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"Los políticos y su lenguaje paralelo", por Alberto Goachet

Aquel que diga que los resultados de las encuestas no le interesan, miente

Perú

(Foto: El Comercio)

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Hasta hace dos años dictaba clases en la Maestría de Márketing de la UPC. Cuando entraba en el tema de comunicación, siempre mencionaba que hay que ver a las marcas como si fueran personas.

Deben tener una personalidad, hablar de acuerdo a su audiencia, ser claros, relevantes y entretenidos. Tener un punto de vista sobre la sociedad con la que conviven, y cuando cometan un error, también pedir perdón. Como decía Howard Schultz, CEO de Starbucks hasta hace unos meses: “Ser un ciudadano más”. Sin embargo, esta exigencia que se le hace a las marcas de tener una comunicación simple, clara y directa deberíamos hacérsela a un grupo en particular, que en su mayoría no la aplica: los políticos.

Hace unos días me topé en Facebook con un video de un cómico estadounidense que se llama George Carlin, que se caracterizaba por ser muy agudo y crítico, y que en este caso hablaba justamente sobre el particular lenguaje de los políticos de Washington, que me di cuenta encaja perfecto con muchos de los protagonistas de nuestra farándula política peruana. Me pareció divertido (porque Carlin lo hace con mucho humor) listar ese manejo particular y paralelo de la comunicación que hacen los políticos peruanos y que nos encontramos a diario en noticieros y redes sociales.

1. Lo primero es que cuando hablan, lo hacen con mucho cuidado para asegurarse de no decir nada.

2. No dicen las cosas, las “indican”. Y cuando no “indican”, “sugieren”. Por ejemplo “he sugerido una iniciativa” (según Carlin, una iniciativa es una idea que no va a llegar a ningún lado).

3. En lugar de leer, “revisan”. No tienen una opinión, “toman una posición al respecto”.

4. No resuelven, “avanzan”. “¿Congresista, resolvieron el problema?”. “Estamos avanzando”.

5.“No está en agenda” significa que está en agenda.

6. No trabajan en el Estado, son “servidores públicos”. ¿En serio?

Y este malabarismo con el idioma se vuelve más virtuoso cuando un político está metido en algún rollo por algo que dijo:
1. “Se ha malentendido mi declaración”.
2. “Me han citado fuera de contexto”.
3. “Han tergiversado mis palabras”.
4. “Esa no es mi voz”. O la ya famosa:
5. “Esa no es mi letra”.

Cada cierto tiempo, cuando se hacen las encuestas de opinión, así como las marcas quieren ser las favoritas del público, los políticos sueñan con tener una alta aprobación. Aquel que diga que los resultados de las encuestas no le interesan, miente. ¿Los que lo hacen no se dan cuenta de que literalmente le están diciendo a sus electores: “No me importa tu opinión”?

Desde que tengo uso de razón, cuando un presidente, un alcalde, un ministro o un congresista sale desaprobado por la opinión pública, ¿cuál es la respuesta que da una y otra vez? “Es que no nos hemos sabido comunicar bien”.

Evidentemente, la mala imagen de muchos políticos está relacionada a los hechos más que a las palabras, pero creo que si mejoraran su comunicación les pondríamos mejor nota a la hora de las encuestas. Y más importante aún, los entenderíamos mejor cada vez que hablan.

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