MUNDO

143 días sin rastros de Maddy

Recuento del caso

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Por Silvia Mendoza Martínez

¿Cómo se encuentra a una niña desaparecida? Es una pregunta difícil de responder, sobre todo después del caso de Madeleine McCann, que demuestra que ni la cobertura mediática mundial ni la millonaria recompensa que se ofrece bastaron para ver el regreso de la pequeña de tiernos ojos azules que cumplió 4 años el pasado 12 de mayo y que hasta hoy sigue con paradero desconocido.

Una cena amical, en la que participaron los esposos McCann, marcó su destino. Con los padres ausentes, la niña dormía plácidamente hasta que 'alguien' la sacó de su ensueño, tal vez para siempre. Desde la noche de ese 3 de mayo han transcurrido 143 días, un par de intentos de estafa, varios avistamientos falsos y un sinnúmero de teorías que han alimentado las crónicas policiales con relatos que detallan desde un supuesto secuestro hasta una muerte accidental.

La conmoción pública comenzó dos días después de su desaparición, cuando la policía manejaba la teoría del rapto por razones económicas o sexuales. Conocida la noticia, los medios de comunicación se enamoraron de la niña rubia que sonreía a la cámara fotográfica con naturalidad y que había desaparecido misteriosamente del departamento en que pasaba las vacaciones de verano, en el sur de Portugal, junto con sus padres y sus hermanos gemelos. La respuesta del público fue inmediata y unísona: salvemos a Maddy.

Entonces el caso tomó dimensiones internacionales y desde todos los rincones del mundo llegó la solidaridad hacia los esposos Gerry y Kate McCann, quienes superando su dolor emprendieron una campaña mediática con un pragmatismo que hizo honor a la flema inglesa. Apesadumbrados, pero enteros, Gerry y Kate aparecieron en cuanto medio de comunicación los requirió para contar la historia de la desaparición de su "encantadora y amada" hija. Además decidieron manejar su tragedia con 'profesionalismo' desde el principio: contrataron a un especialista en medios para gestionar la cobertura periodística y crearon un fondo para recolectar donaciones.

Todo ello no rindió los frutos esperados, pues no se obtuvo una pista certera que conduzca a encontrar a la niña, pero sí convirtió a Maddy en la niña más conocida del mundo y a sus padres en 'estrellas' mediáticas que, al igual que las de Hollywood, vieron cómo sus vidas eran escrutadas al milímetro.

Así se alimentó el antagonismo que ha marcado el derrotero del caso. De un lado, los esposos McCann, apoyados por los medios británicos, lanzando pullas a la policía portuguesa por supuestas deficiencias en la investigación. Del otro, los medios lusos que fueron los primeros en sembrar dudas sobre la pareja de médicos al destacar las incoherencias en los testimonios de sus acompañantes la noche de ese fatídico jueves.

Los bandos se dieron un respiro al formalizarse las sospechas sobre Robert Murat. Sin embargo, los interrogatorios y requisas a la casa de este británico de 33 años no sumaron información significativa. Mientras tanto, los McCann iniciaron un periplo internacional que los llevó incluso a entrevistarse con el papa Benedicto XVI.

Tras el primer mes de la desaparición de Maddy, la tensión fue creciendo, así como el fondo para financiar su búsqueda y el pago del rescate, al que aportaron personajes como el futbolista David Beckham, la autora de la famosa saga "Harry Potter", J. K. Rowling, y el empresario Richard Branson, dueño de la discográfica Virgin. Según algunos diarios británicos, el monto recaudado supera los siete millones de dólares.

ESPERANZAS PERDIDAS
La millonaria recompensa ofrecida por algún dato que lleve al rescate de la niña fue solicitada en dos oportunidades. Con una insania inverosímil, un hombre y una pareja, en Argentina y España respectivamente, dijeron falsamente saber dónde estaba Maddy. Pero cuando se creía que nada peor podía suceder, apareció en Holanda una carta anónima que indicaba el lugar en que se encontraría su cuerpo. Los investigadores lusos tomaron nota e iniciaron las pesquisas, pero no hallaron nada.

Sin embargo, el detalle significativo de buscar un cadáver fue otro de los puntos álgidos, pues los McCann insisten en que su hija está viva. En contraposición, la policía lusa, al ir decantando sus indagaciones, comenzaba a inclinarse por la hipótesis más sombría: la niña estaría muerta.

Los antagonismos se avivaron y los diarios lusos y británicos volvieron a descargar su artillería, usando como armas la falta de pistas y la pulcra omnipresencia de Gerry y Kate en los medios. Los primeros tildaron a los McCann de insensibles y hasta pusieron en tela de juicio su moralidad al afirmar que participaban en fiestas de intercambio sexual de parejas, conocidas como 'swingers'. La respuesta británica incluyó calificativos como incapaces o burócratas contra el equipo que investiga el caso, compuesto por más de mil agentes y cien voluntarios.

El mes de julio concluyó sin noticias alentadoras. Al acercarse el día 100 de la desaparición, surgió la prueba crítica que desencadenaría el giro de 180 grados que dio la investigación. Perros entrenados traídos desde Inglaterra encontraron rastros de sangre en el departamento que alquilaban los McCann en la localidad de Praia da Luz.

