Por Pamela Cox. Banco Mundial
El desencanto ante la globalización está creciendo en América Latina y el Caribe. Es que los beneficios de la globalización no son compartidos por todos y las distorsiones se sienten de manera aguda. Aún se mantienen pesadas barreras a las exportaciones latinoamericanas, particularmente en la agricultura. Si la globalización quiere ser incluyente y generar progreso económico y social, tres cambios fundamentales son necesarios:
En primer lugar, todos los países pueden aprovechar al máximo las oportunidades de la globalización, al abrir sus mercados a los mejores productos, ideas y tecnologías internacionales.
En segundo término, las inversiones en educación e infraestructura potencian los beneficios de largo plazo. La comunidad internacional tiene que apoyar esta agenda.
En tercer lugar, deben existir políticas para ayudar a quienes sufren los efectos negativos de la globalización, como la pérdida de empleo resultado de una competencia más intensa. Nadie debe quedar relegado.
Durante las dos últimas décadas, América Latina ha dado pasos trascendentes en su integración con la economía global. En 1980, el total de las exportaciones a los países desarrollados fue 9% del PBI regional, mientras que ahora es 16%. Las importaciones crecieron de 9% a 18% en el mismo período. La región ha recorrido un largo camino en materia de apertura al comercio y a la inversión extranjera, pero aún existe espacio para remover barreras que facilitarían la asociación con las cadenas de producción globales.
Por otro lado, América Latina enfrenta barreras comerciales a sus exportaciones comerciales agrícolas, un sector altamente competitivo. Las más claras se evidencian en los altos niveles de aranceles y los subsidios a los bienes agrícolas en los mercados de los países más desarrollados. Mientras que la protección a los bienes manufacturados se ha reducido internacionalmente, se mantiene al exorbitante nivel de unos US$300 mil millones al año, en el sector agrícola del mundo desarrollado, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Así las cosas, la región ha impulsado la reducción de los subsidios, principalmente en EE.UU. y de los aranceles agrícolas en la Unión Europea en el marco de la Ronda Doha. Una exitosa conclusión de esta ronda de negociaciones comerciales, con el objetivo de nivelar el terreno de juego en el sector agrícola, que es crucial para la región.
Invertir en el futuro. El aumento de los salarios reales en el largo plazo, así como la creación de una clase media más fuerte, están vinculados al incremento de la productividad. Para ello es clave el acceso al conocimiento global y la adopción de nuevas tecnologías y prácticas de negocios, para generar productos y servicios con un mayor valor agregado. Por otro lado, las universidades, centros de investigación, sector privado y el Estado deberán continuar cooperando para mejorar la calidad de las exportaciones e introducir nuevas.
Mejorar el desempeño del comercio requiere, además, servicios de logística más eficientes (hoy son tres veces más caros que en la OCDE), mejor regulación e instituciones de comercio, como las aduanas, que sean más transparentes. La comunidad internacional debe apoyar, financiera y técnicamente, estos esfuerzos.
Beneficios para todos. Mientras que el incremento del comercio internacional se asocia frecuentemente con altas tasas de crecimiento y, en los casos de Chile, México y Brasil, entre otros, con una tendencia sostenida en la reducción de la pobreza, lo cierto es que no todos se han beneficiado. Los cambios tecnológicos y la apertura comercial han generado mayores ingresos relativos para los trabajadores calificados en comparación con los de los que no lo son. El reto es que los beneficios incluyan a todos. Se trata de que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de adaptarse a las nuevas reglas, a través de más capacitación, mejor la educación básica y mejores redes de seguridad social que protejan a los trabajadores de los cambios inevitables que ocurren cuando los mercados se integran. Esto es un eje central de una agenda comercial orientada al desarrollo.
Los desafíos a enfrentar no son menores, pero las oportunidades de la región para mejorar los estándares de vida de su gente son enormes. El Banco Mundial está comprometido en fortalecer su alianza con el Perú y con todos los países de la región para traer un futuro de prosperidad y equidad social más cercana a la realidad actual.