UN LABORATORIO DE SITUACIONES CONTRADICTORIAS

No todo está perdido en el Perú

Por Ernesto Velit Granda. Analista político

Alguna vez afirmamos que la política nacional pareciera haberse convertido en una suerte de laboratorio de situaciones contradictorias, donde asistimos asombrados a un continuo proceso de desgaste de lo poco que hemos ganado en institucionalidad democrática.

Ahora queremos decir que pareciera que nuestro país se enfrentará a una confrontación inevitable entre lo que son valores tradicionales y los llamados emergentes, de dudosa calidad ética y moral. Y, además, vislumbramos el riesgo de enfrentamiento con inevitables rupturas y creaciones aberrantes que nos obligan a ser prudentes y reflexivos, para no caer en la perversidad de que el fin justifica los medios.

Jürgen Habermas, voz inconfundible de la filosofía europea actual, dice: "La polémica es la forma de comunicación por excelencia entre los hombres". Es lo que pretendemos traer a nuestro escenario político nacional, donde el debate de ideas y el comportamiento ético brillan por su ausencia.

Nos parece que hay una violencia en la palabra y en la acción, real y no larvada, que desde el interior de la propia sociedad amenaza la paz social de hoy y mañana. Hay mucho que recoger en nuestra historia para aprender lo que no se debe hacer en nuestro país, donde la vocación abortiva que caracteriza al Estado hace que nos engañemos con acontecimientos que nunca sucedieron, aunque nos cuenten lo contrario.

Esto hace que las posibilidades creativas del hombre como ser político empiecen a agotarse, y que la ética abandone cualquier proyecto que intentemos implementar.

Por ello, también nos alarma el lenguaje amenazador de algunas autoridades que, desde las alturas del poder, nos advierten, levantando la voz, el peligro de reclamar algún derecho o pedir que algún funcionario asuma su responsabilidad o que alguien abandone el cargo por falta de calidades.

Amenazar el derecho de los demás, intentar intervenir en instituciones de derecho privado --como el complot contra las ONG, felizmente desmontado por un TC que nos devuelve la esperanza de que no todo está perdido--, movilización militar contra pobladores que quieren oír la opinión popular ante la presencia amenazante de una minera, denuncias de algunos diarios sobre las debilidades del Gobierno ante la catástrofe, todo nos lleva a reflexionar sobre qué hacer para tratar de salvar lo que se pueda ante el diluvio político que se avecina y no seguir sintiéndonos prisioneros de una incertidumbre sobre el futuro cercano.

Cuando creíamos estar cerca de alcanzar algo que siempre nos fue esquivo, vemos emerger como hongos después de la lluvia, algunas miserias que creíamos cosas del pasado y, por si fuera poco, la naturaleza pareciera buscar que probar nuevamente nuestra resistencia al dolor y al sufrimiento. De qué sirven la tecnología y la ciencia cuando no hay ni espíritu ni humanidad, que son los que alimentan las relaciones humanas y conducen a las realizaciones en la vida de las gentes.

No hay duda de que estos hechos no estaban en la agenda del Gobierno. Ese sentido creador, imprescindible para construir una nacionalidad nueva, está cada vez más ajeno y penosamente ausente en quienes tienen poder en el Perú. Vivimos como condenados a que la razón, la ética, la justicia social, la formación humanista, fueran valores que entre nosotros estuvieran hechos para opacarse mutuamente.

El cambio vendrá o porque el Gobierno lo asume o porque el país se lo arranca.