El legado de Manuel de la Puente y Lavalle

Rincón del autor

Por Beatriz Boza

¿Se ha percatado cómo la moda nunca pasa de moda? Determinado estilo, 'look' o color puede dejar de estar 'in' pero la moda como tal no pasa de moda porque los seres humanos tenemos una vocación natural por el cambio, por estar al día, por vernos bien. Copiar al otro nos da seguridad y para eso contamos con una amplia oferta comercial. En una sociedad que admira la apariencia, lo externo y lo más visual, toca preguntarnos a quién ven los jóvenes como ejemplo hoy en día. ¿Por qué es importante tener personas que sean un ejemplo para uno? Porque te permiten separar la forma del fondo y ver lo que vale detrás de las apariencias. Para mi generación y quienes lo conocimos, el doctor Manuel de la Puente y Lavalle fue un ejemplo de abogado, una persona íntegra y un caballero en todo el sentido de la palabra.

No era un buen expositor, era tímido, le temblaba la voz, le sudaban las manos y no se sentía cómodo en ese papel. Y aun así, con cada palabra, con cada gesto te trasmitía su amor por el derecho. Oírlo, verlo, aprender de él, te creaba la necesidad de sentir lo que él sentía. Lograba generar en los que lo oían una sana envidia por esa paz y felicidad interna que irradiaba.

Un verdadero jurista, enamorado de la libertad humana plasmada en el contrato privado, dominaba la materia como pocos sin ufanarse de ello sino, por el contrario, haciéndote sentir todo lo que le aportabas con tus preguntas, ineptitudes y a veces ignorancia. Nunca dejó de estudiar y aprender, sencillo y humilde en el trabajo, orgulloso de ser parte del estudio Echecopar, no buscaba figurar sino que disfrutaba el investigar y seguir profundizando en el estudio de la justicia. Su exterior parecía frágil y vulnerable, pero lo que trasmitía era convicción, decencia e integridad.

Como estudiante, me dio la confianza necesaria para ir en contra del 'establishment' al hacer mi tesis. Como el resto de colegas y profesores de la facultad, él no la compartía y aun así me animó a hacerla, enseñándome a no claudicar. "Uno nunca debe dejar una idea en la que cree, así todo el mundo esté en contra, hasta no estar convencida de lo contrario, ese es su reto", me dijo.

Para mí y, estoy segura, para todos sus discípulos, Manuel de la Puente y Lavalle personifica virtudes, principios y valores que te enriquecen como persona y te permiten actuar de manera más justa, más solidaria y más libre. Un ejemplo digno de emular.

Un verdadero jurista, enamorado de la libertad humana plasmada en el contrato privado, dominaba la materia como pocos sin ufanarse de ello