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¿Por qué el Estado peruano debe invertir en tecnología?

La inversión en innovación y tecnología hizo posible que en 30 años Corea del Sur, cuyos indicadores económicos en 1967 eran muy similares a los de Latinoamérica, sea hoy una potencia mundial

¿Por qué el Estado peruano debe invertir en tecnología?

Por Luis Davelouis Lengua.

La importancia de invertir en innovación y desarrollo tecnológico (I+D) como uno de los pilares imprescindibles del desarrollo (viabilidad) y sostenibilidad económica de un país, se ha convertido de un tiempo a esta parte en un tema recurrente. Países como Finlandia y Corea del Sur son claves para entenderlo.

Sin embargo, y pese a que constantemente se insiste en ello, lo realmente avanzado en el Perú deja mucho que desear. Así es como lo entienden desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) que busca entusiastamente cómo cambiar la situación, hasta organismos internacionales con importantes departamentos especializados en temas de I+D como el BID, la CAF, la Cepal y la propia OECD, pasando por gremios empresariales como la Cámara de Comercio de Lima o la propia Confiep.

CON LAS JUSTAS
Pero ¿por qué o para qué innovar? Como explica el vicepresidente de Estrategias de Desarrollo y Políticas Públicas de la CAF, Michael Penfold, “el sudeste asiático ha cambiado drásticamente su estructura de producción y se ha convertido, de hecho, en el centro manufacturero del mundo; mientras que las economías latinoamericanas permanecen altamente dependientes de recursos naturales y productos agrícolas (…).

Una distribución más equitativa de los ingresos y activos les permitió [a los del sudeste asiático]desarrollar una gran clase media que se convirtió gradualmente en motor de innovación, emprendimiento y consumo doméstico”. ¿No era eso lo que estábamos buscando?

¿Y por qué hacerlo ahora que nos va tan bien con nuestras materias primas? Porque, como dijo el presidente de Confiep, Ricardo Briceño, “tenemos una ventana de oportunidad que no durará más de 10 años o, con suerte, 15 años en la que nuestras materias primas tendrán buenos precios y nuestras arcas buenos ingresos (por el crecimiento de países como China y la India). Para entonces, deberíamos tener avanzado el cambio de nuestro actual modelo económico basado en las exportaciones primarias hacia uno con más valor agregado”.

Hoy (y esperemos que en los próximos años también) concuerdan en el MEF: “si se pasan esos 10 años y no hemos avanzado nada (en I+D) estaremos en serios problemas porque, para entonces, los precios de nuestras materias primas habrán caído significativamente o se habrán agotado y ya no tendremos los recursos para transformar nuestra economía (…); la ventaja que tenemos hoy es que todo está por hacerse y eso es más fácil que modificar lo que está mal hecho”.

Para tener una mejor idea de cuán cerca estamos de ese escenario, piense que hace solo 15 años elegimos por segunda vez al ex presidente Alberto Fujimori, asesinaron a Isaac Rabin y salió al mercado Internet Explorer. ¿Parece ayer, no?

Se suele decir que es responsabilidad de los sectores privado y académico impulsar estos temas; también se suele aceptar que, en efecto, el Estado tiene poco o nada que ver en el asunto, pues –así como el mercado es un tema entre privados– el I+D debe ser abordado fuera del ámbito estatal. Pero eso, en opinión de los entendidos, es una equivocación.

INSTITUCIONALIDAD Y FORMALIZACIÓN
Dos viejas y conocidas carencias en el Perú. Una de las principales conclusiones en cada una de las ponencias y exposiciones del último Taller de Ciencia, Innovación y Tecnología en América Latina organizado en Lima por el MEF, fue que sin un marco institucional más o menos estable no se puede innovar.

¿Por qué? Porque los retornos de invertir en ciencia e innovación toman tiempo. Para que esos esfuerzos sean sostenibles y la inversión vea rendimientos debe haber una infraestructura social que –si bien no debe asegurar esos rendimientos– elimine algunas incertidumbres que, por ejemplo, podrían generar los procesos electorales y los cambios de políticas públicas, según sostiene el jefe de la división de desarrollo productivo y empresarial de la Cepal, Mario Cimoli.

En buen cristiano, las políticas de innovación deben ser incorporadas por la sociedad a nivel institucional y eso es imposible de lograr sin el concurso del Estado. Para Cimoli, el Gobierno adquiere un rol mucho más importante en economías con recursos primarios como el Perú, pues corresponde a este “construir el entorno para que funcione el desarrollo y la innovación”.

La institucionalidad solo puede construirse basada en consensos y políticas públicas ad hoc que impulsen la identificación de la población con el Estado y sus decisiones. Solo entonces, como explica la jefa de la división de Ciencia y Tecnología del BID, Flora Painter, la inversión en temas de I+D y ciencia y tecnología (C+T) se hará realidad y será sostenible. “De por sí (esa inversión) es riesgosa (…) por eso debe haber un mínimo de condiciones estables en el tiempo para alentarla (…) y eso parte también de las políticas públicas sostenibles y que trasciendan a los distintos gobiernos”, señala.

Pero, además, está la informalidad y la terrible e irregular calidad del sistema educativo. En el Perú, la informalidad supera el 65% y el porcentaje de niños de segundo de primaria que no entienden lo que leen es de los más altos en el mundo (pruebas PISA 2002). ¿Cómo se incentiva a una microempresa informal a innovar y generar valor agregado si ni siquiera estas pagan impuestos? ¿Cómo se impulsa la innovación en las instituciones educativas sin las capacidades mínimas indispensables entre los estudiantes? Las políticas públicas para procurar las condiciones necesarias son indispensables. La protección efectiva de la propiedad intelectual es otro requisito básico para innovar.

LAS TAREAS PENDIENTES
Según los consultados, estas son (entre otras) las tareas que hay que hacer: mejorar la cualificación de las personas y fortalecer institucionalmente a todos los actores generadores de innovación (universidades y empresas e incluso las estatales) dotándolos de un marco legal adecuado; pero también impulsando una cultura de innovación en las propias empresas (incluso a través de subsidios especiales y premios).

Como explica Eduardo Ísmodes, del centro de Innovación y Desarrollo Emprendedor de la PUCP, “hay que generar bienestar y eso pasa por desarrollar las capacidades humanas”. Que el esfuerzo sea sostenido depende de los sectores privado y académico pero, en primer lugar, de una gran dosis de voluntad política de parte del Gobierno. Voluntad que, esperemos no sea el caso, suele escasear en tiempos electorales.