Miremos el futuro por encima de los escombros

Son realmente incalculables los daños que, en diversos ámbitos, ha causado el terrible terremoto que asoló el sur chico y parte de la sierra central. Aparte del medio millar de víctimas mortales y de los numerosos heridos, los damnificados se cuentan por miles reclamando ayuda básica, como agua, alimentos, medicinas, frazadas y carpas.

El Gobierno es responsable de asistir a estos compatriotas en estado de extrema necesidad, lo que implica organizar eficientemente la distribución de la ayuda --empezando por censar las localidades afectadas-- para que llegue a todos en forma oportuna. A propósito de ello, debe evaluarse el ofrecimiento de varias empresas grandes que, desinteresadamente, han puesto a disposición sus aparatos y su experiencia comprobada en logística y uso de recursos.

Luego, corresponde también al Gobierno garantizar con firmeza el orden público, que está siendo amenazado vilmente por algunos ciudadanos desesperados, pero más por despreciables vándalos y delincuentes que quieren aprovecharse como buitres de esta desgracia.

¡No hay derecho! Si esta situación persiste, ahora que se ha declarado el estado de emergencia y cuando la demanda rebasa la capacidad operativa policial, puede y debe recurrirse a la fuerza militar para apoyar el patrullaje de las calles. Tiene que devolverse la tranquilidad a quienes ya tienen bastante sufrimiento con haber perdido a sus seres queridos y ver, impotentes, cómo sus casas y sus pueblos han sido destruidos y yacen hoy en escombros como si hubiera caído una bomba.

RECONSTRUCCIÓN DEBE SER PLANIFICADA
Felizmente, la ayuda llega y abundante, tanto de los propios recursos del Estado cuanto del abrumador y generoso apoyo de peruanos de toda edad y condición, empresas y de países hermanos. Satisface ver cómo, ante el dolor y la muerte que causa la furia inexplicable e inclemente de la naturaleza, se alza siempre el espíritu humano para dar una mano al prójimo y mirar por encima de los escombros hacia el futuro.

Tal es la actitud que debe prevalecer ahora y también en el mediano plazo, cuando se sabe preliminarmente que el 80% de la ciudad de Pisco ha colapsado y que el 90% del comercio de Ica está paralizado.

Esta dura realidad tiene que llevarnos a pensar y planificar seriamente la reconstrucción de la infraestructura pública y de la capacidad productiva de una región que en los últimos tiempos se había erigido como ejemplo de pujanza y como modelo exportador de pleno empleo. Esta región contribuye con el 3,6% del producto bruto interno nacional y solo en mayo pasado aportó 20 millones de soles en tributos internos, tendencia que tiene que volver a recuperarse, y superarse en el futuro.

Se trata de una gigantesca tarea de reconstrucción que podrá durar varios meses y que demanda una enorme inversión del Estado y de la ayuda internacional, pero también el concurso indispensable de los inversionistas privados para seguir apostando por hacer empresa en la región. Al centro de todo esto tiene que haber un esfuerzo de planificación técnica, con metas y plazos fiscalizados, así como con distribución de responsabilidades entre ministerios y consorcios privados.

EN EL IMPEDIMENTO ESTÁ LA OPORTUNIDAD
La dolorosa tarea de limpieza y retiro de los escombros de Pisco, Ica, Chincha, Cañete e Ica tiene, pues, que dar paso a la construcción de nuevas ciudades con mejor trazo urbano y mejores servicios, con casas antisísmicas y confortables. Igualmente, tiene que reconstruirse carreteras y puentes, así como los servicios públicos básicos de agua, desagüe, electricidad y telefonía.

En cuanto a la capacidad productiva, las exportaciones de espárragos, uvas, mangos, así como de nuestros vinos y de nuestro pisco tienen que recuperarse para devolver dinamismo, luz y vida allí donde hoy la naturaleza sembró estupefacción, oscuridad y muerte.

Todos los peruanos tenemos que colaborar en esta cruzada, para que no se repitan errores del pasado, como sucedió en Moquegua, donde la reconstrucción después del terremoto del 2001 aún no concluye.

Ica tiene nuevamente que levantarse de los escombros y ser un símbolo de avanzada, de fábricas a todo vapor y de puertos en fragor continuo para sacar nuestros productos al mundo y devolver bienestar, optimismo y sentido de futuro a sus pobladores. Como dijo el eminente educador alemánKurt Hahn: "en el impedimento está la oportunidad".