Por Wiley Ludeña Urquizo, Urbanista
El desorden en la nomenclatura vial no es la causa, sino el efecto final de una realidad urbana que carece de un sistema unificado (no uniformizado) de normas, registros, códigos y parámetros que regulen la planificación, la gestión y el funcionamiento de nuestras ciudades.
Según la Ley de Municipalidades, son estas las encargadas de planificar y gestionar todo aquello que se refiere a la ciudad bajo su jurisdicción, pero en otras realidades existe un organismo de alcance regional y nacional que debe precisar ciertas normas, estándares y parámetros de referencia de aplicación nacional. Las ciudades de un país no pueden constituirse en una Torre de Babel, donde nadie entienda nada ni pueda descifrar los códigos urbanos básicos. Este organismo es un imperativo para evitar no solo el actual desorden, sino que este aumente cada día que pasa.
En estos tiempos el 'boom' inmobiliario, la expansión de nuestras ciudades y otros factores harán inevitablemente más compleja la administración y el funcionamiento de la nomenclatura. Esto es un asunto de carácter estratégico.