MI NEGOCIO
Mientras miraba cómo caían las paredes de su negocio, Joselin Flores no pensó en los US$5.000 que invirtió para levantarlo, ni en los US$800 mensuales que pagaba de alquiler. Pensaba más bien en cómo ella y sus dos empleadas --su hermana y su amiga-- habían, felizmente, decidido salir de la "fuente de soda Sandrita", donde, segundos antes, en un abrazo y a gritos, las tres intentaban aplacar el miedo por el terremoto.
Una semana después, Joselin puede tener un balance de sus pérdidas: 100%.
Hace solo tres años que había decidido poner el negocio y la verdad es que le iba bastante bien. Claro, el local estaba en plena Plaza de Armas de Ica y aunque el precio del alquiler era altísimo, el juguito vespertino ya no era un lujo para los iqueños, así es que las ventas justificaban el esfuerzo. Por eso, hace solo unas semanas había podido terminar de pagar los US$5.000 de capital inicial que pidió al banco.
Con la ayuda de amigos está limpiando los escombros. "Quiero comenzar a vender otra vez mis jugos de inmediato porque es mi sustento diario y no quiero que se pierdan tantos años de esfuerzo y amanecidas", cuenta, pero lo que necesita es mucho más que entusiasmo. Son unos US$15.000, según sus cálculos, que ya le han sido negados por un par de bancos a pesar de que ofreció hipotecar la casa de sus padres. "Muchos me cierran las puertas", agrega.
En un nuevo intento, Joselin ha iniciado una solicitud de crédito con el Scotiabank. "Pienso reabrir en noviembre", finaliza, con la seguridad de quien no sabe rendirse.
La historia de Víctor Ormeño se parece a la de Joselin en una cosa: también tiene que empezar de nuevo. Paradójicamente, lo que vende el Sr. Ormeño son ladrillos. No quebrados ni manchados de sangre, sino frescos y firmes. Los ha vendido desde hace 20 años, y hasta el 14 de agosto tenía un terreno de 1.500 metros cuadrados donde funcionaban su casa y su empresa. Hoy, calcula, le queda el 20% de todo. Perdió, entre otras cosas, los hornos con los que hacía 28 millares de ladrillos al día, y aunque había pagado los US$10.000 que debía a la Caja Rural, no sabe con qué pagará la deuda que adquirió hace poco con un familiar de EE.UU. para comprar maquinaria más moderna.
No sabe si el esfuerzo de sus cinco hijos será suficiente para levantar otra vez "Ladrilleras Santa Angélica", pero tiene la esperanza de volver a funcionar en 15 días.
También en Ica, pero en el caserío Quilloay, la bodega La Blanco parece decir que 400 años son suficientes. La casa hacienda está destrozada y las estructuras, cercos, columnas y fermentadores con que se hace el pisco están llenos de grietas. Carlos Mejía, hijo del dueño de la marca La Blanco, estima que reparar todo eso costará unos US$250.000. "Tendría que pedir un financiamiento a 20 o 30 años", piensa Carlos.
LAS MÁS AFECTADAS
Como La Blanco existen unas 180 bodegas en Ica que están pensando cómo salir de esta. Como Joselin o el Sr. Ormeño hay unas 120.000 microempresas y pequeñas empresas (mypes) en todo el departamento de Ica, según Hugo Rodríguez, coordinador nacional del Programa Mi Empresa, antes Prompyme.
No tienen seguros contra desastres o espaldas financieras que los respalden, como las grandes agroexportadoras o textileras, protagonistas mediáticas del famoso pleno empleo de Ica. Lo que sí tienen es el entusiasmo --contagio, probablemente, de las muestras de solidaridad que llegan a la zona devastada-- y la percepción, ojalá correcta, de que la recuperación de sus negocios será rápida.
"Muchas de las mypes trabajan en sus propias casas, allí instalaban una pequeña bodega o restaurante. El problema es que muchos se han quedado sin vivienda, sin negocio, es decir, sin sustento, sin capital de trabajo y sin inventarios, que en muchos casos no son propios, sino en base a créditos de empresas, por lo que si algo les queda, son deudas. Además, si les queda algo de capital, tienen que invertirlo en arreglar su casa o la del hermano", explica Ricardo Rivera, presidente de la Cámara de Comercio de Ica.
Este gremio iniciará mañana lunes, un censo empresarial para conocer exactamente las dimensiones de cada negocio --formal o informal-- antes del desastre y lo que necesitan para levantarse. En base a eso, aseguran, solicitarán al Gobierno un préstamo especial para las medianas, pequeñas y microempresas, a bajos intereses y largos plazos. "Lo hacemos porque en esta tragedia las que más preocupan son las mypes y pymes", dice Rivera.
