Por Dionisio Romero Paoletti. Empresario
Algunos analistas han escrito artículos en la prensa expresando sus dudas sobre los beneficios para los peruanos del actual modelo económico. Si bien aceptan que la economía del Perú mejora y que hay una mayor capacidad de consumo y una mejor calidad de vida en los estratos socioeconómicos A, B y C, también opinan que las cosas no mejoran, y hasta empeoran, para las clases D y E. Culpan de esto al modelo económico de libre mercado que, según ellos, hace más pobres a los pobres.
Lo que no siempre se menciona es que el crecimiento económico, liderado por la empresa privada (grande, mediana y pequeña), no solo promueve un mayor consumo y una mejor calidad de vida en las ciudades y áreas rurales de la costa, donde viven la mayoría de las personas de estratos A, B y C, sino que también aporta gran parte de los impuestos que recauda el Estado.
Debido al crecimiento económico, estos impuestos se han multiplicado en los últimos años, pasando de S/.27.119 millones (2002) a S/.30.671 millones (2003), S/.34.703 millones (2004), S/.39.723 millones (2005) y S/.50.227 millones (2006). Y es muy probable que sobrepasen los S/.60.000 millones este año.
Esto quiere decir que, bajo el modelo económico actual (aún no siendo de pleno libre mercado), para finales de este año se habría duplicado la recaudación del 2002. Ello sin considerar las regalías mineras, ni tampoco impuestos y tributos de los gobiernos subnacionales (tributos municipales, por ejemplo). Y podría ser mucho más si no solo fuéramos el 15% de la PEA (50% del PBI) los que pagamos el 100% de los impuestos.
Este importantísimo crecimiento en la recaudación de impuestos le da al Estado, regiones y alcaldías la posibilidad de hacer inversiones en infraestructura (carreteras, electrificación, obras de agua y desagüe), así como de mejorar los servicios públicos (educación, salud, seguridad), las cuales tienen un impacto directo en mejorar la calidad de vida de todos los peruanos, en especial de los más pobres (estratos D y E), que viven mayoritariamente en las zonas rurales de la sierra y selva de nuestro país.
Pero la adecuada y oportuna utilización de nuestros impuestos también tiene un impacto positivo indirecto en los más pobres. Con la inversión en infraestructura, educación y seguridad se estimula el crecimiento del comercio y de la inversión turística e industrial en estas zonas. El subsiguiente desarrollo económico crea nuevos puestos de trabajo, que redundan en mayor capacidad de consumo y así se alimenta el círculo virtuoso de inversión-trabajo-mejor calidad de vida.
¿Funciona el modelo económico? Claro que sí, si el Estado y los gobiernos regionales y locales hacen buen uso de nuestros impuestos. Así se han desarrollado Corea del Sur, Chile e Irlanda, países que hace 20 o 30 años eran igual o hasta más pobres que el Perú. La gran virtud de estos países fue que reconocieron que tenían que superar uno de los grandes limitantes del crecimiento: la capacidad del Estado para gestionar estos mayores recursos. Ese es el verdadero desafío del modelo económico. Dar un giro de 180° en este modelo nos puede llevar a perder, nuevamente, el tren de la modernidad.