Me conduele la muerte de ciudadanos de nuestra Patria. Siento la herida de los que han sufrido. (Alan García Pérez). El terremoto del miércoles alteró radicalmente la agenda política del país, dejó en pausa varios temas calientes y nos impuso una única comisión: ayudar a los pueblos azotados.
Por Renato Cisneros
El terremoto removió el subsuelo político y obligó a la prensa a girar su telescopio. Por estos días nadie se fija en los edificios del centro que suelen protagonizar información para las páginas principales (Palacio de Gobierno, Torre Tagle, el Congreso, Palacio de Justicia), pues la mirada nacional está concentrada en Pisco, Ica, Chincha y Cañete.
Como consecuencia de ello, varios políticos se hallan en un estado de paréntesis, y quizá el caso de Luis Alva Castro sea el que ilustre con mayor precisión los efectos temáticos colaterales que ha tenido el terremoto.
Hasta el miércoles 15 en la tarde, el ministro del Interior era firme candidato a la interpelación parlamentaria luego de su presentación del martes en el Congreso. Su exposición en el Hemiciclo sobre la compra de patrulleros chinos y de material policial no dejó satisfecho a un grupo de congresistas, que promovía una recolección de firmas para convocarlo nuevamente, esperando que amplíe sus explicaciones.
El terremoto archivó esas urgencias y la noche del miércoles --junto con el resto de ministros-- Alva Castro volaba rumbo al sur, haciendo las veces de supervisor y brigadista. Qué sentido tendría ahora hablar de su posible interpelación o especular con su eventual salida. Seguramente pasarán varios días antes de que la oposición retome la idea de someterlo a un interrogatorio.
Algo parecido ocurrió con la ministra Verónica Zavala, titular de Transportes y Comunicaciones. El jueves pasado ella iba a asistir al Parlamento para informar sobre los alcances del cuestionado plan Tolerancia Cero. Los últimos accidentes de buses en distintas carreteras pusieron en duda la eficacia de esa estrategia y Zavala había preparado un discurso para defenderla.
El monumental sismo del miércoles suspendió ese trámite, pero llevó a Zavala a enfrentar una problemática que definitivamente no estaba en su agenda ministerial: el colapso del sistema de telefonía fija y celular, que impidió a millones de peruanos llamar a sus familiares en los angustiosos momentos posteriores al sacudón, y que motivó durísimas críticas de parte del presidente Alan García.
Aunque en plena coyuntura del terremoto Zavala se ha preocupado de que se instale redes alternas que permitan un mayor tráfico de comunicación, dentro de algunas semanas seguramente habrá sectores políticos que le exijan respuestas convincentes sobre estas inoportunas fallas.
MI QUERIDO ENEMIGO
También las relaciones bilaterales con Chile sufrieron un viraje de 180 grados a partir del temblor. El mismo día 15, por la mañana, el canciller José Antonio García Belaunde y el ministro de Defensa, Allan Wagner, convocaron una rueda de prensa para ponerle paños fríos a la belicosa declaración del titular de Relaciones Exteriores de Chile, Alejandro Foxley, que había afirmado que la posición peruana respecto de la frontera marítima del sur era sencillamente inaceptable.
Como se sabe, a Chile no le gustó nadita la cartografía marítima que el Gobierno publicó el domingo pasado en "El Peruano", y su reacción estuvo colmada de no pocos exabruptos.
El álgido intercambio de impresiones entre diplomáticos --sumado al rumor (luego desmentido) de que patrullas chilenas realizaban movimientos fuera de rutina cerca de Tacna-- provocó un clima enrarecido. Entre los periodistas la palabra 'guerra', siendo excesiva, de pronto sonaba groseramente natural.
Sin embargo, el terremoto hizo que Chile dejase su papel de vecino respondón y optara por interpretar al hermano solidario que en el fondo debería ser. La propia presidenta Michelle Bachelet telefoneó a Alan García y le aseguró que su país enviaría ayuda para la región Ica.
TODO SEA POR EL SUR
Para nuestros congresistas, el terremoto impuso un nuevo y ciertamente agitado ritmo de trabajo. Ellos, que el martes pasado tuvieron el primer pleno del segundo semestre legislativo, debieron cancelar el segundo (programado para el jueves) para encabezar diferentes campañas de solidaridad, empezando por el propio titular del Congreso, Luis Gonzales Posada, quien dejó su oficina del Centro de Lima para viajar inmediatamente al sur.
Otros representantes --Lourdes Alcorta, Luis Negreiros, Isaac Mekler, Renzo Reggiardo, etcétera-- se sumaron a esa cruzada, en un esfuerzo que, felizmente, nunca pretendió apelar a la exposición mediática. No está de más mencionar aquí el caso del congresista Édgar Núñez (Apra), quien perdió a cinco familiares en el desastre.
Nadie aguarda que las actividades políticas se reanuden pronto. La situación es lo suficientemente triste como para pensar en interpelaciones, denuncias y comisiones de trabajo. Lo que les toca a los políticos --presidente, ministros, congresistas-- es no descansar hasta que la calma básica se haya extendido en el territorio afectado.
Algunos pisqueños se quejaban ayer de que los dignatarios solo buscan fotografiarse al lado de los muertos. Ojalá que no sea cierto. En todo caso, esperamos que su espontánea solidaridad de hoy no se convierta nunca en chantaje electoral. Y que cuando vuelvan a trabajar al centro no se olviden de pensar en el sur.