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CAMBIO CLIMÁTICO

Economía también afecta el planeta

Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial

POZNAN. El 2008 fue un año funesto. El mundo sufrió una crisis alimentaria, energética, financiera y para muchos países asoma ya la debacle económica. Como si fuera poco, para terminar el año, estaba prevista una cita crucial para discutir una vez más la manera de intensificar la lucha contra el cambio climático. Ciento ochenta y nueve países se reunieron para negociar la mejor forma de afrontar el calentamiento global, un fenómeno ocasionado por el hombre que ya está causando estragos mayores y que solo se podrá aliviar con el concurso inmediato de toda la comunidad internacional. En Poznan (Polonia), donde el viernes terminó la cumbre sobre el clima, muchos responsables políticos no se daban por aludidos.

La crisis económica fue el argumento más esgrimido durante la XIV Conferencia sobre el Clima, convocada por la ONU, para quedarse con los brazos cruzados mientras el ambiente se sigue saturando de gases de efecto invernadero. Paradójicamente, la rapidez y la generosidad con que se reaccionó frente al reciente descalabro financiero brillan por su ausencia cuando de invertir en el rescate del planeta se trata.

Rajendra Pachauri, presidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y premio Nobel de la Paz (junto a Al Gore) en el 2007, lo denunció con indignación: "La cantidad de dinero que el mundo ha gastado en los planes de rescate (del sistema financiero) es algo que desafía toda lógica. Se estima que son 2,7 billones de dólares y se hizo rápido y sin cuestionamientos".

El premio Nobel preside el IPCC, un organismo integrado por unos dos mil científicos provenientes de todos los confines creado para emitir un diagnóstico consensuado sobre la salud del planeta y el clima que sirva de guía para los responsables políticos. Su dictamen, comunicado el año pasado, lamentablemente no es esperanzador: el calentamiento del planeta lo provoca sobre todo el hombre y, de mantenerse el statu quo, las emisiones de gases podrían incrementarse entre un 25% y 90% en el 2030 con respecto al 2000, lo que provocaría un aumento de la temperatura de la tierra de 3 grados centígrados en este siglo.

"Como resultado del calentamiento global el tipo, frecuencia e intensidad de eventos extremos --como los ciclones tropicales, sequías, inundaciones y fortísimas precipitaciones-- se incrementarán, incluso por causa de pequeños aumentos en la temperatura", vaticina el informe del IPCC. Para mantener por debajo de los 2 °C el calentamiento de la tierra, este organismo recomienda que los países industrializados reduzcan entre 25% y 40% sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) de cara al 2020.

EL FIN DE KIOTO
De ahí la necesidad de pactar un acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto. Este acuerdo, firmado en la ciudad homónima japonesa en 1997, entró en vigor en el 2005 sin la participación de EE.UU., el más grande emisor de gases de efecto invernadero. Se calcula que los países industrializados firmantes (37 países y la Unión Europea) lograrán reducir sus emisiones en tan solo 5% entre el 2008 y el 2012, año en que expira la primera fase del tratado.

Con los pronósticos alarmantes del IPCC en la mano, los países más preocupados por las consecuencias del cambio climático se han propuesto pactar un ambicioso acuerdo el próximo año en Copenhague (Dinamarca). Este debería incluir a EE.UU., y visto que la conducta de los países industrializados no bastará para detener el calentamiento global, se espera que también los países emergentes se comprometan a cortar drásticamente sus emisiones.

"Para ello requerirán apoyo financiero y transferencia de tecnología de los países industrializados, pero ese es un tema en el que se progresa difícilmente", señala Kim Carstensen del Global Climate Initiative del WWF. "Poznan ha tenido lugar en un mal momento: EE.UU. está en un período de transición a la espera de Barack Obama, y la UE está enfrascada en problemas domésticos que le han dificultado confirmar sus compromisos medioambientales" explica.

Si bien es cierto que nadie creyó que de la conferencia en Polonia saldrían cifras y metas concretas de cooperación, por lo menos se esperaba que los países históricamente responsables del calentamiento global expresaran su buena disposición para ayudar a los países emergentes a desarrollarse, sin causar los grandes daños que ellos le infligieron al planeta. "Las propuestas que trajeron China, India, Brasil y otros países del sur a esta cumbre apenas fueron escuchadas por los países ricos", se queja Carstensen.

PULMÓN DEL MUNDO
Entre los países que trajeron propuestas concretas a Poznan también figuró el Perú. El ministro del Ambiente, Antonio Brack, anunció ante el plenario de la conferencia que nuestro país se ha fijado la meta de conservar 54 millones de hectáreas de bosques tropicales. Se trata de una ambiciosa contribución al combate contra el calentamiento global, dado que el Perú emite menos del 2% de los gases de efecto invernadero que a diario se liberan alrededor del mundo.

Para hacer realidad esta meta y otros esfuerzos para adaptarnos al cambio climático se requerirá financiamiento internacional. En un mundo en donde se venden derechos a emitir CO2 y se baraja ponerle un precio fijo a la tonelada de carbono, no está lejano el día en que los países desarrollados tendrán que aportar su contribución para que los países en desarrollo puedan preservar sus árboles. Como cuarto país en el mundo en superficies de bosques tropicales y el noveno en superficie de bosques en general, el Perú podría exigir los recursos que necesitará para enfrentar, por ejemplo, el acelerado deshielo de los glaciares que amenaza la seguridad de la población, el rendimiento de la agricultura e incluso nuestro potencial energético al privar de agua a nuestras hidroeléctricas.

PRECISIONES
4El Gobierno del Perú se ofreció para organizar la Cumbre Mundial sobre el Cambio Climático del 2010, anunció el ministro del Ambiente, Antonio Brack Egg.
4Durante su gira por Europa, Brack recibió una oferta de Alemania de una donación de unos 20 millones de euros para la conservación de bosques primarios en el Perú.

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