Por Mariella Balbi
Los romanos tenían su censor. El psicoanálisis descubrió que era un mecanismo propio de la psique humana, permitiendo que el inconsciente no desbordara a la conciencia; luego tomaría nombres diferentes, pero ese ya es otro cantar. En el mundo eclesiástico también existe, se refiere a una pena basada en la trasgresión de los cánones. Además, la censura es la delicia de las dictaduras, un ingrediente inherente a estas. La acepción más usual, según el 'mataburros', es: "corrección o reprobación de alguna cosa". Finalmente, la decisión de radio Cutivalú (piurana) de no transmitir un aviso pagado donde se exponía la posición del Gobierno frente a la actividad minera, concretamente para el caso de la explotación en Majaz, es para unos una censura inaceptable y para otros no.
Quienes le dan la razón a radio Cutivalú se basan en que el aviso no lo suscribía ninguna institución y que se trataba de una publicidad engañosa porque atribuía a la Defensoría del Pueblo afirmaciones que esta desmintió inmediatamente. El director de la radio sostiene que hicieron estas atingencias a la oficina del primer ministro, pero que el segundo aviso, enmendado, nunca llegó. Al no llegar no hubo nada que censurar. Un argumento adicional es que los medios no están obligados a publicar avisos si contrarían su línea editorial o son insultantes. En realidad, el medio puede actuar como considere.
De la otra orilla, la censura consiste en que no se publicó lo enviado, más allá de que estuviera firmado o no y en objetar los contenidos del aviso, pues se contraviene todo principio democrático. Así ocurrió durante el gobierno de Fujimori, cuando un canal de televisión se negó a emitir los 'spots' de campaña de Alberto Andrade. La débil justificación fue que el entonces candidato a alcalde debía dinero a dicha empresa. Otra impugnación a radio Cutivalú es que sí se propaló todo tipo de avisos --incluidas obvias falsedades-- contra la actividad minera, pero ahí no hubo revisión previa ni aclaraciones.
El ciudadano común no tiene una buena opinión de los medios y muchos consideran que la prensa puede y llega a abusos intolerables. En lenguaje coloquial la pregunta es: ¿Qué haces si un medio se te 'prende'? La desigualdad de condiciones es obvia. En una ocasión un ex hombre público lo fraseó así: "Yo no tengo cámaras, ni papel, ni arma alguna para defenderme de un ataque diario". Viene a la mente el caso del futbolista de quien un medio ha dicho que es homosexual. ¿Cómo se desmarca de ello? Ni con una jugada maestra. Quienes la han escuchado afirman que Cutivalú no es una radio injuriosa ni parcial; más bien resaltan su equilibrio y ponderación. Si, como dice la 'petit histoire' de este caso, el Gobierno hubiera enviado el aviso firmado, tal vez no estaríamos escribiendo sobre ello.