EXPERIENCIAS EXITOSAS QUE DEBEN APLICARSE

Cómo frenar las muertes en las carreteras

Por Juan de Dios Olaechea. Empresario

Si bien oficialmente la pena de muerte no existe en el Perú desde hace muchos años, hoy una gran cantidad de peruanos --en especial los más pobres-- están condenados prácticamente a la muerte todos los días al transitar por las peligrosas carreteras del país. Es un problema de larga data y de suma gravedad que las autoridades no están afrontando, a pesar de la existencia de experiencias exitosas aplicadas en varios países.

La mayor cantidad de accidentes en nuestras carreteras no obedece solo a las deficiencias técnicas de los vehículos (es un factor, pero no el principal), sino principalmente a la excesiva velocidad y a la falta de descanso de los choferes. Ello lo podemos comprobar cada día.

La semana pasada transitaba rumbo a Ica y tuve la tristeza de comprobar in situ, una vez más, que casi todos los ómnibus, a excepción de uno al que me referiré especialmente luego, iban a una velocidad superior a los 120 km/h. Lo curioso es que cuando estos señores se cruzaban con los patrulleros de la policía, se hacían cambios de luces, señal de una complicidad evidente. A una velocidad de 120 km/h a 130 km/h no existe ómnibus en la tierra capaz de ser controlado ante una contingencia. Las leyes de la inercia y centrífuga --inderogables-- llevan necesariamente a esos ómnibus, con sus inocentes víctimas, al inexorable accidente mortal.

Vale la pena mencionar la excepción que vi en mi recorrido a Ica, porque es un buen ejemplo. Se trata de los ómnibus Ormeño Royal, que sí respetaban los límites de velocidad. ¿Y por qué lo hacen? Me pregunté. Luego averigüé que estos vehículos llevan una velocidad controlada. Es decir, la caja está programada mecánicamente para que el chofer no pueda ir más rápido que 90 km/h. Esa limitación es la que hace que estos ómnibus --como los de otras empresas que cuentan con ese sistema-- no hagan primera página en los periódicos.

Las reglas de tránsito se cumplen en Europa, EE.UU. y, más cerca, en Chile. Un ómnibus que circula en una vía de doble sentido no puede exceder los 90 km/h. Un ómnibus en una autopista de doble carril no puede exceder los 110 km/h, y esta norma funciona porque las autoridades la hacen cumplir utilizando todos los medios tecnológicos existentes. En cambio, en nuestras carreteras con mal mantenimiento, curvas cerradas y desniveles pronunciados, a pesar de que legalmente se establece el límite de velocidad de 80 km/h, este simplemente no se cumple.

¿Qué hacer? Hay varias posibilidades. En Europa, por ejemplo, es obligatorio que los ómnibus de más de nueve pasajeros y los camiones con más de 12 toneladas lleven cronotaquígrafos, que son instrumentos que controlan tanto los tiempos de trabajo de los choferes como las velocidades y las paradas del vehículo. Un ómnibus o un camión sin este instrumento no puede circular, y tenerlo fuera de servicio implica la detención inmediata del vehículo. Por otro lado, existen los radares (fijos y volantes), en todas las carreteras, para controlar las velocidades. Estos son maniobrados por servidores del Estado que no guardan relación de complicidad con las compañías de ómnibus. Aquí, en el Callao, hemos visto cómo los radares con fotografías han reducido la velocidad de todos los conductores que manejan en esa zona. O sea que sí funcionan. Además, se requiere el complemento de sanciones muy rápidas y graves, como la suspensión o anulación total del brevete. Otra solución es seguir el ejemplo de Ormeño Royal y otras empresas responsables, y simplemente limitar mecánicamente la velocidad de todos los ómnibus, e impedir que los choferes incumplan el reglamento.

Como se observa, para afrontar el exceso de velocidad y la falta de descanso de los conductores hay soluciones: puede utilizarse los radares con aparatos fotográficos que controlen las velocidades, los cronotaquígrafos que registren la velocidad, las paradas y los tiempos de trabajo de los choferes y, por último, aplicar limitaciones mecánicas a la velocidad del ómnibus y sancionar drásticamente a los conductores que no respeten las reglas de velocidad.