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"Que gane el pragmatismo", por Piero Ghezzi

La diversificación productiva la hace el sector privado. Pero hay cosas que solo el Estado puede hacer, señala Piero Ghezzi

Diversificación productiva

(Foto: Bloomberg)

(Foto: Bloomberg)

Según un estudio de McKinsey, más del 53% del empleo formal del Perú está en riesgo por la automatización. La tecnología genera riesgos y posibilidades. Debemos prepararnos para una mayor incertidumbre, abandonando planteamientos rígidos, evaluando qué funciona, corrigiendo e iterando. Con pragmatismo.

Es bienvenido el anuncio del premier Zavala sobre repotenciar las mesas ejecutivas sectoriales del gobierno anterior, corrigiendo parcialmente el innecesario abandono de la diversificación productiva (DP), sin alternativa coherente.

La contribución más importante de la DP a nuestra economía debe ser, precisamente, la generación de buen empleo. Nuestros motores actuales de crecimiento (minería, agroexportación, pesca industrial) no podrán emplear toda nuestra PEA. Necesitamos todos los motores encendidos. Muchos potenciales (forestal, acuícola, industrias culturales, etc.) han estado estancados. Sin generar las condiciones apropiadas, nunca sabremos si somos competitivos.

El Perú merece esa oportunidad. Por ello, son inexplicables las declaraciones recientes del ministro Olaechea. Dijo que la DP se ha convertido en un mantra, que “poner motores en la economía es como comprar un Caterpillar y esperar que funcione por sí solo”, que la frase encender nuevos motores de la economía es falaz y que los que hablamos de ello somos gente que probablemente no ha preparado ni un sándwich. Aparte de que los ataques ad hominem son innecesarios, proponer que todos los sectores logren su potencial no puede ser falaz. Un Gobierno responsable debe facilitarlo.

Debemos discutir cómo lograr el despegue de más sectores, y el rol del Estado. Las respuestas no pueden ser ideológicas, sino ajustadas a la realidad. Esta muestra que medidas transversales (infraestructura, simplificación administrativa, laboral, etc.) son fundamentales, pero insuficientes. Medidas transversales de simplificación administrativa no bastarán para los sectores forestal o acuícola.

La DP busca identificar y remover cuellos de botella que limitan el crecimiento en todos los sectores. Estos pueden ser una mala norma, su deficiente implementación, un rol que el Estado no cumple o la falta de infraestructura o de transferencia tecnológica.

Para identificarlos y removerlos necesitamos colaboración público-privada. La DP la hace el sector privado. Pero hay cosas que solo el Estado puede hacer. Ningún agroexportador puede gestionar los acuerdos fitosanitarios necesarios para abrir nuevos mercados. Y el sector público a veces necesita información que solo el privado tiene.

Las mesas ejecutivas que Zavala quiere relanzar son un instrumento ya probado ‘made in Peru’ para articular esta colaboración transparentemente. Promueven que las entidades públicas alineen su oferta de bienes y servicios para que los sectores logren su potencial. Requieren un trabajo intenso en el que entidades públicas y privadas comparten información, “aprenden a aprender”, fortaleciéndose. No esperan que el Caterpillar funcione solo.

Otro instrumento para la DP son los CITE. Olaechea dice que no son una varita mágica. Obviamente no, pero el Estado tiene un rol. Teóricamente, nuestras mype (objetivo de los CITE) no deberían tener rezagos tecnológicos; deberían cerrar sus brechas o desaparecer. Pero los tienen: a pesar de años de crecimiento económico, el 99% de las empresas son mype, muchísimas de mínima productividad. Los CITE, que requieren fortalecer su capital humano y que el ITP articule la red, pueden ayudar a cambiar esta realidad. Lamentablemente hubo en el último año gran pérdida de talento, particularmente en el ITP.

En 1978, el Partido Comunista de China migró sus políticas públicas de un enfoque ideológico a uno pragmático. Deng Xiaoping habló de “cruzar el río sintiendo las piedras”. Hubo un enfoque en “buscar la verdad basada en los hechos”. Ese cambio precedió el milagro económico chino de los últimos 40 años, uno de los más impresionantes en la historia de la humanidad.

El ministro Olaechea cree que la DP fue imprudente. Imprudencia sería no hacer nada, acostumbrarnos a crecer 2%, negar las evidencias cuando la calle está tan caliente. Al Perú le fue bien cuando cada gestión construyó sobre la anterior, evitó la inercia y evaluó, mejoró y corrigió. Nos fue mejor cuando fuimos pragmáticos. Como China.

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