Por Fernando Vivas
Ayer, una sitcom gringa protagonizada por mujeres de ídolos de fútbol americano (por error, dije que eran beisbolistas) "The Game", me dio el pie para hablar de nuestras jugadoras, así bautizadas por el machismo que las culpa de distraer a los inimputables cracks con disfuerzos y cuchi cuchi. Hoy, nuestra realidad pelotera Sub 17 nos obliga a inclinarnos ante otra categoría mujeril, de mayor peso y 'feeling': las mamás jotitas.
Los coleguitas de Reimond Manco, por razones de juvenil inexperiencia o de pueril disimulo, no pueden estar exhibiéndose por allí con sus parejitas, ya sean firmes o fugaces como una ventolera. Bueno, sí pueden, pero no se lo recomendamos, pues podrían estar haciendo luz sobre su vida sexual y, en este Perú que a veces recula, puede meter en problemas al que volantea sus coitos sub 18. Pero nada de eso nos importa, solo los triunfos de los muchachos.
Pues resulta que, a falta de las dulces innombrables, son otras mujeres las asediadas por la prensa deportiva para completar la foto: las mamás. Los papás son tan o más importantes que ellas en el desarrollo profesional del nene, pero la cultura popular latina es mamista por antonomasia y necesita de la bendición maternal, de sus arrumacos y sus advertencias que entran por el oído derecho y salen por la punta del chimpún izquierdo.
Doña Ángela Albarracín, por ejemplo, la mamá de Reimond, lleva protagonizados varias reportajes en los que, siguiendo el juego de fuera de la cancha, se jacta de proteger a su chico contra enemigos femeninos que, sigamos con el juego, pueden ser tan peligrosos como Togo o Tayikistán. Para la Sub 17 todos los días son de la madre.
Las jugadoras tendrán que esperar si no quieren violar la ley y vérselas con mamás armadas, como doña Emérita Sánchez, protectora de César Ruiz, o Cecilia Aróstegui, voleibolista profesional, esposa de Juan Carlos Bazalar y autora de los días de Alonso, el que se jaló los ojos cuando metió gol a Corea del Sur. Creímos que se burlaba de los rasgos étnicos de los anfitriones, pero él asegura que lo hacía pensando en su hermano menor que es algo 'jaladito'. Ah, estos chibolos. Para rematar el juego, digamos que nos sacan la mamá y el papá que todos llevamos dentro.