Reportaje. DE ESTADO PARIA A CORTEJADO
Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial
CIRENE. El aterrizar en el noreste de Libia, en la región conocida como la Montaña Verde, es como retroceder 30 años en el tiempo. El aeropuerto de Labraq, el más próximo a las ruinas griegas de Cirene, es un terminal precario y polvoriento por el que transitan unos cuantos militares embutidos en uniformes azules deslucidos. Una pista recién asfaltada, abierta en medio de un paisaje árido salpicado de desperdicios conduce al poblado más cercano, adyacente a las ruinas del Templo de Zeus.
Allí pululan las construcciones a medio hacer, fierros desnudos hincan el cielo en espera de una segunda o tercera planta que nunca se hizo realidad, como las ilusiones de progreso. Unos cuantos vehículos modernos se desplazan entre una mayoría de chatarras rodantes que expelen humos negros y asfixiantes. En las veredas, frente a las casas y los comercios, abundan hombres agobiados por el aburrimiento y miríadas de niños corretean sin cesar. De las mujeres y las niñas, ni rastro.
Treinta y ocho años de Muamar Gadafi y más de una década de embargo y aislamiento internacional han congelado estas poblaciones en el pasado, sumiéndolas en atraso y una pobreza chocantes en un país riquísimo en recursos energéticos (petróleo y gas). No obstante, la suerte de los habitantes de la Libia profunda podría dar un vuelco en los próximos años. Recientemente, el hombre que los gobierna desde hace casi cuatro décadas, decidió efectuar un viraje de 180 grados en su política exterior, catapultando a su país de estado paria e indeseable en la comunidad internacional a nación cortejada por las principales potencias del planeta.
El capítulo, tremendamente mediatizado, de las enfermeras búlgaras y el médico palestino acusados de haber contaminado con el VIH a más de 400 niños libios y liberados después de 8 años de infierno, no fue más que el último capítulo de una historia que comenzó a escribirse hace algunos años. Gadafi dio el primer gran paso fuera del ostracismo internacional en el 2003. En setiembre de aquel año aceptó pagar indemnizaciones millonarias a las víctimas de dos atentados terroristas que EE.UU., Europa y la ONU achacaban a su régimen (los atentados contra un vuelo de Panam sobre la localidad escocesa de Lockerbie y contra la discoteca alemana La Belle, en 1986 ). Y en diciembre del mismo año, en un momento en que George W. Bush blandía la lista con los estados pertenecientes al llamado eje del mal, Gadafi fue más lejos: renunció formalmente a todo programa para desarrollar armas nucleares, químicas y biológicas.
MEDIDA ESTRATÉGICA
Casi enseguida la ONU levantó el embargo que pesaba sobre el país árabe y en el 2004 Estados Unidos restableció relaciones diplomáticas con Trípoli. Solo faltaba Europa en el festín de las reconciliaciones. El 24 de julio último, con el empujoncito final de la pareja Sarkozy, se pactó la liberación de las enfermeras búlgaras y el médico palestino, y Gadafi, además de recibir pingües retribuciones, acabó de lavarse la cara hacia el exterior.
Pero ni los más denodados propósitos de enmienda y actos de contrición del dictador libio habrían fructificado si no los hubiera sembrado en terreno fértil. Kader Abderrahim, investigador del IRIS de París (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas), resume así el análisis de muchos expertos en la cuestión libia: "Existe hoy en día tal competencia entre Estados Unidos y Europa por hacerse de nuevos mercados y por aliviar su sed energética que era de esperarse que cortejasen a un país como Libia".
El país norafricano, miembro de la OPEP, produce casi 2 millones de barriles de crudo diarios. Esta cantidad podría duplicarse en los próximos años de acuerdo con exploraciones efectuadas solo en una cuarta parte de su territorio. En una época en que Putin usa su petróleo y gas como arma diplomática frente a sus clientes, el oro negro libio, fácil de extraer y de transportar, constituye una reserva que hace babear a los europeos. Además, como consecuencia directa del embargo y el aislamiento en que vivió, en Libia casi todo está pendiente: "Desde las grandes inversiones en infraestructura efectuadas después de la revolución, en los años 70, prácticamente se ha dejado de construir. Libia está sedienta de modernización, le urgen autopistas, escuelas, hospitales, aeropuertos, puertos, redes de telecomunicaciones", explica Abderrahim. "Los intereses occidentales en la industria, la construcción y la energía nuclear civil son colosales", apunta.
Casi palpable es por ejemplo el proyecto francés de construir un reactor nuclear para uso civil en Libia. El acuerdo entre París y Trípoli se firmó apenas fueron liberadas las enfermeras búlgaras. Al día siguiente, el 25 de julio, Nicolas Sarkozy voló a Libia para sellar el pacto con Muamar Gadafi. Sin embargo, el secretario de la presidencia francesa, Claude Gueant, se atrevió a sostener que este nada tenía que ver con el desenlace del cuerpo sanitario búlgaro.
