ENTREVISTA. Augusto Tamayo

La estirpe de los Tamayo

ESTA SEMANA, EL CINEASTA PERUANO ESTRENÓ SU SEGUNDA PELÍCULA, "UNA SOMBRA AL FRENTE". SIN DUDA, SE TRATA DE SU PROYECTO MÁS PERSONAL: FILMAR UNA NOVELA DE SU PADRE BASADA EN LA ÉPICA VIDA DEL ABUELO

Por Enrique Planas

Vive rodeado de objetos de época. En el departamento miraflorino de Augusto Tamayo, uno puede encontrar gran parte de objetos y detalles de su recién estrenado filme decorando los rincones de su casa: sombreros de hongo sobre el librero, antiguos prismáticos en el escritorio, un bastón torneado apoyado sobre la pared, un antiguo sextante de bronce adornando la mesita de la sala. Y envolviéndolo todo, fotografías familiares del clan Tamayo, un árbol genealógico denso y enraizado en la historia. No hay mejor ambiente para esta entrevista. Una larga conversación sobre "Una sombra al frente", cinta que adapta la novela de su padre, Augusto Tamayo Vargas, inspirada, a su vez, en la extraordinaria historia de su abuelo, el ingeniero Augusto Tamayo Moller. ¿Puede haber un proyecto cinematográfico más personal ?

El cineasta ríe. "No debe ser tan fácil ni tan común que suceda. Mi padre publicó en 1963 una novela en Buenos Aires, muy bien recibida, con estupendas reseñas. Cuando la leí, me emocioné. Tanto por razones filiales como también por el retrato que hace del personaje de mi abuelo, que, aunque en esta época tan cínica puede sonar extraño, tenía una condición de héroe civil, entregado a un deber, a una responsabilidad", explica Tamayo.

Tras la debacle de la guerra con Chile, había en el Perú todo un espíritu constructor...
Así es. La escuela de ingenieros se había fundado en 1872, y todo un grupo de ingenieros, entre ellos mi abuelo, se entregaron apasionadamente a este trabajo, con cierta heroicidad. Creían en el progreso y podían entregar la vida por eso. Mi padre tradujo eso en una novela conmovedora, sentimental, en el buen sentido. La tituló "Una sola sombra al frente". Siempre pensé que si lograba convertirme en director de cine, filmaría esa novela. Y se lo dije. No la pudo ver, lamentablemente, pero era un compromiso, un deber conmigo mismo. Pasó el tiempo e hice muchas cosas, pero al terminar "El bien esquivo" me decidí a rodarla. Y decidí trasformar al personaje protagonista; es mi adaptación.

¿"El bien esquivo" fue un aprendizaje para llegar a "Una sombra al frente"?
No lo tomé así. Sino como un proyecto en sí mismo. Me interesa mucho la Historia y la identidad como tema. ¿De dónde provienen las ideas más profundas en lo que uno hace? Quién sabe. "El bien esquivo" es una película que yo tomé con mucho interés para abordar el tema de la identidad colectiva, el mestizaje y nuestra propia indefinición como sociedad. Cuando la terminé y decidí hacer la segunda, se me ocurrió que había entre ambas una suerte de continuidad. Para mí, siendo Gerónimo de Ávila y Enrique Aet (protagonistas de ambos filmes, respectivamente) tan distintos, son variantes de un mismo personaje, alguien que no se encuentra, que no se halla, que tiene un drama interior, un sentimiento de orfandad.

Esa carga conmovedora de la novela de tu padre puede verse desde el inicio del filme, cuando muere el padre de Enrique Aet, también ingeniero, en las alturas de Arequipa. Allí se inicia el trauma del protagonista.
Trauma es una manera de llamarlo. Hay un condicionamiento muy fuerte representado en su madre, quien por naturaleza o necesidad es muy dura, le da en ese momento la responsabilidad de todo, el encargo de sostener a toda la familia cuando solo tenía 16 años.

Este encargo es muy simbólico: su madre le entrega el revólver paterno. Gran símbolo fálico, para ponernos freudianos.
Absolutamente. Al final de la película él le devuelve el revólver a su madre y con ello quiere decirle que ya cumplió con su familia. La devolución de la pistola no estaba en el primer guion. Mientras rodaba, iba conviviendo con este personaje, y sentía su carga terrible. Asumir tan joven la responsabilidad familiar lo convierte luego en una persona absorbida por un sentido del deber muy fuerte. Al final pensé que, aunque no sé si el símbolo de la pistola resulte claro para todo el público, tenía que hacer que el personaje se liberara. Devolver a su madre el revólver y regresar a la selva, el espacio de su libertad y vocación. Así retoma la vida en sus manos, después de tantos sacrificios.

Me pregunto si el espectador del siglo XXI entiende ese sentido de responsabilidad y sacrificio del protagonista. Podríamos pensar más bien que el personaje interpretado por Diego Bertie es un pusilánime, alguien que no se decide a amar o pelear por la mujer de su vida.
Entiendo que alguien del siglo XXI pueda leerlo como tú lo has descrito, y más en una sociedad como la peruana, donde ha terminado por imperar la criollada, el machismo y el cinismo. Un hombre que se aferra a su vocación y a sus convicciones puede parecer a los ojos del cinismo contemporáneo un personaje ingenuo. Diego (Bertie) tomó como modelo a dos personajes interpretados por Anthony Hopkins, el mayordomo de "Lo que queda del día", que tiene esta incapacidad de atravesar su compostura y su deber para expresar sus afectos y el personaje principal de "La edad de la inocencia", atrapado en la coyuntura de su cultura y de su época.

¿Cuán difícil fue escribir el guion de un personaje como Aet? Un personaje es definido por sus acciones y por cómo se enfrenta a los conflictos. Aet no toma decisiones muy visibles...
Toma decisiones determinantes con respecto a su vocación...

