DEL CONSULTOR
Por Jorge Ruiz de Somocurcio. Arquitecto y urbanista,
¿Gracias por dejarnos trabajar?
Lima tiene un gobierno metropolitano, pero de signos exteriores provincianos. Déficit de planificación, falta de coordinación intersectorial, desinterés en el valor del tiempo, son algunas de las características de ciertas obras municipales que vemos hoy en día en el Centro Histórico de la capital.
Sería más valioso que el despliegue publicitario empleado para difundir el nombre del alcalde en la vía pública se utilice para aquello que se conoce como planes de prevención.
Ningún organismo internacional aprueba un proyecto de obra si este no está acompañado por un plan de impacto ambiental (contaminación, ruidos, desperdicios, entre otros) y un plan de mitigación destinado a prever y corregir todos los daños colaterales que se crearán con la obra a ejecutar.
En el caso de Lima era el Fondo Metropolitano de Inversiones (Invermet) --hoy prácticamente desactivado-- el organismo encargado de coordinar todas las obras metropolitanas, mientras que el Instituto Metropolitano de Planificación (IMP) hacía lo propio con las obras distritales.
Hoy ni uno ni otro lo hacen, y el resultado es la enorme pérdida de horas-hombre, perjuicio a los comerciantes, alejamiento del turismo por la ejecución de obras que podrían tener un calendario impecable de ejecución y sin contratiempos, pues, ninguna de estas se trata de obras públicas de emergencia.
Hay muchas soluciones que podrían aplicarse, pero la más importante: una visión planificadora, integral e intersectorial de las intervenciones, bajo la batuta municipal.