PISCO SE RECUPERA LENTAMENTE

Historias de sobrevivientes

Por David Hidalgo Vega. Enviado especial

Los derrumbes de estos días son una catarsis necesaria, el primer estertor de la curación en esta ciudad. Se nota en las vibraciones del terreno que reflejan el paso de los camiones encargados de retirar los escombros. Se nota en los cerros terrosos que la gente escarba porque hasta hace poco eran sus casas. Y es posible comprobarlo en esa manera que tienen ciertos personajes para superar el cataclismo interior y ofrecer una cuota de belleza. El más reciente caso de resurrección en la tragedia es el de Gender Llember Hernández Prada, un hombre que cubrió su luto con un traje de payaso, salió a las calles descalabradas para levantar el ánimo de la gente y conjuró el temor de los niños con chistes inocentes de carpa humilde.

Hasta estos días era conocido como Tripita, pero los campos de refugiados de Pisco le han colocado el apelativo sanador de 'Payasito Terremoto'. Nunca la ironía fue más terapéutica. Tripita es un sobreviviente. El siniestro ha infligido once duelos en su familia, por los parientes que le arrebató, pero de pronto él estaba allí, jugando a la risa fácil, como última evidencia de que el payaso es el sacerdote del buen humor. Herido por el lado de sus primos y tíos, sus padres se libraron de morir y es como si eso le hubiera garantizado una de sus dos reservas de energía. La otra fue su esposa y su hijo, que pasaron junto con él a la lista de damnificados del parque zonal. El sábado último el pequeño Arturo Alberto cumplió 2 años. Ese día, en un recorrido para salvar algunas cosas perdidas, Tripita regresó a la piñatería donde recibía los encargos para encarnar a su personaje. Entre las ruinas apareció el maletín donde suele guardar el traje dorado con cuadros azules y rojos, la peluca tornasolada, las pinturas que disfrazan sus facciones. Fue una caricia de alivio entre los golpes recientes. Esa tarde ofreció una función sorpresa entre las carpas. Hubo risas atrasadas. Hubo agradecimientos silenciosos hacia él.

Mientras celebraba la fiesta de su hijo, Tripita recibió una visita inesperada. La ministra de Trabajo, Susana Pinilla, había llegado en una visita de inspección por los albergues para los damnificados. Alguien la había alertado sobre esa historia y ella se acercó a conocerlo. El payaso sobreviviente que es tuvo ocurrencias que cambiarían su vida: le dijo a la señora ministra que el día anterior conoció a su viceministro, quien más allá de darle una tarjeta no se había manifestado lo suficiente.

--Mejor sáquelo a él y póngame a mí-- dijo el artista.

Más carcajadas, incluyendo las del aludido. La señora Pinilla replicó con igual humor.

--Sí, te lo mereces, pero te voy a nombrar viceministro de la alegría.

Horas después, Tripita volaba a Lima con su esposa y su hijo por invitación de una radioemisora de la capital. Recibió atención médica y anoche debió dormir en una cómoda habitación de hotel después de días bajo la carpa verde en la que fue refugiado con ocho familiares directos. A diferencia de Chocolatín, su colega de risotadas que perdió a su hija, nueve años de alegrar a niños ajenos le han permitido asegurar el bienestar del suyo. Fue la historia más edificante de un día de polvaredas y demoliciones. Una primera señal de que las heridas empiezan a ser limpiadas.