Idea de negocio: la chía, la semilla del omega 3

Un empresario intenta abrir en el Perú un mercado para esta semilla rica en ácidos grasos esenciales, pero no cuenta con el capital necesario

Idea de negocio: la chía, la semilla del omega 3

Fue hace dos años cuando Yuri Cabezudo Pérez, comunicador social, que tiene más de 10 años de experiencia en el comercio de productos naturales, se fijó en las* propiedades de la chía, una planta originaria de México (muy similar al sacha inchi) cuyas semillas tienen gran contenido de omega 3*.

Pero como la chía era desconocida en el medio y no se tenía mucha información de cómo manejar su cultivo o utilizarla como materia para otros productos, se realizaron diversas pruebas de campo. Cabezudo ha bautizado su idea como Proyecto Omega y espera contribuir con la investigación, producción y desarrollo de la chía en el país.

UN PROYECTO QUE ESPERA SER REALIDAD
La primera prueba fue en un cuarto de hectárea en Huarochirí. Pero a pesar de que hubo buenos resultados, esta es una zona frutícola con demasiados árboles y pocas áreas libres para sembrar. Conocer el manejo de la chía ha sido un largo aprendizaje que aún no termina.

“Las semillas crecen en el sol, no en la sombra. Al inicio las cultivábamos muy abajo en la tierra y no crecían, o las colocábamos muy arriba y se las comían los pájaros, son semillas caras por ser importadas”. Según Cabezudo, en el extranjero las semillas se venden al por mayor, cada kilo cuesta entre US$4 y US$5, pero su valor se duplica al pagar el flete de transporte. “Ya nos hemos contactado con una empresa de México, pero recién podremos recurrir a ellos cuando haya capital y área sobre la cual trabajar”.

Para formalizar su proyecto, hace un año, Cabezudo creó la empresa Ethnovital pero aún no ha tenido movimientos comerciales. Su objetivo, ahora que ya ha culminado su etapa de investigación, es ubicar zonas agrícolas en las que pueda trabajar de la mano de comunidades campesinas.

El convenio con estas comunidades consistirá en capacitaciones, abastecimiento de materia prima, compra de la producción y apoyo en programas que impliquen el uso de la semilla como alimento para sus pobladores. De esta forma el proyecto favorecerá directamente a personas de la base de la pirámide económica como proveedor. Por esta iniciativa fue uno de los proyectos asesorados por el concurso Idea tu Empresa, organizado por Techno Serve, que el año pasado convocó a empresas con ideas inclusivas.

Para mantener el negocio, Cabezudo necesitará al menos una producción de cinco toneladas el primer año. El rendimiento por hectárea es de una tonelada y la siembra tendrá que ser escalonada.

“El mercado está esperando. No estamos sembrando porque no hay capital”, dice Cabezudo. Espera introducir el producto en gimnasios y en supermercados, a través del consumo de la semilla de chía y luego como aceite y harina. Ha comenzado ya colocando sacha inchi en estos lugares y allí espera que se abran las puertas a la chía. A mediano plazo, la venta en el extranjero sería a través de ‘brokers’. Cabezudo sabe que para exportar necesitará un gran volumen. Una empresa del extranjero le dijo: “Compramos pero a partir de dos toneladas, ¿tendrás?”. “Vamos a tener”, respondió.