Pero en lo emocional es especialmente inmóvil.
Las decisiones que toma están en relación con su propósito y con su sentido del deber. Él siente que ha fracasado al habérsele caído el puente que construía en la selva. Siente que es culpable, y necesita otro camino para su obsesión por comunicar e integrar el país. En lugar de construir caminos, crea líneas de telecomunicación. Aet tiene una obsesión, una determinación, una energía por el logro de su objetivo vital.

Interesante símbolo el de un hombre cuya pasión sea la telecomunicación, pero que a la vez tiene un profundo problema para comunicarse con la persona que ama.
Ese es un poco el drama del personaje y su complejidad. Es algo más común de lo que parece. Yo me he encontrado con varias personas que, al ver la película, se sienten muy identificadas con Aet. Creo que todos tenemos esa dificultad.

EL PERÚ, 1907 - 2007
No es gratuito que la historia de "Una sombra al frente" comience en 1907. Se compara la ilusión de futuro que existía en esa época con la que vivimos en el presente...

Totalmente. Ese era uno de los propósitos de la película. Esa ilusión de que el progreso iba a acabar con todos los males sociales, la ingenuidad de pensar que los logros tecnológicos, la radiotelegrafía, el automóvil, la electricidad hacía sentir a principios del siglo XX que la humanidad se encaminaba hacia la prosperidad. Son momentos en los que uno cree en una utopía y se entrega a ella. Es una realidad de la que los seres humanos no podemos escapar. Tenemos que crearnos utopías y entregarnos a ellas, sabiendo que se van a frustrar; pero que, al final, se logrará alcanzar algo superior a lo anterior. Siempre en mis películas los conflictos de los personajes son un reflejo de las tensiones colectivas y sociales de una época. A mí me interesa mucho el cine histórico, más allá de lo cinematográfico. No hago películas para agradar al crítico o para ganar un festival. Me encanta hacer cine, y llevo 30 años en eso, pero los proyectos que me quedan quiero que tengan una dimensión cultural, más allá de una apreciación meramente estética. Trato de trabajar la forma, claro, pero no me interesa hacer una película para ser apreciada solo por la crítica.

Existe en el filme la presencia de las movilizaciones populares, específicamente del gremio textil. ¿No crees que en la ambición del filme algo que quedó recortado fue esta presencia sindical?
Lo quise insertar porque forma parte de la historia. Es real y de esa época. Es el comienzo de la lucha obrera en el Perú, cuando se organizan los primeros sindicatos. Pero claro, lo introduje al servicio de la historia, y me da pie para crear al hermano de Enrique Aet, su antagonista, un apasionado político, idealista, que sufre por que lo abandona una mujer. Es un ejemplo de estas oposiciones extrañísimas, totalmente opuestas y contrastadas entre dos hermanos. En este caso, mientras uno quiere "transformar", el otro quiere "construir".

¿No es algo maniquea esta división entre científico idealista y apolítico frente a hermano irresponsable, apasionado y militante? ¿No demonizas con ello la militancia política?
Creo que no. El personaje no es presentado en absoluto de manera crítica. Es más, hay una escena en que el punto de vista de la película por un momento termina asumiendo su mirada. Oswaldo, el hermano de Enrique Aet (interpretado por Gonzalo Molina) es el único personaje lo que le dice lo que es realmente. Es la contradicción del pequeño burgués que intenta participar en el movimiento obrero por alguna razón emocional.

Por otro lado, es interesante que dos personajes femeninos, la joven selvática y Doris (Vanessa Saba), su novia, se revelen especialmente pasivas. Capaces de renunciar a todo por amor. ¿No es una visión servil de la mujer?
El personaje de la joven de la selva es más bien resistente, creo yo. Dentro de su imagen silvestre, es dueña de su propio destino. Es más libre que Doris. Y Doris es una mujer enamorada, pero también decidida, adelantada a su época. Apenas se siente maltratada por esta aparente indiferencia, toma una decisión y se casa con el primero que se le cruza. Y sin embargo intenta seguir buscando la felicidad con Aet. El hecho de decirle "una palabra tuya y me voy contigo" le da mucho carácter. Era un enfrentamiento terrible con su sociedad. No creo (claro, puedo estar equivocado) que sean personajes débiles o sumisos.

¿Como director de arte, no se te pasó por allí algún reloj de pulsera, zapatillas, indeseables plásticos?
(Ríe) Hasta ahora no. En "El bien esquivo", hay una tapa de desagüe en uno de los conventos que cada vez que la veo me quiero jalar los pelos. Y hay un poste, a lo lejos, que, creo, nadie ha percibido pero que también se ve. En esta película, buscando en cada plano, alguno de estos días voy a encontrar algo.

¿Encontrar lugares en Lima que se hayan mantenido indemnes con el tiempo no resulta más difícil que filmar en medio de la selva?
Soy un amante de Lima y te digo que todavía se pueden encontrar rincones que nos den una imagen suelta, eventual de la arquitectura peruana desde el siglo XVIII. Yo he estudiado arquitectura y me gusta pasear mucho por Lima tomando notas. Veo sitios y los voy fichando. Por otro lado, me encanta filmar en la selva. El hacer cine me ha despertado el espíritu aventurero. No se puede hacer cine en el Perú sin tener este espíritu, y yo todavía lo tengo. El cine me ha llevado a sitios rarísimos, los cuales generalmente la gente no frecuenta. Internarme en el bosque de Chanchamayo, con la lluvia, el sol que no salía, era todo una presión, pero resultaba, al final, agradable. Tiene que ver con ese refrán antiguo de decir "se sufre, pero se goza".