Informe. UNA MARAVILLA EN PELIGRO

La Gran Muralla China se desmorona de a pocos

Algunos tramos ya han desaparecido y otros podrían sucumbir dentro de veinte años por tormentas de arena y la mano del hombre.

Por Patricia Castro Obando. Corresponsal

BEIJING. China no está dispuesta a quedarse sin murallas. La agencia de noticias Xinhua dio a conocer la semana pasada que la Gran Muralla se cae a pedazos, lo que ha desatado una polémica en el país. Un renombrado arqueólogo apareció en la televisión china a denunciar que "numerosas secciones de la parte occidental han quedado reducidas a montones de piedras o simplemente ya no están". Inicialmente se culpó a la furia de la naturaleza, hoy se sabe que, como sucede en todo el planeta, la mano del hombre está implicada en este 'murallicidio'.

Desde hace muchos años, la muralla ya no es más la serpiente de piedra que atraviesa siete provincias chinas, sino un conjunto de tramos desiguales e interrumpidos que luchan por sobrevivir. De todas estas secciones, aquellas que se ubican en el noroeste del país podrían ser las siguientes en desaparecer debido a las implacables tormentas de arena. Los expertos calculan que a estos tramos apenas le quedan veinte años de vida.

Lo que no pudieron lograr los ejércitos enemigos lo están haciendo los fuertes vientos que producen grietas, roturas y desprendimientos en la ancestral fortificación china. Sin embargo, las tormentas son un fenómeno meteorológico que siempre ha existido en la vida de China, aunque nunca habían soplado con tanto ímpetu. De hecho, las tormentas no son las únicas culpables de la destrucción de la muralla.

El Gobierno Chino ha reconocido que la responsabilidad recae sobre su propia población y teme que la Gran Muralla sea otra víctima del desarrollo industrial y del aumento de la contaminación.

AVANZA EL DESIERTO
A fines de la década del 50, el empleo de "métodos agresivos de cultivos agrícolas" que incluyeron el uso masivo y negligente de pesticidas e insecticidas, erosionaron y empobrecieron los suelos. Esta agricultura extensiva terminó por agotar los recursos hídricos subterráneos y destruir la ecología local. El lago Qingtu, de 400 kilómetros cuadrados y 60 metros de profundidad se secó entre las décadas del 60 al 90. Sus aguas del embalse fueron reemplazadas por arena y este se convirtió en parte del desierto de Badain Jaran que se extiende más de 40.000 kilómetros cuadrados.

A su vez, la industrialización en las regiones septentrionales del país concentraron producciones altamente contaminantes, como minas de carbón y siderurgia. El resultado ha sido la deforestación con fines comerciales de la zona que va desde la antigua Manchuria hasta el interior de Mongolia.

De allí se explica el aumento de la frecuencia e intensidad de las tormentas de arena, en la última década. El desierto ha devorado los bosques y montañas que actuaban como barreras naturales, amortiguando la fuerza de los vientos y absorbiendo parte de la arena y otras partículas que transportaban los vendavales.

Según las estadísticas de la Administración Nacional Forestal, la desertización afecta directamente a 400 millones de personas en China y avanza a un ritmo de 1.283 kilómetros cuadrados cada año. Actualmente, el 18% del territorio nacional, principalmente en las regiones norte y oeste, es zona desértica. Su impacto es tan devastador que incluso el desierto de Kubuqi, el noveno más grande del mundo, ha comenzado a erosionar la cuenca hidrográfica del río Amarillo.

El tramo en mayor peligro se encuentra en la provincia de Gansú que formaba parte de la antigua Ruta de la Seda. Por allí pasaron los mercaderes desde la época del Imperio Romano y fue la misma que utilizó Marco Polo para llegar a la corte del gran Kublai Khan.

De acuerdo con la tradición, la muralla se construía con materiales existentes en el terreno, por ese motivo, los tramos del oeste y del centro contienen una arcilla muy fina, mientras que las secciones próximas a la costa fueron hechas de ladrillo y piedra, lo cual ha permitido su conservación.

A diferencia de otros tramos que fueron construidos con ladrillos y piedras, en Gansú se utilizó principalmente la arcilla. Aquí, esta se ha convertido en polvo y ha sido arrasado por la potencia del viento. Las tormentas también agrietaron la muralla hasta el punto que ciertos trechos se han partido y colapsado.

En los años 80, la sección aún medía 60 kilómetros, pero actualmente solo quedan 10 kilómetros en pie. Además su altura se ha reducido de 5 metros a 2 metros. Las emblemáticas torres de vigilancia construidas en las cimas más altas, que en otras épocas sirvieron para avistar la llegada de ejércitos enemigos, han desaparecido por completo.

La modernidad mal entendida también ha pasado por encima de esta sección de la muralla. Dos líneas de tren, una autopista, una carretera estatal, 15 pistas, 17 torres de alta tensión y un gasoducto la atraviesan sin mayor remordimiento. En el pasado, China se ha desinteresado por su patrimonio histórico y arqueológico, pero los tiempos están cambiando.

En Gansú, la población está cubriendo lo que queda de este tramo de la muralla con más polvo y arena. De esa manera, las próximas tormentas de arena se llevarán primero la capa adicional, mientras se construyen barreras y se siembran árboles. A menos que se recupere la vegetación local y se frenen las tormentas, el daño será irreversible.

PARA RECORDAR
Abarca siete provincias
La Gran Muralla, nombrada una de las nueva siete maravillas del mundo, fue erigida durante la dinastía Qin. Se construyó entre el siglo V a.C. y el año 1368, como barrera contra los enemigos. Tiene una longitud de 6.700 kilómetros y abarca siete provincias. El presidente Mao dijo una vez: "Si nunca la has recorrido en tu vida, no te puedes considerar un hombre auténtico".