SIN LEY DE BIOTECNOLOGÍA MODERNA SE CONDENA AL RETRASO NUESTRA AGRICULTURA

¿Por qué se frena la investigación?

Por Ernesto Bustamante. Decano del Colegio de Biólogos

El Congreso deberá ver el proyecto de ley sobre biotecnología que ya está en el orden del día del pleno. Su versión original data de 2004 como consenso entre científicos de los sectores académico, estatal y productivo. La autógrafa de ley fue observada por el presidente Toledo como resultado del cabildeo de organizaciones no científicas financiadas por entidades y gobiernos extranjeros que se oponen al uso en el Perú de tecnologías que hace décadas se utilizan con plena bioseguridad como importante instrumento de desarrollo en 22 países como EE.UU., Canadá, China, India, España, Australia, Francia, Argentina, Brasil y Colombia.

La palabra transgénico suena feo en verdad. Y ello se usa para atemorizar, haciendo creer que el consumo de vegetales transgénicos o carne de animales que hayan comido forraje transgénico va a transferir genes o ADN maligno a los humanos u otros seres vivos. Eso es falso y absurdo; nadie ha muerto o enfermado por haber comido productos que tengan origen transgénico. Sin embargo, muere gente por comer malos cebiches, tomar agua contaminada o respirar aire con metales pesados.

Transgénesis significa la introducción permanente de características deseables a plantas o animales. Es casi lo mismo que hace la naturaleza mediante la evolución de las especies; solo que con la biotecnología esto se puede desarrollar en meses en vez de siglos. Por ejemplo, se suele introducir genes que confieren resistencia a plagas (hongos, insectos), a heladas o que retrasen la putrefacción.

Hay varias ONG que han hecho de su oposición visceral a los transgénicos un lucrativo modo de vida. Es más, hasta tienen sitio permanente en el consejo directivo de la institución que es por ley la entidad regente de nuestro medio ambiente. Naturalmente, siendo su presidente un politólogo y arquitecto su secretario ejecutivo, nuestra máxima autoridad ambiental es influenciable y carece de liderazgo e impacto técnico de gestión.

En el Mercado Central de Lima se puede conseguir peces transgénicos vivos: Por 30 soles venden un pez ornamental que lleva el gen de una malagua que le hace emitir luz verde bajo luz ultravioleta. Estos peces ingresan de contrabando ante la vista gorda de las 35 instituciones responsables de la protección del medio ambiente en el Perú, tal como describió El Comercio en un reciente editorial. Los transgénicos ya están en el Perú desde hace años. El 60% de la soya que se produce en el mundo es transgénica y es base de ingredientes de alimentos procesados como mayonesa, cerveza, margarina, galletas, caramelos o chocolates. La mitad de los productos procesados de supermercados o bodegas es transgénica. Oponerse a los transgénicos es hipócrita y tan descabellado como lo sería decir: No a los celulares, DVD o las luces de neón.

Sin ley de biotecnología se impide a los científicos del Perú emplear la biología molecular en beneficio del desarrollo económico del país. Es grave observar que un gobierno regional --alentado por grupos extranjeros-- pretende castigar a los científicos del Centro Internacional de la Papa por su reciente anuncio de haber generado una variedad de papa transgénica resistente a un insecto, lo que hace innecesario usar plaguicidas nocivos para el hombre y el ambiente. Sorprendentemente, sugieren que solo se exporte la semilla a otros países y que los agricultores peruanos nunca se beneficien con su siembra.

La ley de biotecnología moderna establecerá cómo los peruanos podremos aplicar la ingeniería genética al desarrollo económico del Perú. Su promulgación no implica peligro para nuestra biodiversidad sino otorga un marco legal para protegerla, y regulará la importación, producción y exportación de organismos genéticamente modificados y sus derivados.