Verónika Mendoza en Harvard, por Alfonso de la Torre

La ex candidata realizó una presentación titulada “Entre la ilusión del crecimiento y la desilusión de la política”

Verónika Mendoza en Harvard, por Alfonso de la Torre

La líder de la izquierda reconoce que el Perú no debe seguir los pasos de Venezuela.

Verónika Mendoza estuvo en la Universidad de Harvard el miércoles, en donde realizó una presentación titulada “Entre la ilusión del crecimiento y la desilusión de la política”. La frase refleja en buena cuenta la premisa sobre la que se basa su propuesta económica: El crecimiento del país en los últimos años genera expectativas pero por sí sólo no ha sido suficiente para mejorar la calidad de vida de los peruanos de manera significativa. 

 

Si el crecimiento por sí sólo no basta, entonces se requieren medidas específicas para generar bienestar, y es aquí donde el programa mendocista plantea serias interrogantes. La líder de Nuevo Perú propone universalizar el acceso a la salud, implementar medidas para diversificar la economía y combatir la informalidad. Todos estos son lugares comunes cuyos objetivos dejan poco espacio para el debate: ¿Quién podría oponerse? 

Lo que pasa, sin embargo, es que Mendoza no ha sabido explicar qué haría exactamente al respecto. Por ejemplo, aunque reconoce lo que se avanzó en materia de diversificación productiva bajo Piero Ghezzi (inexplicablemente paralizada por este gobierno, por cierto), la excandidata no consiguió precisar cómo continuaría con la misma en caso de alcanzar la presidencia. ¿Mantendría los lineamentos trazados por Ghezzi o haría cambios, y de ser así, cuáles? La diversificación es necesaria pero también muy complicada, y por cada caso exitoso (Corea del Sur durante la posguerra, por ejemplo) existen tres fracasos (Argentina desde 1950, India hasta 1991 y Egipto hasta 2004 vienen a la mente), por lo que es imperativo tener claro qué se quiere hacer.

Algo similar sucede con la intención de universalizar el acceso a la salud. En un sistema complicado donde Essalud y los seguros privados cubren a los trabajadores formales, y el Seguro Integral de Salud (SIS) ofrece cobertura básica para las personas de menores recursos, universalizar la salud pasa por identificar a aquellos informales que no contribuyen a Essalud pero que no son suficientemente pobres para calificar en el SIS. Cómo es que un gobierno de Nuevo Perú pondría orden en este laberinto institucional es una pregunta abierta.

En el caso de la informalidad, por último, la cosa es más grave. De acuerdo a Mendoza, factores como la rigidez del mercado laboral no juegan un rol en la alta informalidad laboral peruana, pese a que existe importante evidencia al respecto. La contratación informal es una manera en la que las empresas justamente buscan evitar esta rigidez, reteniendo capacidad de despido al no haber contrato formal. Pese a esto, la excandidata presidencial enfatiza que las protecciones contra despido son un derecho laboral, pasando por alto que esas mismas protecciones sólo existen sobre el papel para la gran mayoría que trabaja en condiciones de informalidad.

No todo lo que dijo Mendoza merece una crítica, por cierto. De hecho, cabe destacar dos aspectos bastante positivos en la presentación de ayer. Para empezar, la líder de la izquierda reconoce que el Perú no debe seguir los pasos de Venezuela, donde el despilfarro de las rentas del petróleo bajo Chávez y el controlismo estatista bajo Maduro han creado un crisis que ya no es sólo económica, sino también humanitaria. Asimismo, parece estar abierta a dejar de lado su propuesta de cambio de constitución, quizá uno de los aspectos de su plataforma política que más temores despertó entre los inversionistas el año pasado. En ese sentido, una decisión firme que abandone esta iniciativa podría ayudarla—y a la izquierda en general—a ahuyentar las dudas y temores que genera su probable candidatura en 2021.

En resumen, Verónika Mendoza quizá no sea la candidata ideologizada que muchos temen, pero tampoco llega a tener una propuesta clara y coherente. Sólo el tiempo dictará si puede articular una plataforma de gobierno más concreta en el futuro. Por ahora, lo único que tenemos son buenos deseos, y si hay algo que la experiencia económica peruana demuestra es que los buenos deseos nunca son suficientes.