FILOSOFEMAS

La reforma del Estado

El dinero que recolecta el Estado aún no se redistribuye debidamente y los pobres quedan excluidos

Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo

Muchos políticos y personas entendidas han hablado sobre la urgente necesidad de reformar el Estado. La razón es obvia: el Estado no funciona. No funciona porque todo lo que le corresponde hacer --que es muchísimo-- no lo hace o, si lo hace, lo hace de manera imperfecta y, sobre todo, increíblemente morosa. Para que funcione, debe cumplir cinco condiciones: mejorar la justicia, el manejo de la economía, la capacidad de los empleados públicos, ser transparente y resolver el problema de la educación.

Por el contrario, las empresas privadas funcionan de modo ejemplar. Salvo la falta de transparencia, comprensible por razones de competencia, son manejadas de modo impecable. En sus cuentas, en el pago de sus impuestos, en la planilla de sus empleados y los horarios en que trabajan. Algunas empresas son sancionadas, a veces gravemente, cuando no cumplen como se debe las reglas impuestas por el Estado. Es la única cosa en que el Estado parece ser eficiente. Pero si las sanciones han sido erróneas, y la multa ha sido injusta, vaya usted a reclamar. En este caso, se regresa a lo de siempre: salvo excepciones y en caso de que la empresa sea muy poderosa o esté manejada por personas de gran prestigio o con poder político, debido a su amistad con personas de alta posición en el Gobierno, el pobre reclamante pasa las de Caín.

Contra la ineficiencia del Estado, algunos gobernantes luchan denodadamente, como es el caso del actual mandatario, o del presidente de la Corte Suprema. Y también de algunas autoridades regionales como la de Lambayeque y algunos alcaldes de gran calidad, como el actual burgomaestre de Lima. Conocido es el caso que hasta hace poco para obtener la licencia para abrir una empresa, la demora era tan gran grande que después de esperar interminables meses, el empresario se descorazonaba y terminaba por renunciar al negocio.

Hoy las cosas han cambiado. La espera es mucho menor, lo que está contribuyendo a que cada vez se abran nuevas empresas, incrementando la bonanza económica que día a día aumenta en el país. Sin embargo, otra ineficiencia del Estado es que la gran cantidad dinero que recolecta, aun no se redistribuye debidamente y los pobres quedan excluidos, aunque reconocemos que se están realizando grandes esfuerzos para superar esta situación.

Todo permite esperar que, debido a los cambios señalados, el problema de la ineficiencia estatal pueda ser resuelto dentro de un tiempo prudencial. Pero desgraciadamente hay un problema cuya solución demanda un tiempo excesivamente largo, a pesar de que es el más importante de todos: la educación. Todos sabemos lo que ha sucedido. Primero, la incalificable demora --producida por la resistencia del Sutep dominado por Patria Roja-- a que los maestros estatales fueran evaluados. Y ahora la total ineficiencia de los maestros del Estado, que no pueden lograr que sus alumnos tengan comprensión de lo que leen. Ni siquiera ellos mismos la tienen, con algunas excepciones, claro.

¿Cuánto tiempo demandará superar esta situación? ¿Cómo saberlo? Pero el hecho cierto es que para lograr que los actuales maestros logren salir del marasmo en que se debaten habrán de pasar muchos años. Porque para mejorar su actual estado deberán recibir un largo entrenamiento. Y si son reemplazados por otros, seleccionados cuidadosamente, el tiempo de la puesta al día habrá de ser bastante largo.