MIS INICIOS

Se abrió paso con una cerradura

Inventó el popular cantol en 1971. Con los años la inseguridad ciudadana lo hizo crecer

Por Mayra Castillo

Sí, es peruana. Esa tranca de acero que cruza su umbral y asegura su puerta, su casa, sus bienes y su familia fue diseñada por un peruano. "Y serrano, porque soy huanuqueño de nacimiento y huantino de corazón", dice Víctor Raúl Cánepa, gerente general de la empresa Cantol e inventor. ¿Acaso hay algo más peruano que nombrar los productos populares por su marca, como quáker a la avena o chicle a la goma de mascar? Igual pasa con cantol, nombre con que se patentó la tranca en cuestión.

Todo empezó en el Callao, distrito donde vivían dos tías de Cánepa. Ellas estaban aterradas ante la posibilidad de ser víctimas de un asalto. Cada vez que él las visitaba, le contaban los últimos robos del barrio. Para ese año (1971), Cánepa tenía una experiencia laboral variopinta: trabajó en artesanías, fue profesor de electricidad en Huanta (Ayacucho) y hasta hizo dibujos mecánicos en la Escuela Militar de Chorrillos. Su instrucción universitaria es parecida. Abandonó tres carreras: el Derecho, la Agronomía y la Ingeniería Mecánica. "Quería que todos los días me enseñaran algo nuevo, pero sentía que perdía el tiempo. No me ayudaban a llegar a la meta". ¿Cuál era ese objetivo? Salir adelante ganándose el respeto, siendo un hombre diferente. Por eso, cuando a los 27 años sus tías se lamentaron de que no hubiese una tranca que se abriera desde fuera, se le iluminó el foco y se puso a trabajar.

Tardó seis meses en diseñar el cantol. Desarrolló 80 prototipos en el taller mecánico de un amigo del Callao. "Allí me reunía con un grupo de ingenieros italianos, quienes juzgaron mi diseño durante ese tiempo y me aconsejaron". El diseño 81 --al que ya podía llamársele invento-- prometía ser un lucrativo negocio.

Sin embargo, no hubo inversionista que creyera en el cantol y, durante dos años, Cánepa tocó puertas hasta perder el ánimo. Escondió sus planos y, en 1974, volvió a Huanta muy deprimido. Francisco Marmanillo, un amigo huancaíno, había oído de su invento y le pidió que se lo mostrase. "Sin él nada hubiese pasado. Me ofreció su casa de Huancayo para que la hipoteque y saque el cantol adelante". Del banco recibió un crédito de S/.120 mil y compró máquinas (tornos, fresas, taladro, prensa y cepillo). A los seis meses, en 1975, con apenas una producción de 50 cantoles al mes, alquiló un stand en la Feria del Hogar. "Fue terrible porque fue un éxito. Por un momento me arrepentí", se ríe. Vendió todo tan rápido que quiso cerrar el local, pero la organización se lo prohibió. Así fue como lo abrumaron con pedidos de 700 cantoles.

Desde entonces, su crecimiento ha sido tan exponencial como la inseguridad en las viviendas. El año pasado se mudó a un local de Ate de 2.500 metros cuadrados, donde el 80% del área está destinada a la producción. Y desde el 2001, con el ingreso de sus hijos Raúl y Patricia, cambió la forma de distribución de su producto en ferreterías. Cantol ocupa el 20% del mercado de cerraduras de sobreponer y cerraduras clásicas. El 35% de la mercadería va a provincias y el resto se queda en Lima.

La exportación llegará el próximo año con la apertura de distribuidoras en Bolivia y México. Mientras, Víctor Raúl Cánepa se asegura y sigue creando, inventando. Tiene la llave para eso.

MIS CLAVES
4
Trabajo duro. Al buscar inversión, al habilitar máquinas a mis necesidades, al mejorar diseños. No hay lugar para el cansancio.
4Ganarse al usuario. Fabricar productos de acero y bronce elevan costos pero tenemos clientes que confían en nuestra protección. Muchos creen que cantol es extranjero porque es muy bueno.
4Ambiente agradable. La planta no debe ser un taller grasiento sino más bien una especie de clínica, como la nuestra.
4Gratitud. Comparto mi experiencia de vida con jóvenes de colegios, para animarlos a trabajar por su cuenta.