EL LADO OCULTO MARIO MUSTAFÁ, director de la cadena de hoteles Costa del Sol

Nueva York, nos vemos el 2008

SU MENTOR PAGÓ PATO. CORRIERON JUNTOS LA MARATÓN Y CRUZÓ LA META 10 MINUTOS DESPUÉS QUE ÉL. PLANEA HACERLO POR TERCERA VEZ. NO IRÁ SOLO. THAIS ESTARÁ CON ÉL

Por Antonio Ojeda

Cruzó la meta y lo buscó. Ahí estaba. Antes de partir, en Chiclayo, se lo había prometido a sus hijos. Ellos escribieron sus nombres en un papelito. Mario lo buscaría en el bolsillo de su short solo una vez que hubiese superado la maratón de Nueva York. "Ya te imaginarás cómo estaba". Papá estaba bañado en sudor. Chau tinta. No se leía nada. Lo apretó. Feliz. Lo había logrado.

No solo eso, Martín, el amigo que lo animó y entrenó para que asumiese esta empresa, llegó a la meta 10 minutos después que él. "Como estaba nervioso, mientras esperaba la partida comencé a caminar (entre los miles de maratonistas) y, cuando esta se dio, sin pretenderlo yo estaba adelante, entre la élite. Comenzaron a correr, y como son tantos, me llevaron a su ritmo". Mario planeaba hacer 4 h: 20 min. Ocurrió el 2000. Terminó 20 minutos antes.

¡YA VERÁN!
Allá, en Chiclayo, Mario pasó por tres colegios. "Por eso digo que voy a cumplir 90 años de egresado: 30 con cada promoción". Y en las tres, destacó siempre en natación, fútbol y cualquier deporte que requiriese una raqueta.

Le enseñó a jugar bádminton a Mariella. Se casó con ella que, siempre y cuando no le haga bulla, jamás se irá a quejar porque él se levante de madrugada y se vaya a correr.

Frente al mar, en Pimentel. Tres kilómetros. Todos los días.

"Corría a la loca. Para mí, hacer deporte era sudar". Martín, su amigo, había corrido la maratón de Nueva York y ya se dijo: lo animó, lo entrenó. Vivida la experiencia, Mario se planteó repetirla cada año. Imposible. Chamba es chamba. Solo volvió a ocurrir el 2002 (también llegó antes del tiempo que se había establecido).

Esta vez tampoco podrá ser. Está estrenando un nuevo hotel en el aeropuerto Jorge Chávez. "Los 10 meses de construcción han sido 10 nuevos kilos". El 2008, ¡de todas maneras será el 2008! No, Mario no extraña solo esos 42 kilómetros, también lo que sintió un día antes, cuando como el resto de atletas fue, buscó y se paró al pie de su bandera, frente al edificio de Naciones Unidas, cuando juntos, todos comparten un día de amistad.

Ahí, bajo la blanquirroja, vio cómo uno a uno fueron apareciendo todos los peruanos que irían a participar. Y claro, se armaba el vacilón.

Mario tampoco olvida la noche siguiente a su maratón en Nueva York. Con Mariella fueron al teatro. Después de 2 horas sentado --y de las 4 a todo trote--, los músculos no le respondían. Las escaleras las tuvo que bajar al revés. En 'retro'. No fue el único. No eran pocos. Todos habían pasado por esos 42 kilómetros que, el próximo año, no piensa vencer a solas.

Thais tiene 13 años y la está rompiendo en los 100 metros con vallas. Con ella suele entrenar. Su nombre es uno de los que ha llevado escritos en cada maratón. El 2008 ya no lo requerirá. Cuando cruce la meta, Mario tendrá a su hija a su lado.