Y es que la situación para este tipo de empresas no se muestra nada positiva: la informalidad es tan grande que no hay estadísticas sobre las cuales basar un programa de reconstrucción de mypes; esto porque la mayoría son pequeños comercios o empresas de servicios familiares (sobre todo, de comida), que emplean a dos o tres miembros de la familia. Además, su financiamiento está basado en las provisiones que los distribuidores entregan a concesión, o en préstamos, que en muchos casos son solicitados como personales o de consumo, para fines de evasión fiscal.
DEUDAS I
Para los cerca de 4.000 pequeños comercios (entre bodegas, panaderías y restaurantes) de Pisco, Ica, Chincha, Cañete y Nasca que se abastecen con los productos de la empresa Alicorp, más allá de la pérdida parcial o total de su mercadería, el efecto más devastador del terremoto es la paralización de sus actividades. Diógenes Marín, gerente general de Distribuidora de productos Alicorp D.F. Marín, en Chincha Alta, comentó que hasta ahora no han detectado clientes con pérdidas totales.
Según dice, el 45% de sus clientes le compra a través de créditos y aunque la cifra no es baja (sus ventas mensuales ascienden a S/.2,3 millones), ha decidido ampliarles los plazos, ya que se tratan de clientes con los que mantienen relaciones comerciales desde hace varios años.
En tanto, la Distribuidora Castillo Castillo de Ica, ha optado por otros mecanismos para dar facilidades a sus clientes que han perdida parte de su mercadería. Javier Mendoza, supervisor de ventas de la empresa --que también es distribuidor exclusivo de Alicorp-- informó que a los negocios que han abierto sus puertas se les está dando mercadería adicional para que con esos ingresos vayan subsanando sus deudas pendientes.
Además, comentó que de los 2.000 clientes que atiende en Ica y Nasca solo han registrado 10 casos que han perdido la totalidad de la mercadería. Por ahora, la actividad comercial se ha reactivado en Chincha en un 30%, en Cañete un 60%, pero en Pisco solo el 5%.
Otras empresas, como Backus, todavía no tienen nada definido sobre este tema, y confían en poder analizar caso por caso las facilidades de financiamiento que darán a sus clientes.
DEUDAS II
El panorama para las mypes que se financiaron con la banca o las cajas rurales está, también, lleno de buenas intenciones. La Asociación de Bancos (Asbanc) anunció días atrás que todos los bancos aplazarían por 60 días los pagos de las deudas que las empresas o personas de las zonas afectadas tienen actualmente, sin embargo, la mayoría de microempresas prefieren pedir préstamos a las cajas, que exigen menos garantías.
Las cajas municipales de Ica y de Pisco, así como la Caja Rural Nuestro Señor de Luren, dijeron que estudiarían caso por caso los pedidos de aplazamiento del pago de deudas, sin embargo, la gran preocupación es hasta qué punto podrán estas instituciones financieras perdonar los plazos, teniendo en cuenta que el 92% de los créditos de la Caja del Señor de Luren pertenece a la zona afectada, y en el caso de las cajas de Ica y Pisco, 63%.
Al 31 de julio, para el sector microfinanciero, en la zona afectada por la catástrofe, la caja municipal de Ica tenía colocaciones con 38.000 clientes por poco más de S/.124 millones; la Caja de Pisco S/.18 millones entre 7.300 clientes; la Caja Señor de Luren S/.103 millones en 28.000 clientes y la Edpyme Efectiva, la única institución en esa categoría en la zona, S/.769.000 en 61.000 clientes.
¿Quién prestará, entonces, a los microempresarios de Ica lo que necesitan para volver a comenzar? Más aun si, según el presidente de Asbanc, Enrique Arroyo, solo para hacer los cobros los bancos se enfrentan a la inusitada situación de no tener las direcciones de los prestatarios, porque las casas ya no existen, porque ahora solo hay una masa de carpas. Si la situación es tan desesperada que, según el Banco de la Nación, al abrir sus puertas en Pisco para que la gente retire dinero, más fue el monto depositado porque la gente temía que el poco capital que encontraron entre los escombros les sea robado.
Aunque nada sea certero para estos miles de empresarios, ni los escombros ni las penas parecen haber borrado de su mente la palabra clave: emprendedor.
PAGOS DE MYPES
4Los créditos del sistema financiero en el departamento de Ica, incluyendo bancos y cajas, asciende en la actualidad a S/.761 millones.
4Según el gerente de riesgo de la caja rural Señor de Luren, Armando Zeta, sus clientes cumplen puntualmente sus obligaciones. Incluso los que viven en Pisco, donde la oficina está cerrada, pagan en Chincha o Ica.
4La mayoría --o casi todas-- de mypes y pymes carece de seguro contra siniestros. Según Rímac y Pacífico, las personas prefieren asegurar sus autos antes que sus casas, pues no perciben riesgos.