El Congreso debe actuar con orden y coherencia al repartir las comisiones, donde se debate técnicamente la necesidad y viabilidad de las leyes acordes con la agenda nacional y la orientación general del Gobierno.
Así, sería un absurdo que la Comisión de Trabajo sea dirigida por el Partido Nacionalista, cuyo enfoque es tan obsoleto como contrario a la economía social de mercado y a las modificaciones del TLC. Lo mismo puede decirse de la de Relaciones Exteriores, que el fujimorismo pretende mantener, a pesar de la incompatibilidad que le plantea el hecho de que su prófugo fundador sea causa de un grave asunto que perturba nuestra política internacional.
La asignación de comisiones no puede ser objeto de repartija y menos cuando hay motivaciones subalternas o personalistas. Lo que debe primar --mirando la agenda pendiente de leyes y reformas --, son criterios lógicos y técnicos, según los cuales, por ejemplo, la de Constitución podría ser presidida por Unidad Nacional, que tiene notables juristas; y la de Descentralización por la bancada oficialista, pues está en curso un cambio radical en la estructura del Estado donde la coordinación con el Ejecutivo es fundamental.