Si los peruanos somos capaces de querernos, como lo muestra nuestra conducta actual, tal vez podamos empezar a soñar en trabajador unidos
Por Rolando Arellano. Doctor en márketing*,
Aunque el crecimiento económico en el Perú pone contentos a muchos, no dejan de aparecer voces que señalan que se trata de una coyuntura internacional favorable, que pronto podría terminar. El comportamiento de los peruanos ante el reciente terremoto nos hace pensar que este crecimiento puede durar mucho más.
En efecto, sabemos que muchas de las bases del crecimiento económico actual son coyunturales o volátiles. Hasta hoy este se ha basado fuertemente en el mayor precio mundial de los minerales y en el incremento de la demanda de espárragos y otros vegetales, así como en la llegada de más turistas al país. Es claro, entonces, que variaciones internacionales de la demanda, que no dependen mucho de nosotros, podrían hacer peligrar de un momento a otro estos generadores de ingresos al país. Más aún, si bien estas oportunidades encontraron un par de gobiernos que respetaron las reglas del juego económico y estimularon la inversión, la inestabilidad legal y política en el país está siempre amenazada.
¿Es entonces este crecimiento sostenible en el tiempo o se trata de un accidente feliz en la economía peruana? ¿Es decir, somos capaces los peruanos de transformar esta oportunidad coyuntural en crecimiento sostenido?
La historia peruana moderna nos respondería con un rotundo no, pues la pobre identificación de los peruanos con el país nos hizo siempre aprovechar las oportunidades de manera individual y cortoplacista, sin pensar en un desarrollo común. En efecto, más de una vez los peruanos hemos mostrado que, al no querernos entre nosotros, no estamos dispuestos a trabajar por el país, que es propiedad común. Sin embargo, los actos de solidaridad que estamos observando en el caso del terremoto del sur nos indican que eso parece estar cambiando drásticamente, para bien.
Hoy todos estamos sorprendidos de la gran corriente de ayuda que se ha generado para ayudar a nuestros paisanos afectados. Miles de personas se han movilizado para paliar su sufrimiento, al punto que no existe barrio en el país, rico o pobre, en donde no haya colectas pro damnificados. Pero no se trata solo de ayuda material sino también de identificación emocional con los afectados, y basta como ejemplo ver que no hay persona en el Perú que no busque un periódico o tenga puesta perennemente la radio --bravo por RPP-- para enterarse de la situación. Más aun, quienes trabajamos con empresas, no podemos dejar de sentirnos orgullosos de la manera en que el sector empresarial ha reaccionado en esta situación, dando ayuda de diverso tipo en las zonas del desastre.
En fin, si los peruanos somos capaces de querernos, como lo está demostrando nuestra conducta actual ante el desastre de nuestros paisanos, tal vez sí podamos empezar a soñar con que somos capaces de trabajar unidos para aprovechar las oportunidades actuales y seguir creciendo.
* CENTRUM CATÓLICA . ARELLANO MÁRKETING. INVESTIGACIÓN Y CONSULTORÍA.