La ayuda británica, lejos de acelerar la localización de la niña y alejar el halo de sospecha que tejían los medios lusos sobre los padres de Maddy (acción que tuvo la decidida 'contribución' de la policía que fue una verdadera coladera de datos para la prensa sensacionalista), reforzó la teoría que daba por muerta a la niña y peor aun, involucraba directamente a su entorno en su desaparición.

DUDAS QUE MATAN
Los diarios lusos, reivindicados por las nuevas pruebas, acusaron a los McCann sin medias tintas, pese a que las autoridades no aceptaban formalmente que sus sospechas se dirigían hacia Gerry y Kate.

Las especulaciones de la prensa apuntaron a una jeringa con sedantes que la policía habría encontrado en la habitación de la pareja. Sin más pruebas aseguraron que la mujer habría sedado a sus hijos para poder ir a cenar con sus amigos, lo que causó por error la muerte de su hija mayor. La prueba circunstancial, alegaron, era que los gemelos no despertaron de su profundo sueño aun después del alboroto que se produjo cuando se descubrió la desaparición de Maddy. Los McCann reaccionaron con furia, amenazando con enjuiciar por difamación a un diario portugués.

Lamentablemente, los análisis de los rastros de sangre hallados en el Renault Scenic alquilado por la pareja 25 días después de que Maddy desapareció y el olor a cadáver detectado por los perros rastreadores en las prendas de Kate habrían movido la balanza a favor del rotativo "Tal & Qual".

Aunque el portavoz policial Olegario de Souza desmintió que los resultados de los análisis realizados por un laboratorio de Birmingham fueran concluyentes, es un hecho que los investigadores usaron los datos forenses para dirigir sus sospechas a los McCann.

Pero si las sospechas de la policía lusa restaron adeptos a los padres de Maddy, su viaje al Reino Unido a menos de 48 horas de ser declarados "argidos" (procesados) terminó de mermar su imagen. Sobre todo porque la portavoz Justine McGuinnes leyó un comunicado en el que la pareja aseguró que permanecería en Portugal para buscar a su hija y probar su inocencia. Sin embargo, se embarcaron en un vuelo privado que los llevó hasta la ciudad de Rothley. Viaje VIP que los medios cuestionaron por ser impropio de una familia que atraviesa por una tragedia.

Más cuestionada aun fue la decisión de contratar a dos importantes abogados ingleses: Michael Caplan, un experto que exhibe en su foja de servicios haber librado al dictador chileno Augusto Pinochet del pedido de extradición de España mientras estaba detenido en Londres; y Angus McBride, un abogado criminalista experto en defender a famosos.

Aunque la policía portuguesa desestimó un nuevo interrogatorio a los McCann, los elementos que siembran las sospechas han seguido apareciendo en los últimos días. El más reciente fue la publicación en el diario "The Times" de los resultados del análisis hecho a un cabello de Maddy, que demostrarían que la niña era sedada con frecuencia y que reforzarían la teoría de la muerte accidental por una sobredosis de calmantes. También suma en contra de Kate un supuesto diario en que relataría sus problemas para disciplinar a sus "histéricos" hijos y el agotador "exceso de vitalidad" de Madeleine.

Pese al tiempo transcurrido, la energía y recursos invertidos, el Caso Maddy sigue teniendo más preguntas que respuestas, más especulaciones que certezas. Todo esto, por desgracia, solo contribuye a alejar la posibilidad de encontrar a la niña más buscada del mundo.

La culpa que cargan los McCann
Pese a la frenética cobertura mediática que recibió la desaparición de Madeleine McCann, poco o nada se ha dicho acerca de los sentimientos experimentados por sus padres en los 143 días transcurridos desde su desaparición. Tiempo en el que Gerry y Kate pasaron de víctimas a victimarios para la policía portuguesa y parte de la opinión pública.

Lejos de las especulaciones de la prensa, lo único irrefutable respecto a la pareja es que tanto la hipótesis de su inocencia como la de su culpabilidad no están del todo probadas. Por eso pedimos al psiquiatra Pedro Morales que infiera el escenario psicológico de Gerry y Kate McCann en ambas teorías.

Suponiendo que las sospechas de los detectives lusos son infundadas, Morales considera que los McCann cargarían con un enorme sentimiento de culpa tanto por la desaparición de Maddy como por la sensación de que no cuidaron bien de la niña. Sobre todo si asumimos como ciertos los comentarios negativos escritos por Kate en su diario. "La culpa se incrementa más cuando en los padres ha habido sentimientos hostiles hacia la niña. Si estos sentimientos han existido, el escenario interior que puede estar ocurriendo en estas personas es de una inmensa culpa, que pudiera llevar a que hagan esfuerzos sobrehumanos (para encontrarla)", agrega.

Por el contrario, si partimos de la hipótesis de que la pareja es responsable de la muerte accidental de su hija, el psiquiatra comenta que la determinación mostrada por los McCann para 'encontrar' a Maddy respondería a una "necesidad de expiar la culpa" de tan horrendo crimen.

Además considera que los McCann solo van "a estar satisfechos cuando expíen el crimen. Por eso puede ser que eventualmente dejen algún indicio que los descubra, esta es la forma en que la mente se las ingenia para cumplir una penitencia".

Respecto al futuro de la familia McCann, el especialista comenta que la tragedia de Maddy atrapará a la pareja por el resto de sus vidas, "puede ser incluso que respecto a sus otros hijos se porten exageradamente protectores, pero también hay la posibilidad --lo que denunciaría a una pareja psicopática-- de que pase lo mismo con Sean y Amelie".