Por Alberto Villar Campos
Una mariposa tatuada en el cuello fue la única prueba que necesitaron los padres de Jana Claudia Gómez Menéndez (21) para saber, a 548 kilómetros de distancia, que se trataba del cadáver de su hija. Era el 24 de agosto y habían pasado 52 días desde la última vez que la vieron. Patricia Gómez, su madre, recuerda que, al ver el tatuaje de su primogénita en un noticiero de la televisión, rompió en un llanto ahogado. Desde aquel día, en Trujillo, la historia de la aparición de la joven chiclayana dentro de una maleta en el mar barranquino ha sido la única y más pesada carga que tuvo alguna vez que llevar su familia.
Pese a que el miércoles último, en una ceremonia marcada por los fríos ventarrones de Huanchaco y las lágrimas repartidas entre una multitud silenciosa, Jana fue, al fin, sepultada en el cementerio Parque Eterno, la interrogante sobre los hechos que precedieron a su muerte continúa rondando aún a los Gómez Menéndez. ¿Quién asesinó a Jana y por qué dejaron su cuerpo dentro de una valija?
EL PODER DEL AMOR
Jana conoció a William Trickett Smith II, un estadounidense nacido en Pensilvania hace 26 años, a fines del 2005, a través del chat. Pese a la lejanía, ambos forjaron rápidamente una relación amical. En febrero del 2006 se hicieron enamorados. En agosto de ese año, él llegaría a Perú por vez primera. "Era un joven amable, respetuoso, no despertaba sospecha", dice la madre de la víctima en la sala de su casa, en la urbanización trujillana de Vista Alegre. Desde aquella oportunidad, él, cuenta, visitaría a su pareja mensualmente, hasta febrero de este año, en que decidieron casarse. El matrimonio fue civil y se realizó el 1 de marzo, en Trujillo. La madre de Jana fue la testigo en una ceremonia sencilla que incluyó un paseo por la plaza de la ciudad y una reunión breve pero cariñosa. Trickett Smith II partió a Estados Unidos días después de la boda.
Jana, una muchacha alegre que en el 2005 dejó sus estudios de Administración en la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO), parecía profundamente enamorada de su joven esposo, refiere la madre de la víctima. Pero algo extraño sucedía. Según le confiaron por primera vez amigos de su hija el día del entierro, Trickett Smith II era una persona posesiva que ejercía un fuerte poder psicológico sobre Jana. "William le había prohibido tener contacto con sus amigas", refiere Patricia Gómez, quien lamenta ahora que su hija haya guardado estos secretos. Otro indicio del control que el estadounidense tenía en la relación fueron las tres veces que, a pedido suyo, Jana cambió el número de teléfono de la casa de sus padres.
La madre dice que, no obstante su carácter independiente y reservado, en los días previos a su desaparición, su hija se mostró particularmente complaciente. "Salimos al cine, a comer, de compras", indica. Todo habría de cambiar, fatalmente, a las 6:15 de la mañana del 3 de julio: ese día Jana fue a la habitación de su madre y le avisó que viajaría a Lima para encontrarse con su esposo.
UNA EXTRAÑA COINCIDENCIA
Además del tatuaje de la mariposa, los padres reconocieron la maleta en cuyo interior fue hallado el cadáver de Jana. Esta pertenece a Trickett Smith II. "Él traía esa y otra igual, pero de otro color, cuando venía --dice Patricia, y añade--: Incluso, ella ayudó a hacer esa maleta la última vez que William estuvo aquí". Esto sucedió a mediados de junio y lo extraño para ella es la prontitud con que Trickett Smith II volvió al país, a inicios de julio. "Aunque me dijo también estar sorprendida, mi hija parecía apurada por encontrarse con él", recuerda. El 3 de julio, el día que partió, Jana llevó consigo apenas unas pocas prendas en una de sus mochilas favoritas.
Cinco días después, el 8 de julio, los Gómez Menéndez recibieron una llamada desconcertante. Era Trickett Smith II, quien preguntaba por su esposa. No le respondía las llamadas desde hacía varios días, aseguró. "¿No estás tú con ella?", recuerda Patricia que una de sus hermanas le preguntó al norteamericano. "No, yo estoy en Estados Unidos", fue la parca respuesta.
