LA SEMANA QUE PASÓ
Las revisiones técnicas no han ido de la mano de un plan de reparación de pistas y de educación vial
Por Pedro Ortiz Bisso
Entre las muchas contradicciones que nutren nuestro querido país está la arraigada costumbre de exigir un servicio o alguna obligación exponiendo centenares de motivos que hacen indispensable su existencia. Y luego, cuando se concede lo solicitado, se critica con igual o más virulencia.
Parte de esta suerte de esqui-zofrenia colectiva no se alimenta de algún extraño virus de insatisfacción, sino de la falta de prolijidad de ciertas autoridades, cuyas actitudes apuradas suelen arruinar aquello que pudo haber sido recibido como una excelente decisión.
Apenas la Municipalidad de Lima anunció la reanudación de las revisiones técnicas vehiculares, una recatafila de críticas cayó sobre el teniente alcalde Marco Parra, quien nuevamente tuvo que poner el pecho ya que del alcalde Castañeda no se vio ni su sombra.
Por años se ha culpado a la desaparición de las revisiones técnicas de los males que aquejan al transporte urbano. En cada vehículo destartalado que se pasea desparramando humo por las calles se ha señalado la causa del desorden en el tránsito, la contaminación sofocante y los múltiples accidentes que ocurren a diario. Sin embargo, la decisión de la comuna metropolitana ha sido recibida con más dudas que certezas. ¿Otro ejemplo de mezquindad pura?
Si hay un culpable de esta reacción adversa es la municipalidad. El inicio ha sido abrupto y desordenado. Tal parece que la empresa concesionaria no estaba preparada para afrontar el encargo con tanta prontitud, persiste la controversia legal que tiene con un ex socio, y tanto Indecopi como algunos especialistas han puesto reparos sobre la prestación monopólica del servicio.
El proceso tampoco ha ido de la mano de un plan de reparación de las principales avenidas de la ciudad --más allá del anuncio del presidente ante la próxima realización de la cumbre del APEC--, así como de una campaña de educación vial, ya que, como indican las propias estadísticas oficiales, gran parte de la culpa de los accidentes de tránsito no la tienen los vehículos en mal estado sino los choferes ebrios y los peatones imprudentes.
Si hay algo que como habitantes de Lima debemos exigir es que los problemas de la ciudad se miren en conjunto. Los parches solo sirven temporalmente. Siempre terminan por descoserse.