Otro negocio promisorio para las empresas europeas es la venta de armas: "Libia quiere tener un ejército de primer orden, dueño de las tecnologías más avanzadas y tiene el dinero para permitírselo", sostiene el experto del IRIS. En entrevista al diario "Le Monde" del 1 de agosto, cuando el Gobierno Francés y los enviados de la UE insistían en negar que la liberación de las enfermeras había sido resultado de un toma y daca indecoroso transado por debajo de la mesa de negociaciones, el hijo de Gadafi, Seif al Islam, aseveró que su país y Francia acababan de sellar acuerdos sobre transferencias de armamento. Se refería a ventas que bordeaban los 300 millones de euros
¿'BOOM' TURÍSTICO EN LA MIRA?
Como si fuera poco, Libia cuenta además con un potencial turístico envidiable e inexplorado. Toda la cuenca del Mediterráneo, con España, Francia, Italia y Grecia a la cabeza, seguidos por Turquía, Egipto, Israel y Marruecos, vive en gran medida de los ingresos millonarios que deja el turismo. Libia, con más de 1.500 kilómetros de costa mediterránea, es la excepción. Hoy en día sus ingresos por turismo son prácticamente nulos pese a contar con sitios arqueológicos y una naturaleza estupendos.
La región nororiental conocida como Montaña Verde, catalogada por WWF (la organización ecologista World Wildlife Found) como uno de los últimos diez paraísos del Mediterráneo por sus ecosistemas y las ruinas grecorromanas de Cirene, podría ser la primera en salir del anonimato y convertirse en un nuevo 'boom' turístico. Seif al Islam Gadafi, el hijo predilecto del dictador (ver nota aparte), asociado con la prestigiosa empresa de arquitectos inglesa Fosters + Partners, ha concebido un megaproyecto para convertir la Montaña Verde en la primera región sustentable del planeta. Ello supone, construir infraestructura para atraer turismo masivo sin que su presencia y sus necesidades afecten el paisaje paradisíaco y reduzcan a la población a invitado de piedra en la modernización. Además la región tendrá que consumir únicamente energías verdes y deberá ser capaz de deshacerse de sus desperdicios respetando el equilibrio medioambiental.
El costo del proyecto asciende a 3 mil millones de dólares. La mitad de este dinero lo aportará el Gobierno Libio y el resto provendrá de la inversión extranjera. Pese a que se halla respaldado por el 'know how' y el prestigio de Fosters + Partners, algunos desconfían de su viabilidad y juzgan insólito que un país superdotado en petróleo y gas opte por las energías renovables. Para Kader Abderrahim, por ejemplo, "este no es más que otro sueño faraónico de Gadafi que, como muchos otros, acabará esfumándose". Más optimistas son los niños del poblado aledaño a las ruinas de Cirene. Cada vez que las camionetas Mercedes último modelo de la firma Fosters + Partners se abren camino entre las polvorosas pistas que unen el aeropuerto de Labraq y los sitios arqueológicos, decenas de ellos las escoltan, las persiguen, les sonríen con los ojos enormes inundados de esperanzas.
¿Seif al Islam Gadafi, el sucesor?
Tiene 36 años, habla correctamente inglés, estudió en Londres y Viena. Lo conocen como 'el ingeniero' y sus apariciones con Muamar Gadafi, su padre, así como sus actuaciones en solitario son cada vez más frecuentes. Los más suspicaces dirían que pese a que el dictador libio apenas ha cumplido 65 años, la carrera por la sucesión, entre sus 5 hijos varones, ha comenzado.
Mientras que sus hermanos tienen fama de mujeriegos, ambiciosos e incompetentes, Seif al Islam (que significa 'Espada del Islam') se ha sabido ganar simpatías dentro y fuera de su país. Entre los libios se le conoce por su seriedad, y en el exterior, por haber resuelto varios encargos del padre. A través de la Fundación Gadafi, que dirige desde 1997, el candidato a sucesor ha conseguido la liberación de más de un secuestrado 'occidental' a cambio de jugosos rescates. Las indemnizaciones para las víctimas de Lockerbie y la discoteca La Belle se habrían acordado gracias a su intervención.
Seif al Islam además desempeñó un rol central en la historia de las enfermeras. Se especula que se reunió en Viena con el jefe de la inteligencia búlgara para destrabar las negociaciones y que obtuvo la implicación directa de Tony Blair. De hecho, el millón de dólares que recibirá cada una de las familias de los niños contaminados con el VIH en el hospital de Bengazi provendrá del fondo que administra.
¿Será este hombre la nueva cara del régimen libio?
EL DATO
Sin presencia nacional
El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú no tiene ningún consulado ni dependencia oficial en el país norafricano. Libia tiene una población aproximada de 5'670.000 habitantes y un PBI per cápita de 8.430 dólares.