Resiliencia ante desastres, por Eduardo Morón

Para saber serán los impactos, hay una variable clave: la estrategia financiera de las personas, las empresas y el Estado

Resiliencia ante desastres, por Eduardo Morón

"Es pésimo reponer todo con recursos del Estado porque fomentamos que nadie haga su parte" (Foto: El Comercio).

Eduardo Morón
  • Eduardo Morón
  • Presidente de la Asociación Peruana de Empresas de Seguros

Las lluvias han cedido y ahora podemos calcular con más precisión cuánto nos ha costado la falta de prevención. Mucha gente ha perdido buena parte de su patrimonio y en conjunto la economía ha perdido activos por un valor cercano a los US$5 mil millones según los cálculos que hemos hecho en Apeseg.


Las implicancias de esta cifra son varias. Por un lado, existe la preocupación por el costo fiscal de la atención de la emergencia, así como de la rehabilitación y reconstrucción. Por otro lado, el impacto en el crecimiento en la economía. Y tercero, el impacto individual en personas y empresas. 

Para poder contestar con exactitud cuáles serán los impactos, hay una variable clave: cuál fue la estrategia financiera que tuvieron desplegada personas, empresas y Estado. Esa estrategia financiera debió tomar en cuenta el hecho de que estamos expuestos a una serie de riesgos con distintos niveles de impacto. Siempre digo que ahorrar es útil, pero mucho mejor es combinar el aseguramiento con el ahorro. 

Ahorrar no sirve para atender catástrofes. Ahorrar sirve para atender pequeños gastos de emergencia. No te sirve ahorrar si tu casa se derrumbó o si a tu auto se lo llevó el huaico. No te sirve ahorrar si tus máquinas están para la basura porque se llenaron de lodo. Tampoco es lo más eficiente, hablando financieramente, que el Estado tenga dinero empozado en activos de alta liquidez para afrontar este tipo de situaciones. Entendamos que no todos los eventos tienen igual probabilidad de ocurrencia y por lo tanto la mejor forma de atender el esfuerzo financiero es combinar ahorros (para lo leve, pero frecuente) con aseguramiento (para lo catastrófico, pero infrecuente). 

Una pieza adicional y complementaria que no se debe minimizar son las tareas de mitigación que cada uno puede hacer para reducir el riesgo al que se está expuesto. 
En la medida que la estrategia financiera de personas, empresas y Estado combine ahorros con aseguramiento, estaremos todos mejor. Por un lado, el costo fiscal será menor porque parte de la infraestructura pública estará debidamente asegurada y el costo de financiamiento estará en manos de las compañías de seguros. Por otro lado, la recuperación del crecimiento será mucho más rápida si es que hay quien pague la cuenta de restablecer el patrimonio afectado.

Es pésimo reponer todo con recursos del Estado porque fomentamos que nadie haga su parte. El Estado tampoco tiene una política definida al respecto. Existe un conjunto esencial de la infraestructura pública que tiene un efecto enorme sobre la actividad económica y el Estado debería buscar que esté operativa todo el tiempo, y que cuando se vea afectada por una catástrofe su recuperación sea inmediata. Se requiere priorizar y establecer políticas obligatorias para los tres niveles de gobierno. Los gastos de mitigación y aseguramiento tienen un alto retorno económico, pero no político. 

En el mundo, un tercio de las pérdidas generadas por desastres naturales están debidamente aseguradas. En el Perú, la cifra es más cercana a un 5%. Aplaudamos la solidaridad, pero hagamos lo que nos toca si queremos construir una economía resiliente a los desastres. 


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