Los inicios de una explosión novelesca

1967: El año que premiaron al Boom

Aunque los premios literarios no fueron extraños para la literatura hispanoamericana, fue en la década de los 60 y principalmente en 1967 cuando una acertada y feliz coincidencia de diversos galardones internacionales consolidaban a los novelistas del Boom y de la nueva narrativa hispanoamericana.

Por Agustín Prado Alvarado

Al llegar el año de 1967 el Premio Biblioteca Breve, promocionado por la editorial Seix Barral de Barcelona, se había ungido como el concurso y laurel de mayor distinción que podía recibir un manuscrito de novela en castellano.

Esta consideración se debió a la calidad de las novelas ganadoras, las que, con el paso del tiempo, constituyen hoy piezas medulares de la literatura hispanoamericana.

En 1962 lo obtuvo La ciudad y los perros, de Vargas Llosa; en 1963 el premio lo consiguió Los albañiles, del mexicano Vicente Leñero; en el año 1964 el cubano Guillermo Cabrera Infante venció en esta competencia literaria con el manuscrito Vista del amanecer en el trópico (que recién se editaría en 1967 con el título de Tres tristes tigres) y en 1965 figuraba entre los finalistas al premio La traición de Rita Hayworth, del argentino Manuel Puig. Incluso el poeta Gabriel Ferrater (director literario de Seix Barral) quien leyó en octubre de 1966 el manuscrito de Cien años de soledad le propuso a Carmen Balcells, la agente literaria de García Márquez, que entrara al concurso asegurándole un triunfo unánime. La respuesta de Gabo fue negativa, pues ya tenía firmado el contrato con la editorial Sudamericana.

Cuando Carlos Fuentes obtuvo a comienzos de junio de 1967el Premio Biblioteca Breve por su novela Cambio de piel. ya era un escritor consagrado dentro de la nueva narrativa hispanoamericana por textos como La muerte de Artemio Cruz (1962) o Aura (1962).

La trayectoria del novelista mexicano conseguía con este premio un mayor reconocimiento internacional puesto que las ediciones de Seix Barral circulaban por toda la América hispana.

Como ocurrió con otras novelas de la nueva narrativa hispana, Cambio de piel empezó a conocerse por algunos adelantos en revistas literarias. Una de las primeras revistas donde se editó un capítulo de Cambio de piel fue la prestigiosa Casa de las Américas.

En su ejemplar nº 26 de octubre-noviembre de 1964, en uno de sus antológicos números monográficos dedicados a la Nueva Novela Latinoamericana se imprimía el capítulo "Cholula", que editado ya en formato de libro correspondería al primer capítulo.

En la información que nos proporciona la revista Casa. se menciona que el libro iba a titularse Sol de la noche. Sin embargo, ya para 1966 el título de su novela había mutado al de Cambio de piel como se aprecia en la revista bimestral Margen nº 1 octubre-noviembre editada en París como una revista de literatura en lengua castellana.

En su número inaugural nos presentaba también un adelanto de Cambio de piel y una confesión del autor sobre el origen de su novela.

 LAS BUENAS CONCIENCIAS PARA CAMBIO DE PIEL
Quien acceda a la revista Margen puede enterarse de que Carlos Fuentes prácticamente tenía pactada con la editorial Siglo XXI la edición de Cambio de piel. No obstante, el escritor mexicano decidió apostar por el Premio Biblioteca Breve.

Y aunque obtuvo el galardón, las "malas conciencias" del régimen franquista se opusieron a su edición en España por el sello Seix Barral, como le correspondía.

Ante esta censura de la dictadura franquista Fuentes decidió que su libro se editara en el sello mexicano Joaquín Mortiz. La primera edición de la novela apareció en agosto del 67, con un tiraje de 6.000 ejemplares, constituyéndose en uno de los más apreciados libros de la Biblioteca Carlos Fuentes.

Aunque Seix Barral no pudo publicar en suelo español la novela hasta 1974, sí consiguió una edición oblicua, pues en octubre de 1967 salía una segunda impresión de Cambio de piel en la editorial Sudamericana de Argentina, con el mismo formato que el empleado por la editorial Seix Barral.

Llovieron sobre esta novela críticas desde las dos laderas: las virulentas y las encomiásticas; entre las primeras se la atacaba absurdamente, por su cosmopolitismo y complejidad narrativa; y entre las segundas escribió atinadamente Vargas Llosa (Caretas, nº 363, noviembre de 1967): "Cambio de piel me parece un testimonio asombroso, casi absoluto, de lo que constituye la moda presente, en la literatura, la pintura, el cine, el teatro, la crítica [.] una novela que sea al mismo tiempo, un manual de mitología moderna".

Por su lado Julio Ortega en su estudio La contemplación y la fiesta (1968) la escogió entre las novelas representativas de la nueva narrativa hispanoamericana, describiendo con detalle su compleja estructura y emparentándola con Rayuela.

EL PREMIO RÓMULO GÁLLEGOS
Hispanoamérica empezó a establecer varios premios institucionales en la década de los 60, como el Casa de las Américas, de Cuba (inaugurado en 1960), que distinguía diversos géneros; pero fue en Venezuela cuando en el año 1966 se creó el Premio Rómulo Gallegos, otorgado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes de ese país y dotado de 100.000 bolívares (unos 22.000 dólares) para la mejor novela escrita en lengua castellana en un quinquenio (en el primer fallo se contó el trienio 1964-66).

Con un tiraje de 10.000 ejemplares apareció en marzo de 1966 La casa verde, la segunda novela de Mario Vargas Llosa, con gran éxito de público y crítica. El libro se distinguía por una imponente arquitectura narrativa y conseguía Vargas Llosa por segunda vez el 8 de abril de 1967 el Premio de la Crítica, en España (en 1964 ya se lo habían concedido a La ciudad y los perros).

Por su altísima calidad literaria fue propuesto por el Jurado Central de Venezuela como candidata al Premio Rómulo Gallegos y tal como lo menciona José Miguel Oviedo: "A fines de julio se conoce el fallo del jurado: La casa verde gana el dinero, el honor y la fama".

EL PREMIO NOBEL PARA ASTURIAS
Aunque el Premio Nobel es el más controversial de las insignias literarias (en su historial hay imperdonables omisiones como Pérez Galdós, Tolstoi, Joyce o Borges), es a su vez el galardón literario más importante que puede recibir un escritor.

Prácticamente este premio fue esquivo para los escritores hispanoamericanos en la primera mitad del siglo XX, sin embargo, como para investir aquel año de 1967 de trofeos literarios el 19 de octubre la Academia Sueca otorgó el Nobel de Literatura al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974).

Al concederle el Nobel, no solamente se premiaba al narrador que mostraba la vigencia de las culturas indígenas centroamericanas, también se enaltecía al escritor (junto con otros) que había renovado la narrativa hispanoamericana entre los años 40 y 50 antes del surgimiento del boom, siendo su novela Hombres de maíz (1949) uno de los libros escritos bajo la impronta de la nueva narrativa.

Aunque el mérito de los premios literarios resalta en su momento al autor y su obra, son los lectores de las nuevas generaciones y el paso del tiempo el verdadero premio para un escritor.

Afortunadamente en estos 40 años de premios La casa verde, Cambio de piel y la obra narrativa de Asturias junto con Cien años de soledad (novela alumbrada sin premios) han resistido el paso de los años y siguen siendo favorecidas por el gusto de los lectores, seguramente el mayor y más auténtico premio que pueda recibir un escritor en cualquier lengua.