Agroexportación y sector forestal: La historia de dos sectores

Según Piero Ghezzi, las suertes opuestas de estos dos sectores nos dan luces de cómo se debe diversificar

Agroexportación y sector forestal: La historia de dos sectores

Agroexportación y sector forestal. “El sector privado ha crecido y se ha modernizado, pero el sector público no ha mantenido el paso”. (Fotos: Archivo El Comercio)

Piero Ghezzi Solís

En el 2000 nuestras exportaciones agrícolas no tradicionales fueron US$400 millones; y nuestras exportaciones forestales, un poco menos de US$80 millones. El año pasado, las agroexportaciones no tradicionales habían aumentado 11 veces, a casi US$4.400 millones. Pero nuestras exportaciones forestales eran solo US$150 millones y estancadas en los últimos 10 años. 

 

¿Qué explica ese desempeño tan desigual? Ciertamente no las ventajas comparativas latentes de cada sector. Los factores que nos hacen ultracompetitivos en la agroexportación (clima, mano de obra, precio de energía, disponibilidad de tierras, acceso al agua, etcétera) son los mismos que hacen muy prometedor al sector forestal. 
El desempeño desigual lo explica el acompañamiento diferenciado del Estado. En el 2000 se promulgó la Ley de Promoción Agraria y, en paralelo, el Senasa se fortaleció y logró la apertura de nuevos mercados de exportación. El sector forestal estuvo prácticamente abandonado. Las plantaciones forestales recién tuvieron normativa separada en el 2015. Las concesiones forestales han estado sujetas a regulaciones excesivas. Las entidades forestales relevantes ni siquiera coordinaban. 

—Acciones—
Este desempeño desigual resalta la importancia de políticas públicas sectoriales para la diversificación. Es decir, para tener más sectores como la agroexportación. Naturalmente políticas transversales como una buena situación macroeconómica, una mejor educación o el cierre de la brecha de infraestructura son necesarias. Pero claramente no suficientes para lograr nuestro potencial. Por ello, el enfoque transversal para la diversificación del gobierno es, en la práctica, abandonarla. Es esperar que se dé haciendo casi nada.

Mucho de lo transversal tiene, además, ya un componente sectorial. Es claro en la infraestructura. ¿La carretera a Ica no es más útil acaso para el sector agroexportador que para el forestal? ¿Acaso son los proyectos de irrigación transversales?
Políticas sectoriales son, por eso, tanto deseables como inevitables. Hay que hacerlas bien. La experiencia más reciente de la agroexportación es útil. El sector privado ha crecido y se ha modernizado, pero el sector público no ha mantenido el paso. El éxito agroexportador futuro no está garantizado. Es importante mejorar la coordinación público-privada para abrir nuevos mercados, eliminar la mosca de la fruta en el sur, mejorar carreteras y puertos, y optimizar el manejo del agua, entre otros desafíos. 

En general, la convivencia de un Estado del siglo XX con un sector privado del XXI se refleja en dos grandes problemas. Primero, la coordinación público-pública. Las entidades públicas no coordinan entre sí. Esto genera desde duplicidad de trámites hasta serios problemas de implementación y políticas públicas no alineadas. Todo se ha acentuado con la descentralización. Segundo, coordinación público-privada. Para tomar decisiones de políticas públicas, el Estado necesita información que solo los actores empresariales pueden proveer. 

Las mesas ejecutivas pueden ayudar a resolver estos problemas. Establecen una interacción continua ágil e iterativa con el sector privado que permita entenderlo. Y, así, proveer soluciones (transparentes, para el beneficio del país) a sus problemas. Eso no está limitado a reducir trámites. A veces el cuello de botella es efectivamente ese. Pero muchas otras, es gestión y (mala) implementación. Otras, es que la infraestructura pública, los fondos de innovación o los lineamientos de la educación técnica no son adecuados para el sector. 

Las mesas permiten soluciones y logros de corto plazo para los sectores en los que se desarrollan, sin perder el objetivo de largo plazo: aumentar su productividad. Concentrarse solo en una lista desarticulada de medidas sin entender al sector productivo puede ser mediáticamente útil, pero no ayuda a transformar el país. 

Para acceder a la OCDE, el Perú se ha comprometido a avanzar en la diversificación productiva. Lograrlo no está limitado a un plan. Será el resultado de muchas medidas, tal vez pequeñas individualmente, pero que pueden tener más impacto que una gran reforma cuando se suman. Es un trabajo paciente, que requiere tiempo. Un tiempo que excede a una gestión, a un ministerio e incluso a un gobierno. Debería ser el objetivo del país.


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