Era cierto. Según el archivo migratorio, el ahora principal sospechoso de la muerte de Jana salió el 8 de julio del país. Lo extraño es que Trickett Smith II lo hizo solo tras permanecer cuatro días en la capital, en un hostal de Lince identificado ya por la División de Homicidios de la Policía, cuando en realidad él, las veces que llegaba, solía quedarse de visita dos semanas como mínimo. De eso dan cuenta sus movimientos migratorios, que empezaron en agosto del año pasado, justo en los tiempos en que oficializó su relación con Jana.
¿Qué lo obligó a volver tan rápido y, sobre todo, por qué la joven chiclayana no regresó a Trujillo después de verlo?
¿QUIÉN LA INCOMUNICÓ?
Desde aquel día, los padres --que ignoraban lo anteriormente descrito-- y el esposo de Jana mantuvieron estrecho contacto telefónico hasta el 1 de agosto, fecha en que acordaron encontrarse en Lima. A Trujillo volverían dos días más tarde, luego de una infructuosa búsqueda en la capital. "Apenas veía una foto de mi hija, él se ponía a llorar; lo hacía todo el tiempo", recuerda Patricia. Su yerno decidió viajar a Chiclayo, pero aseguró a su familia política no haber hallado pistas sobre su paradero. La mañana del 14 de agosto, ya de vuelta en Trujillo, Trickett Smith II le anunció a sus suegros que retornaría a Lima. "Dijo que tenía que volver a su país y no dio más explicaciones", refiere la madre. El terremoto en el sur del país, al día siguiente, frustraría sus intenciones. "Llamó ese día para preguntar cómo estábamos".
El 16 de agosto, Trickett Smith II llamó por teléfono para contar que ya había viajado a Estados Unidos, ese mismo día la valija azul con el cadáver de Jana era encontrada sobre el mar de Barranco --el sismo, al parecer, habría ocasionado que esta saliera a flote--. Según su archivo migratorio, el estadounidense no salió, al menos por avión, del país. ¿Fue acaso aquel viaje de búsquedas sin suerte, de tensos y desconcertantes encuentros familiares, una coartada del joven ahora sospechoso? ¿Lo fueron, a su vez, las siguientes llamadas a Trujillo, previas al 26 de agosto, cuando los padres reconocieron oficialmente en la morgue de Lima el cadáver de su hija y la madeja de este extraño crimen empezó, lentamente, a desenredarse?
Desde que la noticia de la identificación de Jana vio la luz, William Trickett Smith II no ha vuelto a comunicarse con su familia política. Hace unos días la policía peruana afirmó que había sido detenido en Pensilvania, pero la embajada peruana y la policía estadounidense no han confirmado la captura.
PREGUNTAS FINALES
En esta historia de viajes sin retorno hay dos pistas pendientes por esclarecer.
La primera tiene que ver con el teléfono celular de Jana, comprado, según reveló su madre, varios meses atrás por su yerno. Se supo que el aparato fue reportado como robado el 2 de julio (un día antes de su partida de Trujillo). Esto pudo haberlo hecho la propia Jana o alguien que se hizo pasar por ella. Dos días más tarde; sin embargo, la joven chiclayana llamó para solicitar su reconexión, alegando que este no había sido robado. Horas después de haberse reactivado el servicio, alguien llamó para, nuevamente, gestionar su suspensión. ¿Quién lo hizo? ¿Ella o alguien que, aparentemente, quiso incomunicarla?
La segunda pista, que será absuelta en los próximos días, permitirá determinar la causa real y la fecha exacta en que murió (no se sabe si tenía entre ocho y doce días de fallecida). Al momento del hallazgo, el cuerpo no presentaba signos de violencia externa o interna. Fuentes del Instituto de Medicina Legal han lanzado como hipótesis una sobredosis de cocaína o un golpe imperceptible que le produjo hemorragias internas mortales.
Con el transcurrir de los días, la identidad del estadounidense se vuelve cada vez más compleja ante los ojos de los investigadores, y los retazos de su abrupta relación con la joven chiclayana juegan ahora en contra del doloroso e imperturbable deseo de los Gómez Menéndez de saber quién asesinó a la mayor de sus tres hijos. Hay todavía más preguntas que respuestas y un solo misterio que busca resolución.