Letra viva

Humor desolador

Por Ricardo González Vigil

Los cinco libros de cuentos que José B. Adolph (peruano nacido en Stuttgart, en 1933) publicó en el lapso 1968-1974 llamaron la atención por su contribución al despegue de la literatura fantástica (y, en algunas narraciones, de la ciencia-ficción) en el Perú, en un momento en el que reinaba el neorrealismo urbano y lo real-maravilloso. En ese entonces, sin embargo, también mostró destreza para el registro realista en la novela de sátira política "La ronda de los generales" (1973). Luego plasmó la mejor novela peruana de anticipación sociopolítica "Mañana las ratas" (1989); y combinó cuentos y novelas de tendencia realista y de vuelo fabulador-especulativo.

Esta vez ha reunido 37 cuentos, la mayoría de reciente cosecha, en el corrosivo volumen "Es solo un viejo tren". Humor ácido y negro, cuando no soterrado mal-humor bajo la careta de la carcajada que oculta el malestar de quien percibe el sinsentido y el absurdo de la existencia, tanto más lacerante cuanto ya es un "viejo tren", cada vez más desvencijado por achaques y dolencias, por el descenso de la sexualidad y tipo de energía, más el eclipse de la curiosidad intelectual, la utopía política y el sueño literario de tejer obras maestras. Nada firme a lo que uno pueda aferrarse, ni religioso, ni filosófico, ni político: "mi desprecio por lo sobrenatural y por sus seguidores. La tentación del fanatismo político () es otra cara de la tragedia en la que ahora vas a actuar. El problema de creer en algo no es que ese algo sea falso. No, eso es inofensivo. El problema de cualquier fe es que nace embarazada de fanatismo" (p. 86).

Casi todo el libro admite un registro realista, aunque propenso a lo insólito. Resulta raro el efecto fantástico o maravilloso, como el de la aparición de la amada muerta en "Vaya tontería", un cuento del que queremos citar dos frases que pueden ilustrar la óptica de Adolph: "Soy tolerante con los sensatos, porque nunca aciertan" (p.180). Y, sobre todo, esa mezcla que logra Adolph entre lo sórdido, lo tanático y lo onírico-surrealista (Buñuel) con la ironía que dinamita el orden social (Groucho Marx): "una mezcla de Buñuel y Groucho" (p. 181). Pero un Groucho Marx más radical y virulento; dada la afición del joven Adolph al trotskismo, cabe reemplazar esa alusión a Groucho Marx por una versión que bautizaríamos como Groucho Trotski.

TÍTULO
"Es solo un viejo tren"
AUTOR
José Adolph
EDITORIAL
San Marcos

TRES DOCENAS
Tres docenas de cuentos más uno. Conjunto en que prima lo tanático: la muerte (frecuentemente, asesinato), la decrepitud (con su cuota de enfermedades y creciente discapacidad), el miedo (incluido el paroxismo del terror) y el odio irremediable. Un clima sin ilusiones ni credos, agobiado por el fracaso y el desengaño, abordado con la lucidez atroz del cinismo. Todo impregnado de un humor tan inteligente como delicioso, a la par que una prosa brillante con el ingenio encendido. Y, a pesar de ello, algunos textos enarbolan tercamente (¿inútilmente?) el valor de la solidaridad y la rebelión contra la injusticia: "La sonrisa de Amelia" y "La mañana siguiente".