ANÁLISIS ECONÓMICO
Por Fritz Du Bois
En los últimos días, la obsesión de voceros del Gobierno por salir en medios ha creado una sensación de incipiente inestabilidad que es desproporcionada con la realidad pero que de no corregirse terminará siendo una crisis autogenerada totalmente innecesaria.
La semana empezó con la consulta en Majaz y un rechazo al proyecto minero por parte del 92% de los que participaron. Este evento que estaba en marcha desde hace algún tiempo, camino a un resultado predecible y con una audiencia limitada, recibió un espectacular 'up grade' en difusión, convirtiéndose en la principal noticia del país. Ello debido a la intensidad de los ataques que recibió por parte del presidente, del primer ministro y de medio Gabinete. Sin embargo, aparte de cuestionarlo no parece que hayan tenido ningún otro plan para neutralizarlo por lo que lo único que lograron fue magnificar el resultado. Ahora muchos temen que se repita el período de hostilidad hacia el empresariado, con los que alientan la coalición antiminera a la cabeza de los primeros años de esta década y que tanto daño causó a la inversión.
En realidad no se debe perder la perspectiva. Majaz es un proyecto que arrastra problemas desde hace años y votaron solo 17 mil personas que son la mitad de los electores de los distritos, por lo que no debería de ser un caso perdido y menos aún el inicio de otro ciclo anticapitalista. Lo que sí debe de ser es una señal de alerta para Gobierno y sector privado por igual sobre la necesidad de ganarse a la población y ponerla del lado de un proyecto desde la fase de exploración. Aquí claramente la responsabilidad recae en las empresas, ya que si el interesado no toma la iniciativa de acercarse a las comunidades, porque está esperando que el Estado cumpla con su función (lo cual nunca ha hecho), sin duda alguna los yacimientos se quedarán en el subsuelo. Hay que aprender de los proyectos que sí se desarrollaron exitosamente --caso Antamina-- y copiar la lección. Más aun, estamos en una situación inusual para el Perú con más de media docena de proyectos de talla mundial listos para iniciarse, esperando una decisión, pero a la fecha no hay ni uno en ejecución. La minería es la espina dorsal de nuestra exportación por lo que haría bien el Gobierno en buscarse un facilitador para asegurar que se concreten los potenciales 12 mil millones de dólares en inversión.
La otra reacción exagerada fue con la inflación. Es contraproducente para un presidente que tiene, por así decirlo, prontuario inflacionario en su pasado salir a dictar medidas de emergencia ante una alza en algunos precios, ya que solo prende el fuego de la expectativa inflacionaria en la población. Aquí tampoco debemos salirnos del contexto, la inflación va camino a tocar un tope de 3% al año, hace veinte años los precios aumentaban eso antes del almuerzo. Pero si cada vez que sube el pan, el pollo o la gasolina el Gobierno va a decretar aumentos de sueldos en el sector privado y también incrementar el gasto público, dentro de poco tendremos una economía llena de distorsiones y al fisco totalmente quebrado. Incluso al BCR que silenciosamente se habría retirado del mercado cambiario para que el sol se aprecie y con ello enfriar expectativas de inflación, el anuncio le debe haber cancelado el impacto de un par de centavos de reevaluación. Cuando las cosas van bien lo único que hay que hacer es afinar la máquina para asegurar que se mantenga la marcha. Lamentablemente algunos siguen acostumbrados a tener que intervenir aunque no haga falta.