusiona con el interés común. El reto es hacer que ese momento sea permanente.

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