AL DÍA

Una campaña pro

Por David Rivera del Águila. Economísta

Cuando estuve en Inglaterra, hace ya como un mes, acababa de entrar en vigencia la ley que prohibía fumar en espacios públicos cerrados. Era el tema de conversación, y en un par de ellas escuché afirmar que si bien los ingleses son muy apegados a las reglas, esta era una que definitivamente no la iban a poder cumplir. Sin embargo, lo que observé en los siguientes días fue lo contrario. En las discotecas nadie fumaba un solo cigarro, y en un bar donde veíamos la final de la Copa América entre Brasil y Argentina, tres ingleses me pidieron que les cuidara la mesa y las cervezas mientras salían a la calle a fumar.

"Esta es la diferencia entre un país desarrollado y uno que no lo es", pensé. Antes había imaginado que una norma así difícilmente se cumpliría en el Perú, pues muchos de quienes hoy critican a los dueños de las empresas de transportes y a sus conductores, seguramente tratarían de sacarle la vuelta a una ley de esta naturaleza fumándose un puchito a escondidas; o muchos de quienes también los juzgamos cometemos otras infracciones, como no respetar los límites de velocidad, interpretar el ámbar como "apúrese que viene el rojo" o no considerar al peatón.

Conversando sobre el tema, un amigo que había vivido en Nueva York me comentó que cuando una ley así entró en vigencia en dicho estado, no fue solo por respeto a las personas que asistían a los espacios públicos cerrados, sino sobre todo por quienes laboraban en dichos lugares y tienen que estar expuestos por horas, cinco veces a la semana, al humo del cigarrillo.

¿Cómo se hace para alcanzar ese nivel de respeto a las normas en una sociedad? ¿En estos países las personas alcanzan un nivel de consciencia del otro que nos es difícil asimilar a nosotros? Se supone que la posibilidad de ser conscientes es esa característica que nos diferencia del resto de las especies (aunque ya varias veces he terminado dudando de que así sea), pero lo más probable es que además de que hay algo de eso, en estas sociedades se entienda que el respeto a las normas es la mejor forma de convivencia para no terminar en una jungla.

¿Cómo hacemos para que todos comprendamos la necesidad de respetar hasta la norma más elemental y comenzar a actuar con el ejemplo? ¿Cómo hacemos para que cada miembro de la sociedad no solo aprenda a valorar su vida sino que no asuma como normal cosas que no lo son y se convierta en un agente de cambio y en alguien que hace respetar sus derechos y los de los demás?

Está demostrado que al Estado Peruano hoy no le alcanzan las manos para solucionar todos los problemas pendientes, así que esperarlo puede resultar algo ocioso y vano. Por lo tanto, necesitamos que todos nos convirtamos en impulsores del cambio en el día a día.

Como para casi todo cambio positivo, la educación en las escuelas es el espacio más apropiado. Pero hoy sería conveniente que el Gobierno lance una gran campaña comunicativa pro vida, pro respeto del otro, pro cumplimiento de las normas, pro etc. Ha sido el propio presidente García el que se ha encargado de maldecir la publicidad estatal, pero este es un aspecto que sin duda traería más retribuciones que costos.

Pero como comprendemos la austeridad que requiere el Estado, desde aquí solo queremos invitar a todas las agencias de publicidad a preparar y proponer, gratuitamente, las mejores ideas para lanzar una campaña publicitaria pro todo lo ya mencionado, y también a los medios de comunicación para difundirla. No he pedido permiso para proponer algo así, pero ahora que las empresas están pasando por su mejor momento en décadas y que la publicidad está creciendo, es lo mínimo que deberíamos hacer por el país. ¿No creen?