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Debate sobre legalizar la droga: pros y contras de polémica propuesta

La producción y consumo de drogas en el Perú se asocian a una serie de faltas, delitos y mafias. ¿Es la legalización el fin de estos problemas asociados o simplemente el camino hacia una narco-cracia?

Debate sobre legalizar la droga: pros y contras de polémica propuesta

Por: Tomás Unger

Un tema de debate de capital importancia que resurge periódicamente es la legalización de la droga. Tanto a favor como en contra existen poderosos argumentos. Lo único seguro es que cualquiera de las soluciones propuestas será criticada. Sin embargo, el debate es de gran trascendencia para la salud de la sociedad.

AUTODESTRUCTIVO
Los que abogan por la legalización tienen argumentos difíciles de rebatir. En primer lugar, la lucha contra el narcotráfico –al menos hasta ahora– parece condenada al fracaso. Las propias autoridades encargadas de combatir el tráfico de droga admiten que solo detienen un pequeño porcentaje, y el esfuerzo por detener el narcotráfico es en cierto sentido autodestructivo, pues al subir los precios beneficia a los narcotraficantes.

Otro argumento a favor de la legalización es la criminalidad. Los que defienden este punto de vista dan como ejemplo la ley seca* que prohibió la venta de alcohol en EE.UU. Esta no impidió su venta ni el alcoholismo, pero tuvo consecuencias desastrosas. Las mafias dedicadas al tráfico ilícito del alcohol adquirieron gran poder, corrompieron autoridades y causaron más muertes.

Cuando se legalizó el alcohol, siguió causando daño, pero los recursos, que no habían alcanzado para combatir el crimen, se dedicaron a fines útiles. La criminalidad descendió, se inició el tratamiento de los alcohólicos y desapareció una fuente importante de corrupción. Junto a estos argumentos están los vistos desde un punto de vista clínico.

ANTÍDOTO
Según un sector de científicos –médicos y biólogos–, la drogadicción debe tratarse como un mal epidémico. Sostienen que, si se invirtiera una pequeña parte del dinero gastado en combatir el narcotráfico en la investigación de antídotos, educación de jóvenes y tratamiento de drogadictos, se obtendrían resultados incomparablemente mejores. Tal vez lo más importante: desaparecería el interés de los traficantes por conseguir nuevos clientes. Desaparecería el adicto que, para obtener droga, es reclutado como vendedor y se convierte en criminal.

Además del crimen organizado y la criminalidad producida por la necesidad de dinero para la droga, en el caso de la heroína está el sida. Los drogadictos se están convirtiendo en el grupo más expuesto al sida, debido al uso compartido de agujas hipodérmicas. De legalizarse la droga, desaparecerían las limitaciones que impiden a los drogadictos tomar las precauciones para evitar el contagio.

Una de las drogas más adictivas y dañinas es la pasta básica de cocaína. Subproducto de la refinación del clorhidrato de cocaína, la pasta (crack en EE.UU.) es tal vez la droga de uso más difundido y de más graves consecuencias. Además de inutilizar al adicto para funcionar en la sociedad, la pasta es responsable de gran parte de los asaltos y robos registrados en las zonas metropolitanas de Estados Unidos. Uno de los argumentos para la legalización de la droga es la desaparición de la pasta. Por ser un subproducto del proceso de refinación, la pasta dejaría de existir al desaparecer las cocinas de cocaína. El fabricar pasta sola no es negocio.

INEPTITUD
Aunque los argumentos a favor de la legalización parecen contundentes, no están lejos de la verdad quienes los califican de ser “una admisión de ineptitud”: sería admitir que la sociedad tiene que rendirse y aceptar al drogadicto como miembro legal de la sociedad.

Visto así, tiene peso el argumento de quienes rechazan la legalización. Para ninguna sociedad es deseable aceptar la drogadicción. La legalización de la droga traería como consecuencia la necesidad de clasificar, legislar y administrar estupefacientes en forma permanente. Sin entrar en el campo ético y moral, además de admitir impotencia, la legalización presenta problemas de carácter práctico. Estos son argumentos válidos; sin embargo, quienes sustentan la legalización replican: ¿Cuál es la alternativa?

Una sociedad rica, con ciudadanos bien educados, autoridades bien pagadas y respeto a los valores morales, tal vez pueda ganarle la guerra al narcotráfico. Por ahora todo parece indicar que esta sociedad utópica no existe, que el narcotráfico está ganando la batalla y que los drogadictos van en aumento. Los mismos criminales se encargan de estimular las opiniones opuestas a la legalización, que sería el fin del negocio lucrativo. La decisión no es fácil. Admitir la derrota es humillante y no es halagador resignarse a que la droga sea parte aceptada de nuestra sociedad. Por otro lado, gastar enormes sumas de dinero en una batalla fútil es un cargo de conciencia. Mientras tanto, el incentivo económico hace prosperar al narcotráfico. En mi opinión, la legalización es el menor de los males.

La prohibición o ley seca estuvo vigente desde 1919 hasta 1933.