Por Luis Davelouis Lengua
Expresarse es lo que un artista hace mientras busca respuestas para sí; el día que las encuentra, el vivir deja de tener sentido; dicen los propios artistas. La música como una forma de expresión artística, y luego el rock, como una forma de hacer música, son oficios que no cualquiera puede ejercer. Se requiere de mucho esfuerzo, dedicación y sacrificio para abrirse paso haciendo algo que otros perciben como locura, pérdida de tiempo o simple hobby. ¿Por qué una profesión que demanda tanto talento --y a veces agallas e integridad-- como muchas de las profesiones convencionales es vista por debajo de ellas? ¿Se puede vivir haciendo rock en el Perú?
LOS AÑOS MARAVILLOSOS
Hacia fines de la década de los años 60, la escena rockera nacional estaba dominada por bandas como Trafficsound, los Shains o los Belkings (entre muchos otros). Wilfredo Sandoval, un ex integrante de esta última (toda una sensación en su momento), cuenta que con las regalías que recibió por haber grabado un disco de vinilo de 45 RPM (los chiquitos, con solo dos canciones) pudo comprarse un auto. En esos años disqueras internacionales como Polydor, Phillips, Capitol y muchas otras estaban en el Perú. Con el tiempo sucumbirían a la ley del mercado y al empuje de Sony Records, la misma que, a la larga, encontraría su némesis en Napster y sus miles de sucesoras.
En ese entonces, grabar un disco era muy caro, pocas bandas peruanas aspiraban a ello y vivían de los conciertos que daban en fiestas privadas para las que eran contratados. Como explica Alberto "Chino" Chávez --músico convertido en productor, y empresario de la industria musical independiente, (Leuzemia, M.A.S.A.C.R.E.)-- "Si alguien quería escuchar nuestras canciones, tenía que pagar su entrada a la fiesta en la que estábamos tocando".
Como recuerda Gerardo Manuel Rojas (quien, además de ser músico, fundador y el rostro de Disco Club, ha trabajado en puestos ejecutivos para casi todas las disqueras o casas discográficas que alguna vez existieron en el Perú), a comienzos de la década del año 70, las ventas de discos sostenían a toda la industria. Los conciertos se hacían para promocionar la venta de discos. "El single en disco de 45 de la canción 'Sex Machine' de James Brown vendió 250.000 copias; el álbum doble de la banda sonora de la película 'Fiebre de Sábado por la Noche' vendió 100.000 copias, al igual que el de la banda sonora de 'Grease'". Era la época en que los ejecutivos de las disqueras ganaban lo que hoy un banquero de inversión.
SE ACABÓ EL SUEÑO
Hoy las cosas han cambiado radicalmente, pues mientras que realizar una producción musical se ha hecho cada vez más barato, gracias a la tecnología (ahora casi todo puede hacerse con una computadora), los obstáculos que un músico debe sortear para alcanzar la ansiada estabilidad económica han aumentado de manera geométrica. La venta de discos, en un momento la principal fuente de ingresos de la industria, ha decaído de manera vertiginosa en los últimos veinte años, debido a la piratería fonográfica y a la propia tecnología.
Ahora, como dice Fernando Samillán, director de TDV Media & Entertainment (empresa dedicada a la fabricación de discos pero que también se ofrece como disquera y distribuidora), muchas bandas graban discos para que sirvan de 'merchandising'. La lógica ha cambiado, ahora los discos se hacen para impulsar la asistencia de los fans a los conciertos pues, pese a que sus costos de producción son relativamente bajos, los márgenes de las ventas son mínimos. Para un rockero, vender 5.000 discos hoy es toda una hazaña, y vivir de ello, casi imposible.
Además del hecho de que vender discos ha dejado de ser (hace tiempo) una actividad rentable por sí misma, hay otras trabas. La mayoría de bandas locales de moda (salvo contadas excepciones como Libido o Pedro Suárez Vértiz) coinciden en señalar que, después de la piratería, la decreciente oferta de locales en donde realizar conciertos, los impuestos que tienen que pagar cuando al fin consiguen un local para hacerlo y la falta de apoyo y de difusión por parte de las estaciones de radio son elementos que se suman en contra de la movida.
