La xenofobia crece en Antofagasta, Chile, la capital del cobre

Con la campaña presidencial cada vez más cerca, se teme que la xenofobia se exhacerbe en Antofagasta

La xenofobia crece en Antofagasta, Chile, la capital del cobre

Antofagasta, Chile, crecen los anillos de pobreza por la llegada de inmigrantes.

(Bloomberg) - Antofagasta, la capital de la región más rica en Chile, la nación más rica de América del Sur es un peligro latente. El sentimiento antiinmigrante se puede palpar bajo la superficie cuando llega gente proveniente de Colombia, Perú y Bolivia, mientras los barrios marginales se multiplican alrededor de la ciudad. Con los servicios públicos sobrecargados y la industria local del cobre en medio de una desaceleración, el tema amenaza con ensuciar la campaña para la elección presidencial de noviembre.

 

“El debate se está calentando a medida que nos acercamos a la elección”, dijo Benjamín Cruz, presidente de Colectividad Colombiana, organización que representa a los colombianos que viven en Antofagasta. “Creemos que la violencia racial podría aumentar debido a que algunos políticos usan el mensaje antiinmigrante de una manera manipuladora; no advierten que pueden poner en riesgo vidas humanas”.

Sólo chilenos

El número de visas temporales emitidas por Chile se duplicó en cinco años y superó las 166.000 en 2015. Antofagasta fue la ciudad que emitió la mayor cantidad de visas, con la excepción de la capital del país, Santiago.

En el centro de la ciudad, las antiguas tiendas han cedido su lugar a restaurantes peruanos y peluquerías, salones de belleza y negocios de ropa colombianos. Los parlantes emiten ritmos caribeños como la cumbia y el reggaeton mientras los inmigrantes venden fruta fresca bajo paraguas con los colores de la bandera de Colombia.

Las señales de tensión no son difíciles de hallar. Al menos 30 anuncios en el periódico local El Mercurio de Antofagasta que piden trabajadores o inquilinos especifican que los candidatos deben ser chilenos. “Empresa de seguridad necesita contratar guardias de seguridad. Nacionalidad: únicamente chilenos”, decía un aviso en enero. “Prestigiosa compañía de taxis busca operador de radio para su centro de llamadas en Antofagasta: Requisitos: nacionalidad chilena”, rezaba otro un mes antes. Las ofertas laborales que sí aceptan colombianos suelen no ser lo que parecen.

“A veces, las colombianas son remitidas directamente a prostíbulos cuando responden” porque están asociadas inexorablemente con la prostitución en la mente de los locales, dice Pilar Murillo, una inmigrante colombiana.

Situada en la costa y cercana a algunas de las minas de cobre más grandes del mundo, Antofagasta se ha beneficiado de una década de auge de las materias primas que culminó en 2014. En Jardines del Sur, la parte sur de la ciudad, se han construido casas de dos pisos con jardines y piscinas alrededor de un campo de golf y un club de tenis. En la misma zona, se está levantando un nuevo centro comercial próximo a espaciosos edificios de viviendas.

El producto interno bruto per cápita de la región es de unos US$34.000, en comparación con los US$13.512 en el país en su conjunto. Sin embargo, la región ahora siente las consecuencias de una caída en los precios del cobre. El desempleo en Antofagasta fue el segundo más alto de Chile en los tres meses hasta diciembre: 7,6 por ciento, comparado con 6,1 por ciento del país en su totalidad.

Si bien la presidenta Michelle Bachelet ha insistido en la defensa de las fronteras abiertas de Chile, su gobierno tardó más de un año en presentar un proyecto de ley al Congreso que actualizaría la legislación chilena -de 40 años de antigüedad- sobre migración, reconociendo los derechos de los migrantes y agilizando el congestionado sistema de otorgamiento de visas

Con la demora del gobierno, no hay indicios de que el flujo de inmigrantes se detenga, y hasta podría estar aumentando. La oleada más reciente proviene de Venezuela, que padece una de las recesiones más profundas que el mundo haya visto en tiempos de paz.

“Una parte de la población de Antofagasta no entiende que esta ciudad será diversa y multicultural y que los migrantes han venido para quedarse”, dijo Catalina Rojas, directora de la organización benéfica Servicio Jesuita para Migrantes en Antofagasta. “Siempre ha habido un chivo expiatorio; antes eran trabajadores chilenos del sur, luego, peruanos y bolivianos. Ahora son los colombianos y mañana podrían ser los venezolanos”.

Nota Original: Xenophobia Simmers in World’s Copper Capital as Shantytowns Grow


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