Comentario del Editor: Interpelaciones internas que nadie quiere impulsar

Ministros y legisladores apuestan sus cabezas por estructuras corruptas que no quieren ver ni cambiar

Por Juan Paredes Castro

La señora Tula Benites mete un empleado fantasma en el Congreso, es descubierta y no le pasa nada durante un largo tiempo. Encima amenaza groseramente a la prensa, e involucra a su partido, el Apra, en un vergonzoso compromiso de impunidad salvado a las justas con fórceps anoche.

¿Por qué hizo lo que hizo y hace lo que hace con abierto descaro y por qué el Congreso tardó tanto en sancionarla como se debe?

Un enjambre de parlamentarios electos armó una revuelta violenta en pleno recinto del Congreso en vísperas de la inauguración del régimen legislativo 2006-2011.

¿Por qué hicieron lo que hicieron tan sueltos de huesos y por qué el Congreso se ha ahorrado tan cínicamente la sanción ejemplar que merecerían?

Se convocan dos licitaciones de compras de patrulleros en gestiones ministeriales sucesivas: una de la señora Pilar Mazzetti y otra del señor Luis Alva Castro. Ambas licitaciones abortan por sospechas de irregularidades. Aparentemente ni Mazzetti ni Alva Castro estarían comprometidos en el intríngulis del negocio. Ocurre, eso sí, que en la Policía Nacional y en el Ministerio del Interior existe una estructura de compras que se las trae, no de ahora, sino de todos los tiempos.

¿Por qué fue fácil sacar una licitación irregular en uno y otro caso y por qué nadie en el Gobierno se atreve a cambiar las reglas de juego de modo que las especificaciones de las compras puedan ser supervisadas?

Los buses-camión siguen circulando. Los choferes de transporte público sin licencia de conducir autorizada continúan ocasionando nuevos accidentes y muertes. Las estaciones de las agencias funcionan donde quieren, no donde deberían estar.

¿Quién es el viceministro que tiene que ver con el transporte terrestre, quién el director general, quiénes los directores de supervisión más directos y quién la directora o director de administración que visa, autoriza, controla o finalmente se hace de la vista gorda?

Nadie puede quitarle al Congreso su atribución de interpelar y censurar a los ministros. Pero cuando un congreso como este no da el ejemplo de interpelar primero sus arranques de impunidad, sencillamente carece de la autoridad moral para pretender llevar a las horcas caudinas a Luis Alva Castro o a Verónica Zavala, que de paso tienen que mirar mejor los pisos bajos de sus respectivos ministerios, donde demasiadas cosas se pudren al aire libre.