"La piratería hace casi imposible ganar dinero con la producción de discos; las radios no hablan de bandas nacionales ni difunden su música, cada vez hay menos sitios donde tocar y cada vez hay más bandas. Y cuando finalmente se consigue dónde tocar, de los 10 soles que se cobra por entrada para que la gente vaya, el Estado se queda con la mitad", explica Púa, músico y compositor de profesión (ganó dos premios Conacine), hoy productor y director general de su propia empresa.
Algunas de las bandas mejor consideradas en el ámbito rockero local --y mejor aún en el extranjero--, como Manganzoides, Turbopótamos y La Ira de Dios (entre muchas otras), afirman que los programadores de las principales estaciones de radio, al decidir qué suena y qué no, son una traba a la difusión del rock nacional. "Todas (las estaciones) tocan lo mismo y las canciones se repiten todo el día. Nadie apuesta por algo nuevo.
No ponen bandas nacionales porque, dicen, no es lo que quiere escuchar el público, y se quedan en Jennifer López y Shakira", comenta 'Chino' Chávez, quien, por supuesto, sí vive de la música. "¿Acaso esa es toda la música que hay en todo el mundo?", se preguntan los Manganzoides.
¿RADIO MERCENARIA?
En la escena rockera se dice que en las radios cobran por tocar las canciones, que disqueras grandes mantienen a raya a los cantautores sin padrino, que hace falta pagar para sonar.
El director de programación de Studio 92, Luigi Santana, dice que eso no es cierto, que las radios son un negocio y, en ese sentido, deben tocar lo que la gente quiere escuchar ("todos piden reggaetón, por correo electrónico o llamadas telefónicas") y que lo que dicen los rockeros es "un barajo para justificar el no tener una buena producción" y que "el día que hagan algo comercial van a ver cómo los tocan". Y agrega, "si dicen que en la radio cobran para que los toquen, entonces ¿por qué no pagan? ¿Y cuando los toquen qué van a decir? Es una gran mentira", sostiene.
¿SE PUEDE O NO SOBREVIVIR?
Las opiniones están divididas al respecto y si hubiera que guiarse por los ejemplos notables, podría pensarse que son excepciones que confirman la regla. No obstante, la oferta y la demanda crecen todos los días, lo que hace pensar en un problema de articulación que los intermediarios (cada vez menos) están manejando mal. "Lo ideal sería que el músico se dedicase a hacer música, pero en el Perú, tiene también que ser su propio empresario. Si se trabaja con ahínco y responsabilidad, saldrá adelante; como en cualquier otra profesión", afirma Púa.
En el 2002, en plena crisis de CD piratas, una experiencia pareció darle la razón a quienes tienen su fe depositada en esta actividad: Leuzemia, ayudado por la distribución de un diario de circulación nacional (la venta no estaba supeditada a la compra del diario), vendió 10.000 compactos en una semana. "Hospicios" hizo dinero para sus autores y la disquera y la importancia del canal de distribución quedó demostrada, pues esta misma idea es ahora usada por artistas de otros géneros, con bastante éxito.
Todos los rockeros a los que entrevistamos para este informe concuerdan en que el rock no es la primera opción ni el gusto más expandido de la gente en el Perú. Pero, así tengan que hacer otras cosas para sobrevivir, es su vida.
CON OTROS OJOS
Ahora la piratería es industria
"¿Cómo es posible que sea negocio piratear la cantidad de discos que se copian en el Perú? Solo si es lavado de dinero", pregunta 'Chino' Chávez. Él cuenta que la piratería, en un primer momento, gozaba de la simpatía de algunos músicos que se sentían maltratados por sus disqueras y por quienes no tenían una estrategia de difusión muy efectiva.
"Ayudaba a que las bandas se hicieran conocidas, pero era a una escala muy pequeña, no competía con el artista", dice. Ahora, añade, la piratería es industrial, "se fabrican discos por millones, de todos los géneros y de bajísima calidad. Ellos no venden música, venden plástico a cambio de dinero lavado, así no se puede competir" finaliza.