Se vende a un precio 33% más barato que otras marcas conocidas
Por Susan Abad. Corresponsal
FUNZA. En busca de conquistar el 15 % del mercado del consumo de bebidas gaseosas y continuando con su expansión mundial, llegó a Colombia Big Cola.
Mostrando orgulloso la nueva planta de producción, ubicada en el municipio de Funza, 15 kilómetros al noreste de Bogotá, Alfredo Paredes, director de Asuntos Corporativos de Ajegroup, resalta que con esta ya son 23 las fábricas en el mundo que producen las bebidas que los hermanos Añaños Jerí empezaron a elaborar hace 18 años en el patio de su casa en Ayacucho.
Con una inversión de 17 millones de dólares, la planta inició labores el 23 de julio pasado con una producción de 20.000 cajas de 48 botellas, en las presentaciones de 3,020 y 1,7 litros, que se distribuyen inicialmente en las ciudades de Bogotá, Cali y Pereira.
Seis meses les tomó a los empresarios peruanos gestionar su entrada a Colombia, país al que arribaron "atraídos primero por su nivel de consumo per cápita (de bebidas gaseosas), que está en 60 litros anuales y con una población con poder adquisitivo arriba del promedio de la región", revela Paredes. Agrega que los sedujo la seguridad financiera y pacificación que ha demostrado el país cafetero en los últimos años.
Cuenta, sin entrar en detalles, que al igual que en otros países debieron enfrentar fuerte resistencia y saltar las zancadillas que les pusieron los fabricantes de bebidas nacionales.
Y es comprensible el fastidio de estas empresas, que ven en Big Cola una fuerte competencia en el mercado donde hasta hoy predominaban dos marcas multinacionales.
Sin citar cifras oficiales, Paredes indica que Coca-Cola tiene el 50% del mercado colombiano y Postobon (encargado de Pepsi Cola) un 45% del mercado. "Nosotros aspiramos a en un año tener un 15% de esa torta", acota.
Para lograrlo, repiten la estrategia que es la filosofía de la empresa: "calidad a precio justo". "Se trata de insistir, cambiar el paradigma y superar el prejuicio de que lo caro es bueno y que no se puede dar un producto de calidad más barato", afirma el ejecutivo y agrega que su cometido ya se ha logrado no solo en el Perú, sino también en Venezuela, Ecuador, México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, El Salvador y Tailandia, países "donde puedes ver a personas que llegan en un carro lujoso a comprar Big Cola".
Asegura que esta gaseosa llega aproximadamente a un precio 33% más económico que el de sus competidoras en el mercado colombiano y no hay que ser experto en economía para comprobarlo. Visitando las tiendas de barrio vemos que la presentación de 3,020 litros de Big Cola cuesta 2.800 pesos (1,30 dólares) mientras que una botella de Coca-Cola de 2,5 litros cuesta 3.500 pesos (aproximadamente 1,60 dólares).
"Se vende bastante, ha tenido buena aceptación y los fines de semana se agota. Creo que es porque es más cantidad de bebida y más económica", cuenta Pedro, administrador de una tienda en Ciudadela Colsubsidio.
"Esta Big Cola es netamente colombiana porque en su elaboración se utilizan un 90% de insumos nacionales", recalca Roger Contreras, jefe de Aseguramiento de Calidad de la planta de Funza. Explica que a pesar de utilizar una fórmula única, las propiedades del agua y azúcar le dan a la bebida un sabor particular en cada país.
Paredes asegura que la aceptación y las ventas han desbordado las expectativas que tenía la empresa para las primeras cinco semanas en Colombia, lo que lo hace sentirse optimista frente a las proyecciones para el 2008, cuando la planta trabaje en el 85% de su capacidad, produciendo de 350.000 a 400.000 cajas de gaseosa mensuales. Dice, además, que ya piensan en la ampliación del portafolio que podría consistir en jugos y agua. "O cerveza como la que acabamos de sacar en el Perú y cuya producción está agotada", añade.
Una empresa con un rostro social
"Mi papá hace Big Cola", dice orgulloso Kevin cada vez que aparece la publicidad de la bebida en televisión. Él, a sus 2 años, no es consciente de los beneficios que, según Edwin Rodríguez, su padre, ha traído la fábrica de Ajegroup a su pequeño municipio. Rodríguez, de 29 años, es uno de los 300 colombianos que desde hace dos meses laboran en la empresa y dice sentirse satisfecho.
"La empresa no solo ha beneficiado a Funza dando trabajo con justa remuneración, sino que apoya el crecimiento económico gracias al pago de impuestos", afirma un funcionario de la alcaldía que mantiene el anonimato por no tener autorización para dar declaraciones.
Ajegroup realiza, en los países donde se establece, programas de responsabilidad social que apoyan a personas emprendedoras, destaca Alfredo Paredes. "Se trata de impulsar a gente que, como los Añaños, sabe aprovechar la crisis para convertirla en oportunidad, que rompe paradigmas y demuestra que puede haber empresarios latinoamericanos exitosos".